Periferica, Ruptura…

He tenido el honor de colaborar en dos publicaciones independientes de nuestra América rebelde.

La primera es Periférica, en su segunda edición (tercer número, contando la cero), la revista antimilitarista de Latinoamérica, realizada en Paraguay. Cada vez mejor, con mejores textos y con una linda diagramación.  Escritos desde varias partes de América Latina, y con una evidente perspectiva de género, feminista y libertaria. Puede descargarse en http://www.divshare.com/download/5644856-551

La segunda es el periódico Ruptura de Venezuela, editado por la gente de Tercer Camino, cuyos voceros más conocidos son Francisco Prada y Douglas Bravo. Tras un descanso, el periódico retoma una perspectiva radical sobre la realidad venezolana, llamando a las cosas por su nombre y llamando a la abstención para las próximas elecciones del 23N. Se puede descargar en http://www.divshare.com/download/5644805-942

Ernesto Cardenal o probando cucharadas de su propia indiferencia

El poeta y militante sandinista nicaraguense Ernesto Cardenal debe estar pensando últimamente que el mundo es un lugar de tristes paradojas. Como teólogo de la liberación que es, aquella frase bíblica de que “con la vara que midas serás medido” debe estarle zumbando fastidiosamente en las orejas.

La vuelta al poder de Daniel Ortega, su antiguo par en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, trajó consigo la vigorización de los mitos e íconos de la revolución que este país vivió décadas atras. A pesar de todas las oscuras componendas que lo hicieron posible, el mundo lo que veía, amplificado por la propaganda de izquierda, era que el sandinismo estaba triunfantemente de vuelta, como parte del supuesto giro revolucionario experimentado por el continente. Quienes conocían más de cerca a Ortega tenían otra opinión, entre ellos el propio poeta Cardenal, que rápidamente adjetivó de “falso sandinismo” lo que había llegado al poder en el año 2006. Mientras las fuerzas progresistas del mundo miraban embelesadas el espectáculo de las banderas rojas y negras desafiando el cielo de Managua, el poeta denunciaba la cadena clientelar que un Ortega autoritario desplegabla como forma de gobierno, así como sus relaciones de todo pelaje con Arnoldo Alemán y el empresariado somocista del país centroamericano. Cuando los voceros del altermundismo experimentaban el Nirvana escuchando los desafíos de Ortega al imperialismo, el lírico era condenado a pagar 1025 dólares por haber denunciado los negocios turbios que intentaban adueñarse del “Hotel Cimarrón”, por parte de personeros de la constelación gubernamental. Cardenal comienza a experimentar el apartheid político que significa ser acusado de “contrarevolucionario” por un gobernante latinoamericano de izquierda en el 2008.

La ironía del caso tiene que ver con que esta visión, simple e infantil, de lo que pasa en nuestro continente (la izquierda en el poder es buena y los que disienten de ella son indefectiblemente contrarevolucionarios), fue compartida por el propio Ernesto Cardenal antes de caer en desgracia. Uno no puede olvidar las veces que el poeta fue invitado de honor por el gobierno bolivariano venezolano, y las veces que, sin suerte, algunos izquierdistas no gubernamentales intentaron acceder al antiguo clérigo para que complejizara su visión de lo que pasaba en el país. Cardenal era deslumbrado por la propaganda y la retórica de los ministerios, esa misma que coincidencialmente existe a kilos en las oficinas de Managua. E incapaz de trascender del tour revolucionario que le era destinado por los funcionarios chavistas, y caminar por su cuenta y riesgo por las calles de Caracas, crearon a ese sandinista que, contra viento y marea defendía las pretendidas bondades del gobierno presidido por Hugo Chávez, soslayando toda y cada una de las críticas sobre el autoritarismo, los abusos de poder o la ausencia de autonomía tanto en las instituciones como en los movimientos sociales, con el epíteto de contrarevolucionarias. En Venezuela, esa prensa estatal que le dedicó grandes titulares a sus opiniones sobre el país hoy silencia la persecución y hostigamiento contra Ernesto. En cambio, la vida te da sorpresas, conocemos la situación del poeta por esos medios que tanto desdeñó en sus visitas a esta esquina del Mar Caribe.

