Uno las escucha conversar y piensa “hablan sabroso”. A las mujeres del Consejo Comunal “Nuestro esfuerzo”, ubicado en Mariara estado Carabobo, les brillan los ojos cuando hablan de cómo han aprendido a mezclar cemento, levantar paredes y pegar pocetas al erigir, por autoconstrucción, cada una de las ciento y pico de viviendas proyectadas para el sector. Descubrieron, de repente, la capacidad creadora de sus manos encalladas tras años de pobreza y exclusión. Y se enorgullecen de contarlo: “Ya no somos las de antes, ahora si queremos podemos”. Esta comunidad es una de las 12 seleccionadas por Pequiven para las primeras experiencias de las “Petrocasas”, programa bandera del ejecutivo nacional para paliar el agudo déficit de viviendas.
A 15 minutos de allí, en Guacara, se inauguró en marzo pasado el conjunto piloto del proyecto: La Comunidad Socialista La Coromoto, la cual ha beneficiado a 458 familias. Y sin duda, como la califican sus vecinas, es la “madre del proyecto”, contando ya con canchas deportivas, ambulatorio, biblioteca e iglesia, así como un Mercal y Simoncito en construcción; servicios que la certifican como un urbanismo con servicios que complementan el hábitat de las viviendas, elevando la calidad de vida de sus moradores. Los anuncios presidenciales estiman que el norte de Petrocasa es la fabricación de 80.000 casas anuales, meta que si se cumple ayudaría a levantar el débil músculo gubernamental en la materia. Ante las altas expectativas generadas por el discurso bolivariano, la deuda social en el sector ha continuado acumulándose. Estimaciones de la ONU para nuestro país han estimado que la falta de vivienda afecta a 13 millones de venezolanos y venezolanas.
Ante la ausencia de un techo propio, tercer problema para los nuestros, la posibilidad de expandir un proyecto de construcción de casas a bajo costo -aproximadamente 40.000 Bs la unidad- constituye la esperanza para que millones de personas excluidas disfruten de su derecho a la vivienda. Pero un proyecto como Petrocasas, antes de erigirse como panacea, debe aclarar algunos nubarrones en su horizonte. El principal versa sobre la presunta toxicidad de sus materiales, tanto para la salud de sus habitantes como para el medioambiente. Esta preocupación ha sido recogida por organizaciones sociales como la Fundación Agua Clara y Provea, quienes recuerdan las diversas advertencias de ecologistas, activistas e investigadores a lo largo del globo acerca de la contaminación generada por el Policloruro de Vinilo (PVC), material estelar de las Petrocasas. Estas alertas ocasionaron que haya sido progresivamente relegado de las utilidades que alguna vez lo popularizaron.
La respuesta de las instituciones promotoras de las Petrocasas ha sido el silencio. Provea ha solicitado, en un recurso de petición, que se divulguen los estudios que demostraran que el PVC utilizado en el proyecto habitacional es seguro para sus habitantes e inocuo para el medio ambiente. Hasta ahora Pequiven ha desestimado olímpicamente la solicitud. Hay quienes han sugerido que su actitud no puede ser otra, debido a que dichas investigaciones, sencillamente, no se han realizado.
En tiempos de altos precios petroleros y grandes recaudaciones tributarias el sentido común estimaría que, ante las dudas, sería preferible ir sobre seguro con casas de bloques y cemento. Y cómo la improvisación ha sido el método gubernamental para allanar otras grandes epopeyas, resquemores y cuestionamientos se encuentran justificados.
Petrocasa recuerda el gusto por la ironía inmanente en el proceso bolivariano. Mario Silva, el aspirante por el PSUV a la gobernación de Carabobo, ha hecho de las casas de PVC uno de los puntales de su campaña electoral. Pero su entusiasmo no llega a los extremos de habitar una de estas plásticas y blancas casas que ya hemos comenzado a exportar. Su nombre figura como uno de los beneficiarios de los apartamentos de la urbanización Bosque Valle en Caracas, una obra oficial recientemente construida en Tazón en una de las montañas que bordea el embalse La Mariposa. Ojalá algún día Venezuela sea de todos. Y las viviendas propias, amplias, seguras y dignas también.








