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¿Derecho a la huelga vs derecho al estudio?

junio 17, 2013

Columna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

Profesores y profesoras de diferentes institutos de educación superior del país vienen realizando diferentes acciones y movilizaciones para exigir dignas condiciones laborales. La primera de ellas es un aumento de salarios, debido a que las retribuciones económicas por su trabajo han venido perdiendo, en los últimos años, capacidad adquisitiva hasta llegar a niveles irrisorios. Como han venido denunciando los diferentes gremios, a manera de ejemplo, un profesor  docente titular debe tener 15 años de servicios, como mínimo, en labores de docencia, investigación y/o extensión universitaria, así como haber presentado 4 trabajos de ascenso, y poseer títulos de maestría y/o doctorado, entre otros requerimientos, para devengar la suma de 2.018 bolívares mensuales. Además de los incrementos salarios, la tabla de reivindicaciones incluyen aumentos para los montos destinados para extensión, investigación y en general, la revisión y actualización del presupuesto otorgado a las universidades. Algunos gremios estudiantiles han pedido, además, revisión de los montos de becas y providencias.

Aunque parezca paradójico la respuesta gubernamental ha sido la de siempre: relativizar las demandas de los universitarios e universitarias y criminalizar sus formas de lucha. Es tanta la repetición de los argumentos del pasado que también se aduce la supuesta violación del derecho a la educación de los y las estudiantes.

Generalmente cuando se ha producido una huelga de educadores en cualquier nivel educativo se genera la polémica sobre la supuesta colisión del derecho a la huelga y el derecho al estudio. Durante décadas los gobiernos de turno se han empeñado en negar el derecho a la huelga en el sector educación. En ese mismo lapso, las organizaciones gremiales se propusieron reivindicar en teoría y realidad el derecho que les asiste de ejercer la huelga como recurso extremo para obtener reivindicaciones que por vía conciliatoria no les fue posible.
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Entrevista de Lima Enferma a este servidor sobre fanzines

junio 13, 2013

Y para contrapuntear la entrevista del post anterior, los panas de Lima Enferma me entrevistaron sobre Exilio Interior y otras yerbas…

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Entrevista con el editor del fanzine “Lima Enferma”, Perú

junio 13, 2013
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Reseña: Cruel Hand en Lima

junio 11, 2013

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Siendo mi segunda vez en Lima, como la vez anterior, tenía toda la intención de ver lo que la cartelera musical ofreciera. Y no siendo el tipo de hardcore que precisamente más me gusta, siempre me he topado con fechas organizadas por el hardcore más new york – straight edge, que es bien activo en Lima. Esta vez era por la visita de la banda de Maine Cruel Hand, en su primera visita por América Latina.

Después de un buen rato en el bar de Lucho, del que ya contaré, nos fuimos al concierto en Miraflores, con una entrada un poco más cara que lo normal, entendible si había que aportarle algo a los gringos. Llegamos tarde a “El Local”, un espacio cultural que alquilan para conciertos pequeños, en una de las zonas turísticas de la capital peruana. Ya habían tocado dos bandas, así que sólo pudimos ver a Conflicto Urbano, Alhambre y a los propios Cruel Hand.

Mi concierto anterior fuera del país había sido en un evento organizado por el colectivo Verdurada de Sao Paulo en donde la pasé endemoniadamente bien. Excelente ambiente, mucha actitud y la gente con ganas de pasarla bien. Y siendo cultores de una vida sana, vegetarianismo y cero drogas, esperaba encontrar algo de esto en el concierto de los Cruel Hand, pero para mi sorpresa, además de la mesa de venta de chelas (impensable en un Verdurada), sólo los Cruel Hand tenían merchandising a la venta. Me quedé con las ganas de pillar algo de material de la gente peruana. Incluso había llevado algunos zines para cambiar que se mantuvieron todo el tiempo en el bolsillo de mi chaqueta.