Ernesto, bienvenido al club. Ahora tu mismo afirmas, como nosotros y nosotras intentamos hacerlo con el caso venezolano, que “los verdaderos sandinistas son lo que le hacen la oposición a Ortega”. Sabemos que nadie aprende por experiencia ajena, y que las enseñanzas en esta aventura de la vida con frecuencia son dolorosas. Si algun día vuelves a Venezuela, esperamos que te animes a caminar por sus calles, y sin ninguna agenda previa ni escoltas ministeriales, le preguntes a la gente -y no sólo a los funcionarios-, como se vive en estos tiempos de gobierno bolivariano.

Al Pie del Támesis… y con apuro

Hace unas semanas atrás decidí que era tiempo de ir a ver “Al pié del Támesis”, una de las obras de teatro que había dado que hablar en la Caracas del 2008, en parte porque su autor, Mario Vargas Llosa, había asistido a su estreno. Y con todo el estremecimiento producto de su visita, por sus posturas políticas no por sus obras literarias, había generado un aluvión de publicidad gratuita para el montaje. La tarima era la del Teatro Trasnocho, un sitio con demasiadas ínfulas para la estructura y capacidad que realmente posee, pero que ha aglutinado la oferta teatral en una ciudad con poca oferta de obras sobre las tablas. Hay que reconocerlo, el teatro en Venezuela es un arte menor, sin ninguna comparación con la vida similar que poseen otras capitales del continente, en donde hacia el sur el Teatro es un arte mucho más preciado que las alternativas sobre pantalla grande, y ya eso es bastante que decir.

“Al Pie del Támesis”, además, posee una pareja muy reconocida por sus apariciones en televisión, lo que también es un gancho para el público, el cual a varias semanas de su estreno aun abarrotaba una d elas pequeñas salas del Trasnocho Cultural. La escenografia simple, cosa que no me molestó en absoluto, pues aprecio la potencialidad del minimalismo. La historia sencilla y predecible, cuyo desarrollo y final ya lo contaba el programa de mano, en esa manía que tenemos por el trópico de no poder “extender el placer haber visto” -lo que afirman es una buena crítica-, con sencillamente relatar todo el argumento de la obra, como hace el 90% de los embadurnadores de cuartillas culturales. La historia versa alrededor de dos personajes, cosa que encallejonaba la calidad de la obra en la versatilidad de los dos actores principales. No sé si don Vargas Llosa observó la misma obra que yo, pero bajo esa luna, de un viernes a las 10 de la noche, la actuación tanto de Carlota Sosa como de Iván Tamayo fue atropellada, por intentar decirlo elegantemente. Cada uno, casi, escupía el diálogo a ráfagas, lo que restaba intensidad dramática e irrespetaba lo que creo eran los “tempos” de cada una de las escenas. Como la he visto una sola vez, no puedo comparar esa actuación con la de otros días, pero fue como si antes de la función que me tocó, ambos actores se hubieran puesto de acuerdo para terminar más temprano de lo habitual, apurando todo el desarrollo de la obra.

Pero aunque sólo haya sido esa noche, haber puesto el pie en el acelerador constituyó una ofensa para ese público que sólo apuesta una vez por el repertorio. Los actores tienen malas noches, como todos, pero como espectador, mi opinión de la obra no es la mejor, una triste decepción pues no pongo en duda la estirpe de Carlota Sosa, la mala eterna de las telenovelas.

Mis opiniones sobre el respetable las guardo para otro post, en los que no tenga ninguna idea sobre qué escribir y tenga que recordar como esa noche, como en otras noches, la audiencia se reía a mandibula batiente frente a escenas que no tenían ningun atisbo de comedia, sino todo lo contrario. Eso siempre me pasa en el cine, pero en teatro uno esperaría mayor bagaje entre la audiencia. Pero como dice la canción: Esto es lo que hay.

Un fanzine llamado Canchunchú Florido


Un fanzine es una publicación realizada por gente que, al no encontrar nada que leer de su gusto, se anima a crear una con sus gustos personales. Los amantes de la ciencia ficción, las tribus contraculturales, movimientos sociales y amantes de la música menos comercial pudieron armas sus revistas cuando se inventó la xerografia, vulgarizada como las fotocopias.

