Otro turismo es posible: VIII FSM Nairobi

Durante los días 20 al 25 de enero pasados tuvo lugar en Nairobi, Kenya, el VII Foro Social Mundial (FSM). Definido como el antagónico al Foro Económico de Davos –cuya reunión sucede casi paralelamente-, el lema que año tras año reitera, y que tuvo lugar por primera vez en Africa, es “Otro mundo es posible”. La jornada de Nairobi evidenció que el Foro experimenta una “crisis adolescente”, y que la voluntad por la creación de nuevas relaciones sociales ha sido sobrepasada por los vicios de antaño. Tanto así que el Comité Ejecutivo del evento lo ha declarado en año sabático, siendo incierta su realización para el 2009.

Hablar de los pobres con los pobres lejos
Lo más positivo de la reciente edición fue la intención de elevar como protagonistas las luchas realizadas en el continente africano, tradicionalmente secundarias en la agenda global altermundista. Asimismo, la oportunidad de encontrar activistas y experiencias de diversos continentes para conocerse y discutir en una misma mesa, continúa siendo uno de los atractivos del FSM. Pero, si esto se contrasta con las consecuencias para las luchas locales y el proceso de realización del “foro realmente existente” tras sus últimas dos sesiones (Caracas y Nairobi), la cita tiende, cada vez más, a convertirse en un folklorismo de buena conciencia y a ser una agencia de viajes con paquetes de turismo políticamente correcto.

Entre los asistentes y las coberturas de prensa de la reunión africana existió un consenso: la VII edición estuvo dominada por las congregaciones religiosas y las ONGs de alto presupuesto. El Comité Organizador local no realizó una política informativa sobre el evento entre los diferentes grupos sociales y ONG’s diminutas esparcidas por la geografía del país, lo que explicaba en parte muchas de las ausencias. En segundo lugar, que el FSM necesitaba reforzar los vínculos con los movimientos sociales de base. Y esto fue evidente en Kenya, cuando muchas de las discusiones tenían una notoria exclusión: ciudadanos y ciudadanas africanas. Una dinámica que privilegia internet como forma de comunicación excluye a los movimientos de los países en desarrollo, con altas precariedades tecnológicas.  El tiro de gracia lo constituyó el pago para la organización de actividades y la inscripción de delegados. Una cuota que si bien era menor para los lugareños, constituía mucho dinero para un país con una alta tasa de desempleo y con una economía basada, primordialmente, en el turismo de safaris.

El foro se concentró en el Complejo Deportivo Internacional Moi, ubicado en Kasarani, a las afueras de la ciudad, y no se podía entrar si no se contaba con la identificación como delegado al FSM. La inscripción para los kenianos era de 500 schillings, pero muchos habitantes del país, como los agrupados en asociaciones contra el desempleo, no contaban ni siquiera con los 20 schillings para el pasaje en autobús. Por ello, representantes del grupo “Parlamento del Pueblo”, caminaron hasta dos horas para poder repartirle a sus pares globales los volantes que invitaban a sus asambleas en los parques públicos de la ciudad. La distinción entre el interior, el FSM, y el exterior, la realidad del país, bordeaba el surrealismo esquizofrénico. Mientras adentro las marchas contra la guerra, la pobreza y cualquier reivindicación posible daban vueltas alrededor del estadio de fútbol –rebautizado para la ocasión como Julius Nyerere-, saludando una y otra vez los stands y las ventas de artesanía; afuera, los integrantes del Parlamento del Pueblo protestaban por no tener dinero para entrar al paraíso altermundista. El 23 de enero, 200 de sus integrantes forzaron las puertas y lograron que el odioso carnet del FSM fuera prescindible. En un boletín repartido por Indymedia Africa, una mujer de los suburbios cuenta como su única relación con el evento había sido con la marcha de apertura, realizada desde una de las zonas pobres de Nairobi: “Como la residente de Kibera Ruth nos dijo, había sido invitada a la marcha el día inicial y de cierre del WSF, pero no sabía que había un foro de debate que ocurría en medio de esos días. Otros habían sido obsequiados con camisetas o incentivados con la promesa de un par de zapatos para asistir”.

El foro real
Adentro, los ciudadanos de a pié no tuvieron motivos para el regocijo. El mayor patrocinante del foro lo constituía la empresa telefónica Celtel, cuyas tarifas a celulares móviles son las más costosas del país, pero tenían una promoción especial para los foristas. Se estima que los costos de organización del foro arribaron a cinco millones de euros, duplicando por diez si se toma en cuenta los gastos pagados por los participantes. Como las organizaciones locales son incapaces de generar tal masa monetaria, llegó la hora de las alianzas comerciales. Ubicado en una posición privilegiada se encontraba una gran tienda-restaurant, la cual era una extensión del lujoso Hotel Windsor, propiedad del Ministro de Seguridad Interna del país, John Michuki, funcionario conocido como “La trituradora” por sus tácticas para el interrogatorio de sospechosos y señalado como autor de actos de corrupción. Así que, nada mejor para el negocio que vincularse con la franquicia progresista más conocida del planeta.