El concierto bien, el sonido aceptable para un lugar pequeño de cero acústica, y no hubo ningún incidente entre la gente, cosa que siempre resaltaré debido a la cantidad de gente estúpida que hay en Venezuela que sólo van a los conciertos a buscar pelea. En general la gente se conocía, aunque la asistencia creo que en ningún momento llegó a las 100 personas. No conocía a ninguna de las bandas, por lo que me es difícil comentar el tipo de música que hacían. Me llamó la atención los cambios de velocidad en Cruel Hand, y el hecho de que uno de sus guitarras llevara un gran parche de los Beatles en su chaqueta, ¡ja!

La pasé bien, aunque extrañé más interacción entre las bandas y la gente, lo que se acostumbraba en la vieja escuela. Aunque respeto mucho a la escena peruana, las bandas locales esa noche estaban muy autoreferenciales para mi gusto “tenemos tantos años y no nos hemos vendido, seguimos aqui”, etc.

Los conciertos en Lima comienzan puntualmente. Así que a la 1, creo, ya había acabado todo. Caminamos a casa de Lucho bajo 17 grados de temperatura, que para un venezolano es frio. Mucha gente en la calle, disfrutando la ciudad a esa hora, algunos apenas empezando la parranda. Para mí, después de un largo día, terminaba.

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Conflicto Urbano

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Conflicto Urbano

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Alhambre

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Alhambre

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Cruel Hand

 

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Coherencia y derechos humanos

junio 10, 2013

Columna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

Recientemente se han aprobado dos marcos jurídicos que formalmente aumentan las garantías para el respeto de los derechos humanos en Venezuela. Se trata, en primer lugar, de la “Ley especial para prevenir y sancionar la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes”. En segundo término de la “Ley de Control de Armas, Municiones y Desarme”. Como Provea ha reconocido en los últimos años, el Ejecutivo Nacional ha venido promoviendo una serie de normativas progresivas en materia de derechos humanos, las cuales sintonizan con los estándares internacionales en la materia. La propia Constitución de 1999, ampliamente garantista en materia de derechos sociales, contó con la activa participación de miembros de las organizaciones de derechos humanos, en calidad de asambleístas, quienes aportaron toda la experticia acumulada en la materia. Sin embargo, como también hemos apuntado, el reto ha sido convertir estas normativas en realidad. Y esta situación no escapa a los dos articulados recientes.

Si bien hay que esperar el texto definitivo de la llamada Ley contra la Tortura a ser publicada en la Gaceta Oficial, la propuesta pública tipificaba correctamente lo que significaba “tortura”, “trato cruel” y “trato inhumano y degradante”. La propuesta apuntaba que tortura era “Actos por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”. Por su parte define que “trato cruel” es: “Actos bajo los cuales se agreda o maltrate intencionalmente a una persona, sometida o no a privación de libertad, con la finalidad de castigar o quebrantar la resistencia física o moral de ésta, generando sufrimiento o daño físico”. Por último establece que “trato inhumano o degradante” es “actos bajo los cuales se agreda psicológicamente a otra persona, sometida o no a privación de libertad, ocasionándole temor, angustia, humillación; realice un grave ataque contra su dignidad, con la finalidad de castigar o quebrantar su voluntad o resistencia moral”. Para los delitos de tortura se tipificaba penas de 13 a 23 años, para el delito de trato cruel 13 a 23 años. Los funcionarios que encubran estas situaciones pueden ser penalizados con penas de 8 a 12 años de prisión. Los falsos informes médicos, que intenten negar la realización de torturas o tratos crueles, penas de 4 a 6 años de prisión. La debida y correcta aplicación de esta legislación parece poner límites a la actuación irregular de los cuerpos de seguridad en materia de derecho a la integridad personal.

