Maduro utiliza de manera sistemática la desaparición forzada contra sus opositores

La denuncia sobre la retención durante un mes de un niño de 3 años por parte del Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (Conas), para obligar a que su padre se entregara, ratificó la denuncia que Provea ha venido realizando sobre que las actuaciones del gobierno venezolano pudieran tipificarse como “Terrorismo de Estado”. En base a una investigación que recopiló cifras hasta el pasado 1 de julio, Nicolás Maduro ha venido utilizando de manera sistemática la desaparición forzada contra personas privadas de libertad por razones políticas. Durante su gestión por lo menos 135 personas fueron secuestradas por las autoridades venezolanas, al no informar sobre su sitio de reclusión a familiares y abogados, no ser trasladada a tribunales o ser acusadas de algún delito, así como por permanecer recluidas a pesar de tener boleta de excarcelación. De estas 135 víctimas, 85 corresponden al primer semestre de 2018, de las cuales 51 no se tuvo conocimiento de su paradero en un tiempo promedio de 11 días. De la cifra recopilada por Provea 57 de ellas son colombianos a quienes el presidente Nicolás Maduro señaló de ser paramilitares. En junio de 2018, 15 de los detenidos fueron excarcelados.

Desaparición forzada es el arresto, detención, secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o con su autorización, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley. Por su parte, se entiende por “Terrorismo de Estado” la utilización reiterada de métodos ilegítimos por parte de un gobierno, los cuales están orientados a inducir miedo o terror en la población civil para alcanzar sus objetivos. En el caso más reciente el 7 de septiembre Yudeyxy Vásquez, madre del niño de 3 años, denunció junto a la diputada Delsa Solorzano. Según su testimonio el pequeño Ángelo Vásquez fue secuestrado por el Conas el 2 de agosto de 2018, como modo de presión para que su padre, el sargento primero de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) Luis Colón, entregara unas supuestas armas robadas de Fuerte Tiuna.

Sobre el show de los “retornados” de Perú

Rafael Uzcátegui

Después de meses de negar la crisis migratoria la vocería de Nicolás Maduro, súbitamente, ha comenzado a construir una narrativa para explicar la salida de venezolanos del país. En síntesis, consiste en afirmar que 1) No son tantos como se dice y 2) Los que salen lo hacen bajo engaño, siendo explotados y maltratados en su destino por lo que desearían regresar.

He insistido en otras oportunidades que la fórmula de la simulación democrática madurista consiste en mantener una clientela de apoyo, ahora calculada entre el 15 y 20% de la población, que le permita ganar procesos electorales fraudulentos, tras desestimular, neutralizar y fragmentar la participación de sus contrarios. La mayoría de las políticas públicas de los años recientes están dirigidas a beneficiar a este sector, por lo que la discriminación por razones políticas sería parte estructural de nuestra dictadura del siglo XXI. Siendo así, el gobierno consideraba como opositores, o no sufragios a su favor, a los que venían cruzando la frontera, como incluso lo sugirieron las palabras del Defensor Constituyente del Pueblo, Alfredo Ruiz, cuando declaró que la diáspora estaba conformada por jóvenes de clase media “que no podían entrar a discotecas”. Sin embargo, la magnitud del éxodo hizo que las dos últimas oleadas migratorias –personas de los sectores populares, por un lado, y militantes de base y de sectores medios del chavismo más recientemente-, hayan comenzado a generar inquietudes en ese 15-20% de la clientela bolivariana.

Esta suposición parecería confirmarse por los datos recientes divulgados por la empresa Consultores 21: “17% de las personas que quieren salir de Venezuela se declara maduristas y el 66% son chavistas, no maduristas”. Según los datos, la correlación política de la migración, decididamente opositora en las dos primeras oleadas –empresarios y clase media-, se había modificado: “la cantidad de chavistas que desean salir del país –concluyó la encuestadora- es superior a la de opositores alineados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)”. En consecuencia, dos posibilidades: El madurismo “duro” está siendo impactado en sus fidelidades por la separación de miembros del núcleo familiar o, sencillamente, han comenzado a preparar maletas. Por esta razón el discurso sobre el fenómeno generado por Miraflores tendría como objetivo hacerlos desistir de emprender la huida o ideologizar la explicación del problema. Los mensajes no están pensados ni para usted ni para mí, sino hacer control de daños en su bastión de apoyo de las imágenes de los caminantes venezolanos por las autopistas colombianas.