Los locales exigieron que se concretara en un plato de buena comida gratis, el populismo del foro. Tras varios forcejeos y protestas frente al comedero, el 24 un grupo saqueó el restaurant y repartieron la comida entre los presentes. Estas muestras de descontento fueron ridiculizadas por el periódico Terraviva, un diario “independiente” –pero financiado por el Banco de Brasil- convertido ad hoc en el portavoz del FSM: “Una multitud enfadada protestó, detuvo el tráfico y creó confusión (…) Esto no es una reunión del G8 donde las interrupciones ocurren diariamente, el FSM no supone que sea esto y no es el espacio para protestas anarquistas. Las frases antiglobalización y de la sociedad civil definen el Foro”.

Estos dos incidentes hablan de la falta de un tejido local que, con experiencia sobre el terreno, pudieran proveer realmente una logística “alternativa”, con énfasis tanto en el proceso de organización como en el producto, un evento de esas magnitudes. Por ejemplo, la seguridad en el foro estuvo a cargo del ejército y de compañías privadas. Quien esto escribe fue testigo de cómo cuatro guardias apalearon dentro del complejo deportivo, a la vista de todos y todas, a una persona acusada de robo. Paradójicamente la golpiza, frente al acceso 13 del estadio de fútbol, ocurría frente a puestos de ONG´s que pedían acabar con la tortura en el mundo. Y fuimos pocos, muy pocas, los que intentamos parar aquello. ¿Era éste el nuevo mundo construido por el   FSM, tan parecido a lo que ya conocemos?

Maquillaje y legitimación
La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG), en el marco de sus actividades contra el militarismo, organizó una charla sobre Eritrea, un país africano con una férrea dictadura que impone un servicio militar indefinido y obligatorio a los adolescentes. Para ello invitaron dos jóvenes exiliados en Sudáfrica, quienes no pudieron hablar al percatarse que representantes del gobierno de Eritrea estaban inscritos como delegados al FSM. Para no poner en peligro a sus familiares, que viven dentro del país, la IRG realizó el foro dejando, simbólicamente, las dos sillas vacías en la tarima.

Siendo el FSM una pretendida vitrina del progresismo en auge, se convierte en un espacio de legitimaciones, maquillaje y proselitismo mediado por relaciones de poder. La delegación brasilera evidenciaba su presencia con   pañuelos con el logo de la principal petrolera del país, Petrobrás, y el “otro mundo es posible”. Y tal marketing invisibilizaba el debate sobre las consecuencias ambientales de su actividad energética. ¿Cómo resolver el antagonismo entre políticas “antiimperialistas” y derechos humanos? El gobierno cubano lo sabe muy bien: inscribiendo decenas de delegados, alquilando stands y distribuyendo materiales en varios idiomas. Si bien la Carta de Principios del FSM establece que se compromete a difundir los contenidos discutidos, en el FSM realmente existente la capacidad económica y de lobby determina que unos mensajes sean más iguales que otros.

Las luchas intestinas por el control de la dirección en el FSM se sintetizan en dos tendencias: aquella que aspira que se convierta en la nueva internacional, con un programa político claro y definido, así como las estrategias para llevarlo a cabo. La segunda es la que defiende que continúe siendo una plataforma, un espacio abierto para que grupos de la sociedad civil manifiesten sus protestas contra el neoliberalismo y ventilen si “otro mundo es posible”. Los primeros, representados por los herederos de las ortodoxias de izquierda, han ido ganando terreno. Su influencia logró la redacción del “llamado de Bamako”, realizada en el evento realizado en la India, en el que se establece que si bien el resto de las luchas son importantes, la clase obrera continuaba siendo el actor privilegiado de cambio.

Proceso global, proceso local
El movimiento altermundista que sostiene el FSM posee una serie de discusiones en base a sus preocupaciones: El cambio climático, los derechos de la mujer, el rechazo a la guerra en Irak. Las prioridades políticas del país sede pueden o no coincidir con esta agenda. En el caso de Kenya fueron divergentes. Como lo reflejó la prensa local, los delegados del país deseaban discutir temas como la impunidad producto de los crímenes intertribales, la corrupción gubernamental y políticas sanitarias hacia la epidemia de VIH. Pero si bien esta diversidad temática puede ser provechosa para la masa crítica del conjunto, más traumática puede ser la confrontación de dos culturas políticas diferentes. Cuando los intereses del mundo miraban hacia otra parte y Kenya era una colonia británica, las religiones desarrollaron el único tejido de instituciones sociales a donde ir a buscar consuelo. Positivo o no es otra discusión, pero esto explica en parte el protagonismo de las religiones en Nairobi. No había que ser pitoniso para prever que algunos de los valores internalizados por la población durante décadas ocasionarían rechazo a varias banderas de la agenda global: la tensión durante las discusiones sobre los derechos reproductivos y el aborto, así como los abucheos en las intervenciones de grupos homosexuales, los cuales se enfrentan a las leyes internas del país. Esto es pertinente en la cuestión de si el FSM fortalece o debilita los movimientos sociales en cada país en el que tiene lugar.

