Venezuela: Revolucionarios Express y sindicalismo patronal

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Venezuela ha sido un país con una debil tradición revolucionaria, comparada con otros países latinoamericanos. Las explicaciones son múltiples y complejas, y el hecho de ser un país dependiente de la renta petrolera, cruza transversalmente todas las argumentaciones. Por más voluntad que se tenga, los revolucionarios y revolucionarias no se inventan de la nada. La rebelión contra lo establecido y el deseo de un profundo cambio son motivaciones iniciales, las cuales deben complementarse con una profunda reflexión teórica rupturista, y, especialmente, con una práctica que la materialice en la vida cotidiana. El conjunto de estas prácticas, a través del tiempo, van creando espacios de contra hegemonía, en dónde se desarrollan y articulan diferentes identidades y afinidades entre los oprimidos. Esto no se inventa de la noche a la mañana, y cuando se intenta hacer una revolución sin sólidas reflexiones y prácticas revolucionarias, sencillamente pasa algo como lo que ahora esta pasando en el país.  

La llamada “revolución bolivariana” hubiera constituido un banquete para Guy Debord, aquel cabeza de la Internacional Situacionista que reflexionó sobre el “espectáculo” como un estadio superior de la producción y la dominación contemporáneo. Lo nuestro son gestos grandielocuentes y consignas inflamadas sin ningún tipo de consecuencia en la realidad concreta.  Todo este prolegómeno viene a colación acerca de un aviso publicitario difundido en diferentes medios impresos nacionales el domingo 10.02.08. Nosotros hemos tomado el publicado a media página, en la 38, en el diario Ultimas Noticias, conocida la tendencia gubernamental del mismo. Como se puede leer en el remitido, 17 líderes gremiales del sindicato FEMSA de la Coca Cola se dirigen al presidente Chávez para hacer de su conocimiento una situación que viven actualmente dentro de la compañía: “atropellos y de actos que violan y ponen en riesgo los puestos de trabajo y la estabilidad laboral de todos los que trabajan en esta empresa”. Primer dato a tener en cuenta: lo que los sindicalistas denunciarán a continuación no son tropelías de los patronos y dueños de la empresa, ícono del capitalismo internacional, sino el bloqueo de tres centros de producción por parte de otros trabajadores de la compañía. “Representantes” de la clase proletaria denunciando a proletarios pues.  Como explica el texto, desde el pasado 5 de febrero 3 centros de producción de Coca Cola, ubicados en Merida, Tachira y el Zulia, han sido paralizados por la acción de un grupo de personas que reclaman a la compañía el pago de sus prestaciones sociales.Segundo dato: los redactores del texto sugieren, como elemento criminalizador de dicha acción, que estas personas tienen “5,10, 20 y hasta 30 años no han tenido vínculo activo con la misma –Coca Cola-”. Los sindicaleros afirman no obstante que son “solidarios con su causa”, con lo que a se vez afirman la legitimidad de las demandas de los extrabajadores, recordemos, el pago de sus prestaciones sociales, pero afirman que repudian la acción porque entorpecen su “legítimo derecho al trabajo”, reclamando el hecho de que estos trabajadores hayan roto el “diálogo” con las autoridades y se “pasan al lado de la ilegalidad (sic)”. Es decir, 17 “líderes sindicales” que representan a casi 8 mil trabajadores a nivel nacional asumen que realizar manifestaciones como la toma o bloqueo de una fábrica son actos ilegales, y que hay que mantener conversaciones con las instituciones para negociar derechos laborales durante “5,10,20 y hasta 30 años” si es necesario.

 El tercer, e increíble dato es que estos “líderes” sindicales piden lo que voy a transcribir a continuación: “le pedimos a las autoridades competentes y demás órganos de poderes públicos que intervengan de inmediato, restituyendo el orden y haciendo valer la ley. No podemos permitir que estos actos queden impunes y sin castigo o que por otro lado, generen violencia frente a nuestros centros de trabajo”. No le solicitan a su gobierno que haga valer los derechos de los trabajadores, el pago de sus prestaciones sociales, sino que, sencillamente, disuelva la manifestación.  

Estos líderes gremiales representan a sindicatos de la compañía que poseen en sus siglas el adjetivo de “bolivariano” y que, en el texto citado, se llaman a sí mismos “líderes revolucionarios, participantes y creyentes de los procesos de cambio que vive el país”. Para estos Revolucionarios Express, pasó el tiempo en que los sindicatos defendían los intereses de clase contra los patrones y los gobernantes. Los sindicalistas bolivarianos de la Venezuela actual, invocan la solidaridad vertical en contra de otros trabajadores, y en defensa de la legalidad burguesa, los patronos y la paz social, garantizando la gobernabilidad del tren ejecutivo al que apoyan. La revolución bolivariana es un espectáculo vaciado de contenido y significaciones, rounds de sombra contra una opresión que ubican en el mas allá, un eterno gesto grandielocuente frente a las cámaras de televisión, una puesta al día del populismo latinoamericano, en los días del capitalismo globalizado.