Si necesita descifrar algún sentido de lo que parecen decisiones irracionales del chavismo realmente existente, el madurismo, le propongo que haga ese ejercicio: Razonar cuál es el impacto deseado en ese 15-20% de la población para el cual gobierna. @fanzinero

Paraguaipoa

Rafael Uzcátegui

El pasado 7 de agosto un grupo de activistas viajamos hasta Paraguaipoa, en el municipio Guajira del estado Zulia, para acompañar a José David González y su equipo a propósito de la conmemoración de los 19 años del Comité de Derechos Humanos de La Guajira. Durante casi dos décadas, esta iniciativa ha atendido a las comunidades wayuu, yukpa y añu de la región en sus denuncias sobre las vulneraciones a su dignidad, que aumentaron exponencialmente a partir del año 2010 con la creación del “Distrito Militar de La Guajira”. El Comité, incluso sorteando el racismo que ha permanecido incólume en tiempos bolivarianos, ha rechazado las campañas de criminalización que señalaban a los indígenas como responsables de la escasez y el contrabando hacia la frontera. Por esta labor, González fue reconocido con el premio de la Embajada de Canadá a los defensores de derechos humanos destacados de Venezuela.

20180807_191046

Ante la imposibilidad del transporte público, por aire o tierra, nos desplazamos más de 900 kilómetros hasta la “tierra frente al mar”, según el significado wayuunaiki. Cuando se cruza el puente sobre el Río Limón pareciera que la civilización quedara atrás. Las llamadas “chirrincheras” son el único medio de transporte público, camionetas donde las personas se acomodan en todos los espacios posibles, incluyendo en techos y capós de los automóviles, desafiando leyes de gravedad y generando víctimas mortales y lesionados. Durante el trayecto fuimos testigos del cobro de vacunas por parte de los funcionarios en las alcabalas, multiplicadas ante la necesidad de aumentar las coimas en días de crisis económica.

Si en Maracaibo la falta de electricidad es noticia, en La Guajira la novedad es cuando llega la corriente. De las 48 horas que duró nuestra presencia en la zona, sólo tuvimos 6 horas con luz. El añadido es que junto al apagón desaparecen las señales de telefonía celular, por lo que la incomunicación es total. Los pobladores se han amoldado a estas circunstancias, durmiendo en los portales de las viviendas, atajando las caricias de la agradable brisa nocturna. En 2011 Hugo Chávez inauguró un Parque Eólico que costó 255 millones de dólares que, según los vecinos, sólo funcionó las 3 horas que duró el acto. Hoy muestra los signos del desmantelamiento tolerado por los militares que custodian aquellos molinos de cemento. Como una triste metáfora de la parálisis que nos embarga se relata que, a sólo 32 kilómetros, pasando la frontera en Maicao, las zonas rurales cuentan con paneles solares que permiten dos y tres bombillas y recargar los celulares.

En Paraguaipoa usted no puede pagar nada con tarjeta o transferencia, pues todo se comercia en efectivo. Es la manera tradicional de no dejar rastros en un contexto donde para sobrevivir hay que nadar en la economía ilegal.

Por los testimonios que escuchamos, una y otra vez, La Guajira es un territorio controlado por los pranes del contrabando, cuya jefatura porta uniformes verdeoliva. Luego de salir de la emisora Fe y Alegría, a media mañana, mataron a dos adolescentes por sicariato. Según, hay una nueva jefa en la zona, que está limpiando el terreno a punta de plomo. El hecho no apareció en medio alguno.