En el caso del foro anterior, pretendidamente “policéntrico” pero con primacía del realizado en Caracas, un grupo de organizaciones locales realizaron un evento alternativo al considerar que el evento había sido “secuestrado” por el gobierno y su populismo de izquierda, con la anuencia del propio Comité Internacional. La fuerte polarización política en torno a la figura del presidente Hugo Chávez había dividido, a su vez, a los propios movimientos locales (ecologistas, estudiantiles, derechos humanos, mujeres, indígenas, contraculturas), por lo que la realización del evento en Venezuela profundizó esta fragmentación, que continúa hasta el día de hoy. La debilidad del tejido social para responder a un evento de esta envergadura fue resuelta por el gobierno venezolano restando el protagonismo que, hipotéticamente, debieran tener los movimientos de base. La logística fue suministrada por el Ejército venezolano –acusado de actos de corrupción y violaciones a los derechos humanos-, las comunicaciones por el ministerio de información estatal y muchas de sus gestiones por funcionarios a sueldo.

En ambos casos, Kenya y Venezuela, las organizaciones sociales no habían tenido encuentros regionales o nacionales que fortalecieran sus propios vínculos y que consolidaran prácticas de autonomía. Así que este proceso de reedificación de los de abajo, que de acuerdo a los contextos puede ser lento y traumático, es violentado por tener que organizar una reunión de carácter mundial, priorizando el producto sobre el sustrato y proceso de organización.

Turismo políticamente correcto
Los empleados del sector servicios de Nairobi, especialmente los taxistas y vendedores de artesanía, no ocultaron su alegría por la realización del evento en la ciudad. Kenya vive de mostrar sus elefantes, leones y jirafas, y bastante atrás, de la producción de te y café. Por día, un safari puede costar 200 euros por persona. Si bien los organizadores esperaban 150.000 asistentes, la asistencia real orbitó en torno a los 40.000 delegados, principalmente europeos, todos con sus divisas prestas a oxigenar por una semana la economía local. Los artesanos quintuplicaron sus precios, por lo que no fue raro conseguir souvenirs a precios más bajos en las tiendas. La débil infraestructura hotelera de la ciudad fue rebasada, y los hoteles de lujo de la ciudad, como el Nairobi Hilton, tenían llena su capacidad de personas orgullosas de mostrar su bolso de tela con el logo estampado del evento. En esta oportunidad el Campamento Juvenil, tradicionalmente el sitio más “movido” del FSM, llegó escasamente a los 50 mochileros. Los delegados de las ONG’s grandes, como Caritas y Oxfam, se movilizaban en camionetas alquiladas a todo lujo, en donde transportaban los folletos a todo color que distribuían sobre su lucha contra la pobreza.

Por ello, no sin ironía, la prensa local informaba sobre el aumento de las ganancias de los y las trabajadoras sexuales. Un reportaje de The East African Standard divulgaba entrevistas con prostitutas que habían venido de varias ciudades de Kenya a su capital para “satisfacer la alta demanda” del evento. “Nos pagan en dólares si no utilizamos preservativos”, afirmaba una mujer. El texto expresa que las campañas presentes en el foro de atacar el turismo sexual y las relaciones sexuales con niños fracasó debido que el evento había abierto un nuevo mercado: “Algunos delegados fueron descubiertos con trabajadoras sexuales menores de edad”. Pero no para todos y todas el asunto se reducía a hacer dinero. Algunas expresaron que deseaban tener hijos de raza mixta. “Quiero tener un niño con uno de esos blancos”, declaró al periodista una chica con una sonrisa en sus labios.

Meter a todos los y las foristas en un mismo saco es arbitrario. Aún es posible encontrar en el FSM personas valiosas para los cuales el evento es parte de su búsqueda personal de alternativas. Pero para los huérfanos de la Guerra Fría el discurso altermundista significó la oportunidad de llamar de manera diferente las viejas prácticas. Por ello, su año sabático quizás signifique la oportunidad de fortalecer los movimientos locales, repensar la política y la vida cotidiana así como lo urgente por construir, desde abajo, algo realmente nuevo.  (10.02.07)

Un comentario en “Otro turismo es posible: VIII FSM Nairobi

  1. Abubacar

    En el momento que leo su correo, casi ocho meses después de publicarse en su web, me vienen a la mente tantos intentos unitarios en los foros sociales regionales africanos. Sería larga la lista, pero su perspectiva de análisis,más bien una crónica de viaje, me permite acercarme al tema y poder comprender lo díficil que es organizar una actividad como esta.

    Necesito toda la información de que disponga sobre este Foro Social en Nairobi,en fotos o resúmenes informátivos.

    Saludos
    Abubacar Fofana
    Profesor de Historia de África,
    La Habana
    aleon@ipichcb.rimed.cu

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