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Resistencia a la imposición burocratizada

junio 10, 2013

rafael uzcateguiRafael Uzcátegui

El 28 de mayo de 2007 comenzó a emitir la denominada “Televisión Venezolana Social” (TVES) en la frecuencia de señal abierta correspondiente al Canal 2, la misma que había utilizado desde 1953 Radio Caracas Televisión (RCTV), hasta el final de su concesión. Los expertos en comunicación estimaban que por costumbre, tradición o curiosidad, en su primera quincena de arranque TVES conservaría por lo menos un tercio de la sintonía del canal del león, un 12%, lo que constituiría su base de rating para la programación. Sin embargo esto no pasó, y hasta hoy, TVES no ha superado el 2% de sintonía. Una explicación es que conscientemente, amplios sectores de la población, especialmente de ese sector popular que mantenía arriba a RCTV con el 36%, hoy se niegan a ver TVES. Al reducir el canal de Bárcenas exclusivamente a su dimensión ideológica, el Ejecutivo obvió las consecuencias de eliminar un canal de televisión, que guste o no, había construido parte del imaginario cultural de la Venezuela contemporánea. Por ello la gente de los sectores populares sintió que, por primera vez, el gobierno de Hugo Chávez no les daba (expectativas, reconocimiento, retribuciones materiales…)  sino que les quitaba algo. La respuesta no fue acompañar las protestas de clase media por el cierre del canal, sino sencillamente negarse a sintonizar ese medio que usurpaba aquello que alguna vez les fue cercano.

De esta manera el denominado “chavismo popular”, que no está en las instituciones y no pertenece a partidos políticos, se revela como un actor mucho más complejo que sus simplificaciones, y que constantemente mantenía con el liderazgo carismático de Hugo Chávez una relación más de transacción que de subordinación. Dos hechos electorales reforzarían esta hipótesis: no haber votado por la reforma constitucional de 2007 y parcialmente, de 800 mil votos hablamos, haber desobedecido la orden póstuma de sufragar por Nicolás Maduro. Agregamos más. A pesar de haber apoyado y reconocido el liderazgo del zurdo de Sabaneta, el chavismo popular se oponía, consciente o inconscientemente, a su proyecto autoritario “con la mitad de cada uno de sus gestos cotidianos”, parafraseando la explicación de Castoriadis sobre la resistencia bajo los socialismos burocratizados. Cualquiera que haya estado cerca de los organismos del llamado “poder popular” con los que se ha intentado estatizar la vida cotidiana sabe que la indisciplina, el llegar tarde, el comprometerse y no cumplir ciertas tareas, entre otros aspectos del sabotaje desde adentro, es la norma y no la excepción, que los termina estrangulándonos a corto plazo, lo que el funcionario de turno cataloga como “falta de conciencia revolucionaria”. Cualquier iniciativa que pretenda catalizar la implosión de la hegemonía política bolivariana debe comprender, en toda su densidad, motivaciones, anhelos y aspiraciones de ese grueso sector de la población que apostó por la figura de Hugo Rafael Chávez Frías. @fanzinero

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Organizar redes antiautoritarias

junio 4, 2013

Rafael Uzcátegui

No solamente ha fracasado la estrategia de la toma de poder estatal para promover cambios estructurales, sino también el tipo de organizaciones que la hacen posible. El modelo clásico es la llamada “acumulación de fuerzas” mediante el crecimiento cuantitativo de partidos políticos edificados bajo el modelo vertical leninista, el partido “revolucionario” dirigido por un puñado de personas que “desde afuera” inyectan conciencia a las “masas oprimidas” y las conducen a la dictadura del proletariado, o su metáfora moderna, el poder popular. En los últimos años, han surgido modos de organización que intentan, desde el comienzo, funcionar de una manera horizontal y democrática, con valores libertarios. Una de ellas es “la red”, forma de organización privilegiada en los últimos años, desde que la “Batalla de Seattle”, en noviembre de 1999, sorprendió al mundo al sabotear la cumbre de la Organización de Libre Comercio (OMC). Potenciadas por las nuevas tecnologías, muchos de los movimientos más inspiradores de los últimos años han sido organizados como redes. Y si necesitamos más señas de identidad cercanas, tenemos que el Frente de Liberación Animal (ALF) y grupos ecoanarquistas como Earth First! también han sido redes. Si las redes han sido, desde su génesis,  cercanas al movimiento anarquista es porque toman del ideario libertario valores y conceptos, como el “grupo de afinidad” como unidad primaria de funcionamiento, o el distribuir las capacidades de hacer y proponer lo más ampliamente posible.