En medio de estas particulares circunstancias, ¿Cuáles son las demandas de José David y su grupo? Las enlistamos: Reanudar la consulta de la Ley de Demarcación de Tierras; reactivar el diálogo entre las comunidades, los pueblos indígenas y las organizaciones estadales, regionales y municipales; generar propuestas de planes de acción para el gozo pleno de los servicios públicos; revisión y socialización de los acuerdos internacionales de Venezuela con los países en materia de hidrocarburos y de recursos naturales; reactivar la Comisión de Demarcación de Tierras; iniciar en conjunto las comunidades, los pueblos procesos de creación de protocolos de consulta y de demarcación de tierras; iniciar en conjunto las comunidades, los pueblos procesos de creación de protocolos de consulta previa, libre e informada; paralizar los proyectos mineros extractivos en zonas indígenas hasta que se presenten a los pueblos y comunidades indígenas las longitudes y los impactos ambientales; reactivar los planes de salud indígena en comunidades amenazadas por la malaria, el sarampión; implementar la Educación Intercultural Bilingüe propia de los pueblos indígenas; crear un espacio de formación permanente con la participación del Comité de Derechos Humanos de la Guajira, junto con organizaciones y aliados para los funcionarios públicos y cuerpos de seguridad; y finalmente la apertura inmediata de la frontera. @fanzinero

Veneco 30: Especial de punk y hardcore maraco

En momentos en que el Zulia es castigado, sin clemencia, por la corrupción y la ineficacia de la dictadura, nos lanzamos este Veneco especial.

Playlist

1) Primero Venezuela: “Hasta cuando”
2) Trauma: “Guardia Nazional”
3) Convicción Hardcore: “Vamos mi gente”
4) Baigón: “Policías, militares y demás basura”
5) La Naranja Mecánica: “Vive”
6) KAFC: “Me niego a morir”
7) Aires de Rebelión: “Sangre en las corridas”
8) Doña Maldad: “Todos saben, creen, todos pueden”
9) Sistema Diez: “Rio de antorchas”
10) ODIO: “Somos más”
11) GAS: “Experto cobarde”
12) Frente de Ira: “Identidad”
13) Mustang 78: “Motorpunk”
14) Cinco Minutos Más: “No queda más”

La paradoja colombiana de la paz

Rafael Uzcátegui

Recientemente tuve la suerte de escuchar a Rodrigo Uprimny, fundador de la ONG Dejusticia y miembro del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, haciendo un resumen magistral sobre la evolución del llamado acuerdo de paz en Colombia, y haciendo algunas reflexiones sobre su futuro a raíz de la victoria del candidato Iván Duque a la presidencia colombiana. Aquello ocurrió en el taller global de Investigación Acción promovido por Dejusticia, bajo el sugerente título “Reimaginar el futuro del movimiento de derechos humanos”, en el cual activistas de una docena de países del sur global tuvimos la oportunidad de reflexionar desde el eje cafetero del país.

Me tomé la libertad de grabar y transcribir parte de aquella intervención, útil para opinar sobre el tema en el contexto venezolano, proclive a opinar sobre lo humano y lo divino con los lentes estrechos de la polaridad chavismo/antichavismo.

“Tuvimos en Colombia una guerra de 50 años con costos humanitarios tremendos, 6 millones de desplazados, con excepción de Guatemala, con más desaparecidos que todas las dictaduras de América Latina, una cantidad enorme de personas asesinadas y secuestradas. Además, la violencia relacionada con el conflicto armado, las otras violencias, las que vienen de las economías criminales, narcotráfico, explotación ilegal minas.

No era el acuerdo que iba a revolucionar a Colombia, pero tampoco era el acuerdo que simplemente acababa la guerra. Era un acuerdo que acababa la guerra, las FARC se desmovilizaban y se transformaban en un actor político con un mecanismo de verificación para que eso ocurriera, como efectivamente ocurrió. Lo segundo era que enfrentaba las violaciones de DDHH con un sistema de justicia transicional que es único, de lo que yo conozco, en el mundo.

Seguir leyendo “La paradoja colombiana de la paz”