La carta escrita por el ministro de cultura venezolano, en dónde “reflexiona” sobre el caso de Fabiola Colmenarez, dice bastante no sólo del personaje, sino del momento que vivimos en Venezuela. Resumo para despabilados. Una actriz de telenovelas, de un canal privado (el 4, Venevisión), denuncia que fue despedida debido a su participación en eventos políticos en contra del gobierno. El canal, que abiertamente ha realizado un pacto de “no agresión” con el tren ejecutivo, y que pertenece a Gustavo Cisneros para más señas, dice que su contrato ha sido rescindido por otras razones. El asunto es noticia, y ocupa la galería informativa por varios días, con la foto e imagen de la chica en primera plana. La actriz había desempeñado un papel en la película “Miranda” producida por La Villa del Cine, organo del Estado, la cual depende del Ministerio de Cultura. Y ante este detalle, el primer funcionario de la cartera “siente” que debe dar su opinión, y califica, entre otros deslices, a la joven como “personaje menor del fascismo criollo”.
Farruco Sesto comienza su carta, publicada en el sitio web del ministerio (http://www.ministeriodelacultura.gob.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=1124&Itemid=1), afirmando que antes se practicaba la censura y la discriminación en las políticas culturales del Estado, pero que ahora, con un gobierno revolucionario en el poder “destaca un extraordinario espíritu de inclusión, como nunca se había dado en nuestro país”.
En un inolvidable giro semántico, apenas dos parrafos más adelante, Sesto argumenta la necesidad de un apartheid cultural contra los “pequeños soldados oposicionistas de la guerra mediática”. Seguidamente, en un intento de no ser tan evidente, el funcionario afirma, tras haber puesto sus cartas sobre la mesa, que el “pueblo” será quien tenga la última palabra, no sin rematar su escrito, para que no queden dudas de la naturaleza del “debate popular” al que Farruco invita, que sus espacios, “los espacios del pueblo”, no serían usados “para atacar al proceso revolucionario”.
Lo anterior es, hay que repetirlo tantas veces como sea necesario, la lógica de la llamada “Lista Tascón”, en la que miles de personas han sido despedidas o no contratadas para cargos para los cuales tenian credenciales, por discrepar del proyecto político representado por el presidente de la República. No importa si una persona cumple sus obligaciones laborales, para los cuales se supone que existe supervisión. Si piensa diferente y tiene la osadía de expresarlo, “ataca” al proceso, quien según la lógica, le está pagando sus quince y últimos. ¿Solución? Contratar a alguien que, a pesar de no tener la preparación adecuada, ofrezca una fidelidad al gobierno a prueba de balas. Además de la violación al derecho humano de la no discriminación, lo anterior suma puntos al de por si alto average de la ineficacia gubernamental. Ahora mismo estoy investigando sobre la situación de la vivienda en Venezuela, y un altísimo porcentaje de las denuncias sobre irregularidades en construcción de casas señala a consejos comunales y comites de tierra urbana, con mucho frenesí por el presidente, pero poco conocimiento de qué hacer con el aluvión de recursos recibidos para edificar viviendas.
Volvamos a Sesto. Estoy seguro que una buena parte de las cosas que se afirman sobre “la oposición” son ciertas, y que hay sobradas razones para atesorar resentimiento contra lo que se conoce como “puntofijismo”. Pero precisamente alguien se denomina a si mismo “revolucionario” para romper con los patrones de lo anterior, para ser diferente, para instaurar practicas diferentes en lo concreto y lo cotidiano. Ya no son las grandes palabras las que definen nuevas situaciones, sino posicionarse ante los detalles. Esto es lo que pienso hace la diferencia. Por eso no hay que callar, y dejar sentado nuestra repulsa a las injusticias vengan de donde vengan, testimoniando los hechos para no relegarlos al olvido.
Aquellos que seguimos haciendo cultura sin solapar el disenso, elevaremos en un futuro el papagayo de la creatividad pudiendonos mirar a los ojos con honestidad. Tristes seres los que por un subsidio o por un beneficio temporal se han abandonado a si mismos, enfundándose en la homogeneidad de la “masa” popular, esa misma que, con indisimulada soberbia, los Sestos del régimen piensan que calzan como un guante con las diatribas de arriba. Triste aborto de una potencialidad. El burócrata ha condenado a las peliculas de su villa a ser realizadas por verdaderos actores, esos que tendrán que esconder tras gestos y diálogos, su condición de mansedumbre servil.
Creo que en un detalle me he equivocado. Sí existe una diferencia entre la cultura “bolivariana” y la de la democracia adeca y copeyana. La exclusión no se disfraza. Al contrario, se muestra orgullosa los cuatro vientos como trofeo por los nuevos dominadores.