Los escuchas de música punk han hecho infinidad de fanzines. Antes de la popularidad de Internet, una red planetaria fue tejida por la infinidad de chicos y chicas que, para intercambiar información y música, se enviaban cartas desde todos los lados del globo, con cassettes y revistas fotocopiadas dentro, todo un ritual de amistad y compañerismo.

Hace tiempo circularon algunas copias de Canchunchú Florido, un típico fanzine de música y estética de películas de terror. Con paciencia, se puede descargar de la siguiente dirección: http://www.divshare.com/download/5039634-b92

¿Son las Petrocasas peligrosas para la salud de sus habitantes y trabajadores?

En Venezuela el déficit habitacional, según estimaciones de las Naciones Unidas reconocidas por el Ministerio de Vivienda, se encuentran por el orden de los 2.800.000 casas. La falta de un techo propio y digno es una de las preocupaciones principales de la población, motivando buena parte de las protestas que se realizan en el país. Cualquier anuncio o política gubernamental en el sector es esperado y agradecido por los casi 13 millones de venezolanos y venezolanas que no disfrutan del derecho a una vivienda adecuada.
Diferentes analistas, tanto de la empresa privada como de las instituciones públicas, estiman que si se construyen 200.000 viviendas anuales se puede paliar significativamente el déficit en diez años. La producción nacional actual se encuentra muy por debajo de esa cifra, dando cuenta la Memoria y Cuenta 2007 del Ministerio de Vivienda y Hábitat que para el año 2007 se construyeron poco más de 60.000 unidades. Ante la búsqueda de alternativas que permitan aumentar la construcción anual, el Ejecutivo Nacional ha difundido un proyecto que aspira construir una cifra de 80.000 casas al año. Se trata del proyecto de las denominadas “Petrocasas”, hogares de 71 metros resultantes de siete módulos de Policloruro de Vinilo (PVC), con láminas para techos elaboradas de una aleación de madera y plástico, a bajo costo. El 30 de marzo pasado el Presidente Chávez inauguró la primera urbanización de Petrocasas en Guacara, estado Carabobo. Se trata de la Ciudad Socialista “La Coromoto”, la cual cuenta con 458 viviendas, parque infantil y canchas deportivas, un consultorio, Mercal y biblioteca. En una visita realizada durante el mes de agosto, Provea pudo constatar personalmente las condiciones de habitabilidad de la construcción, y conversar con miembros de su consejo comunal. Menos avanzada se encontraba la Comunidad El Esfuerzo, de Mariara, cuyo proyecto de Petrocasas se hallaba paralizado desde meses atrás, y los miembros de los comités de su Consejo Comunal desesperaban ante la ausencia de respuestas por parte de Pequiven y del resto de las instituciones.
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Camaritas en la Plaza Bolívar


Desde hace unos años laboro en las inmediaciones de la Plaza Mayor de Caracas, cuyos clones se repiten en los poblados a lo largo y ancho del país. En ese trayecto, en el que cruzo transversalmente el espacio saludando la estatua ecuestre por lo menos dos veces al día, se puede medir, entre otras cosas, el termometro político de Venezuela, de una parte al menos, que ha hecho del cónclave el lugar privilegiado de ofrendas florales, actos, mitines y discursos de toda índole. De estos, los que mas me han llamado la atención, por su histrionismo y manejo del arte de la oratoria, han sido los evangélicos. Pero hoy, un miércoles cualquiera de estos lluviosos días, el foco visual privilegió a cuatro camaritas que, bienintencionados -para que dudarlo-, entregaban volantes al cobijo de banderitas rojas del PCV estampadas con la hoz y el martillo. Uno puede u optar una actitud de equidistancia, debido a todo lo que significó el comunismo soviético realmente existente, o mirarlos con cierta benevolencia de quienes añoran algo que no han vivido y que intentan crear su propio revival del asunto. Opté por acercarme y tomar gustoso el panfleto que repartían.

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