Hay que aclarar que existen diferentes tipos de redes, básicamente, tres modelos: Red Cadena Red Descentralizada y Red Distribuida. La red cadena es como la de un traficante de drogas, donde la información se mueve a través de una línea de contactos separados y donde la comunicación de principio a fin debe viajar a través de puntos intermedios. En la Red Descentralizada la comunicación se dirige, a través de puntos intermedios hacia un centro, que es la dirección de la red. El chavismo, por ejemplo, era una red descentralizada, pues todas las iniciativas dependían y se dirigían hacia la figura de su líder. El tercer tipo de red es el más interesante: La Red Distribuida, también llamada “Todo canal”, donde todos los puntos de la red están conectados con todos, y no existe un centro. En estas redes nadie depende de nadie en exclusiva para poder alcanzar a otro con su mensaje: No hay filtros únicos. Lo que define a una red distribuida es que todo elemento que la integra, sea una persona o un colectivo, decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad para decidir sobre cualquiera de los demás integrantes. Toda red distribuida es una red de iguales, aunque haya puntos más conectados que otros.

Las redes, como otras formas de la organización, son unidas por los relatos o historias que sus integrantes cuentan. Las historias expresan un sentido de la identidad y su aceptación -quienes somos, por qué nos hemos juntado, de dónde venimos, y lo que nos hace diferente de “ellos”-. En segundo lugar, las historias comunican el sentido de la causa, el propósito y la misión – en que creemos, qué vamos a llevar a cabo y cómo-.

Un primer elemento debería caracterizar una red antiautoritaria como una red distribuida: Su sistema de decisiones no es binario: “sí” o “no”. Por el contrario es “en mayor o menor medida”. Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Esto haría imposible que la mayoría decida sobre la minoría cuando se producen diferencias de opinión. La toma de decisiones y las operaciones, por tanto, son descentralizadas, teniendo en cuenta la iniciativa y la autonomía de cada uno de los integrantes de la red.

Un segundo elemento es que una red “todo canal” supone una densa y vasta comunicación. En una red “descentralizada” como la bolivariana, Chávez ordenaba y los demás ejecutaban. No hay posibilidades de disentir del centro, a menos que se quiera ser excluido. En la red antiautoritaria la comunicación constante entre todos y todas no sólo da la sensación que la red existe y está en funcionamiento, sino que permite que esté en permanente reconfiguración, acercando entre sí las partes más afines de acuerdo a los intereses de cada una. Si bien internet facilita la comunicación no es, ni debería ser, la única forma de interrelación. Los encuentros “cara a cara” son tan o más importantes para reconocerse y reforzar el sentido de pertenecer a una comunidad.

En tercer lugar en las redes no existe “dirección” en el sentido tradicional y en su interior surgen grupos o personas cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la propia red. Son grupos preocupados en proponer acciones comunes y facilitarlas. Sin embargo no pueden tomar decisiones por todas y todos, pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores que aglutinan la red o parte de ella, a la hora de proponer acciones comunes.

Por último tenemos la “afinidad”. El funcionamiento de la red depende de que tan bien, y de que maneras, los miembros se conocen personalmente y están relacionados con los otros y otras. Los lazos personales fuertes, basados en la amistad y las experiencias comunes, aseguran mayor confianza y lealtad que los modelos jerárquicos, como los partidos. Para funcionar bien, las redes necesitan el mayor alto grado de confianza interpersonal entre sus integrantes.

Organicemos una, dos y muchas redes antiautoritarias para el cambio. Es más democrático, asambleario, libertario… ¡y mucho menos aburrido que rígida disciplina partidista!.

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