
Abajo los muros de las prisiones
Marzo 19, 2008La primera vez que supe de Marcelo era con la llegada de las primeras noticias acerca de Kamina Libre (KL), un colectivo de presos que se reivindicaba como anarquistas dentro de las mazmorras chilenas. KL comenzó a ganar espacio y notoriedad dentro del circuito de Cruz Negras del mundo, y desde adentro, enviaban bastantes escritos y comunicados acerca del origen de sus integrantes, de la otra historia de la concertación en el país austral, de gente que comenzó a hacerse preguntas dentro de prisión, y en sus disquisiciones, comenzaron a acercarse al pensamiento antiautoritario. El año 2004, al ser invitado al ensayo de una banda de punk anarquista en Santiago de Chile, dentro de la diminuta sala estaba un largo y desgarbado adolescente, de mirada casi taciturna. Allí conocí personalmente a Marcelo, quien era –como yo-un entusiasta escucha de la música acelerada y chicharreante, y había salido en libertad recientemente. Conversamos poco, y me marche a patear la noche santiaguina con la impresión de una persona inteligente y humilde –doblemente inteligente- quien me había expresado sobremanera su gratitud por las notas publicadas en los periódicos libertarios de Venezuela sobre su caso. Un par de días después, en una fugaz visita a una de las casas ocupadas del centro de la ciudad, estaba Marcelo tomando la palabra en una asamblea que preparaba una manifestación –si mal no recuerdo- por los presos políticos mapuches. Me sorprendí gratamente. Su discurso demostraba profundidad y claridad ideológica. Tenía que marcharme, me despedí de la asamblea y le estreché la mano esperando que nos viéramos otro día. La vuelta a casa me pilló primero.
Hoy Marcelo está detenido en Buenos Aires, esperando una extradición a Chile. Lo acusan de haber participado en el asalto a un banco, en cuya refriega salió un carabinero muerto. La ciudad de las grandes alamedas lo espera con una sentencia de cadena perpetua, y una amplia campaña mediática que culpa a los “radicales” el rompimiento del “consenso” democrático post-pinochetista.
Cuidate Marcelo a donde quiera que te lleve la fortuna. De nuestra parte nos queda hacer del vocablo solidaridad algo más que una palabra. Abajo los muros de las prisiones. Libertad para Marcelo Villarroel.

Aca tambien tenemos el caso de Johan Castillo, militante de una organizacion chavista llamada PATRIA JOVEN. Fue implicado en un presunto secuestro en la ciudad de Merida y posteriormente secuestrado, torturado y encarcelado. sus compañeros debieron realizar una huelga de hambre para que los tribunales de Lara accedieran a otorgarle el permiso al hospital para practicarsele examenes medicos y rehabilitación en sus brazos que habian sufrido las secuelas de la tortura.
Desde la prisión nos envia su libro: En Resistencia…Misivas Necesarias, alli narra sus experiencias en la carcel, propone un cuerpo de reivindicaciones para los penados y procesados y publica ademas algunos poemas de su autoría llenos de ternura y esperanza.
Entre las paginas escritas Johan alza su voz y nos pregunta, o se pregunta a sí mismo:
¿Por qué se tortura en pleno proceso revolucionario???
(Muchos sabemos que NO SÖLO se tortura, tambien se asesina, se desaparece, se aterroriza… abierta e impunemente).
Qizas la respuesta esté en la cita de Berthol Brecht que el propio Johan nos regala apenas comenzamos a leer En Resistencia:
“Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio”