“El tema de los derechos humanos es consustancial a la existencia de una democracia”


Entrevista con Carlos Rivera, abogado peruano del juicio contra Fujimori
“El tema de los derechos humanos es consustancial a la existencia de una democracia”

Rafael Uzcátegui

En una reciente visita a la ciudad de Lima, Provea tuvo la oportunidad de conversar con Carlos Rivera, investigador del Instituto de Defensa Legal (IDL) e integrante del Consorcio Justicia Viva, uno de los abogados con mayor protagonismo en el proceso judicial contra el ex presidente peruano Alberto Fujimori. El resultado ha sido un diálogo ilustrativo de la estrategia promovida por las ONGs peruanas en la década más dramática de su historia reciente, cuando el enfrentamiento entre el Estado y las organizaciones armadas arrojó un saldo de 80.000 víctimas, escenario complejizado por la presencia de un gobierno autoritario que contaba con el respaldo popular. La entrevista, sin dejar de establecer algunas similitudes entre la situación del Perú de los años 90 y la Venezuela actual, testimonia una experiencia de la cual pueden extraerse algunas enseñanzas para la defensa de los derechos humanos en todo el continente.

– Hay diversos analistas que han establecido semejanzas entre el estilo de gobierno de Alberto Fujimori y el de Hugo Chávez. ¿Cuáles crees que son las particularidades del fujimorismo que lo diferencian del bolivarianismo?
– Más allá de las similitudes, que muchos las han establecido acá entre Fujimori y Chávez, creo que hay un hecho que desde mi punto de vista marca una diferencia sustancial: La existencia de un proceso de violencia política armada en el Perú. Por mas que en términos de concentración del poder, el manejo autoritario del mismo y esas ganas de ejercerlo de manera casi dictatorial de uno y otro, el tema es la existencia de un conflicto armado suscitado por Sendero primero, luego por el MRTA, lo cual marca la diferencia y la termina signando la propia suerte del ex presidente peruano. Fujimori no solamente logra articular una propuesta neoliberal, apropiándosela al tipo al cual le había ganado las elecciones en los 90`s que es Vargas Llosa, sino que logra casi, literalmente de la noche a la mañana, ser el máximo representante de las políticas neoliberales tras el 8 de agosto de 1990, que es el momento en el que aplica el shock económico. Este es un momento en que decide parar la elevadísima inflación, lo cual fue un golpe a la economía brutal, pero en donde Fujimori logra un proceso de reordenamiento de la economía, desde una perspectiva liberal y de sus objetivos. Este es el hecho determinante para poner detrás de si a todos los liberales, pasando a ser el gran representante de esta propuesta económica. Aparece también con un liderazgo nato en términos políticos, pues no había nadie que le disputara ese liderazgo. Normalmente todo presidente lo suele tener, pero no existió en la década en que gobernó Fujimori un liderazgo político alternativo. Mas allá en lo que en su momento significaron 3 procesos electorales importantes, logra construir una figura política muy importante, y además bastante sólida. Hay que combinar esto con el tema que hay un proyecto político de por medio, una alianza con las Fuerzas Armadas, que tiene a Montesinos a su costado, que comienza a manejar el Estado sin ningún tipo de control. Por tanto resalto el elemento político. Fujimori logra hacerse de la estrategia contrasubversiva de los militares que desde un año antes de su llegada ya venían reformulando su estrategia, y se encuentra con el hecho de una mayor claridad en este sentido. El tremendo golpe de suerte que fue la captura de Abimael Guzman, jefe de Sendero Luminoso, Fujimori tiene la habilidad de presentar ese hecho, que era un éxito policial, como un éxito suyo. Y lo alabó todo el mundo diciendo que Fujimori era el que había derrotado a los subversivos. Eso es un poco, en términos gruesos, las habilidades y ventajas que saco Fujimori. Ahí es cuando comienza a tener importancia todo este ámbito de la subervsion y la contrasubversion. Fujimori, es cierto, encarna una corrección de la estrategia, no es uno de tipo radical o un abandono de los métodos de la guerra sucia.

– Si Fujimori significó una corrección de la antigua estrategia antisubversiva, ¿cuáles fueron las características de la estrategia anterior?
– Durante los años 80 es notorio que hay una estrategia de guerra que acá se denominó “tierra arrasada”. ¿En que se diferencia de la de los años 90? Que la de los 80 fue una estrategia en la que generalmente hay una serie de masacres a poblaciones, fundamentalmente de la sierra central del Perú, en la que aparentemente no hay ningún distingo de si es que hay terroristas o si no los hay. Verdaderamente matan a todos. Y hay un montón de casos, varios de ellos judicializados, que tienen esa característica. En términos de víctimas son bastante numerosos. Responde a una estrategia en la que los militares entendían que toda la población estaba comprometida, y por lo tanto a todos había que desaparecerlos. El cambio que se produce, a fines de esa década, es que hay una concepción diferente de la estrategia: la utilización de la inteligencia como elemento central. Hay documentos del ejercito que dicen “Esta guerra es 80% inteligencia y 20% operaciones”. Hay un cambio sustancial. No te dice que ellos vayan a dejar de desaparecer personas o ejecutarlas, en realidad los propios documentos autorizan que eso se haga, pero había que hacerlo en base a las reglas de la inteligencia, o sea hay que seleccionar gente y matarla. Eso es lo que encarna Fujimori, y él lo alienta de una manera decidida, como todo lo que hizo. Define toda una organización, la reorganización del aparato de inteligencia, el SIN, para estos asuntos de la contrasubversion pero también para otros asuntos: La persecución de políticos, el control del aparato de Estado, de las Fuerzas Armadas, del poder judicial, para todo eso sirve el aparato de inteligencia. Y eso es lo que Fujimori va construyendo, no a finales de su mandato, sino desde antes del golpe de Estado del año 1992. Por lo tanto allí hay un elemento muy importante que marca la historia de Fujimori: su rol y presencia en la lucha contrasubversiva.

Creo que también otro elemento que marca, y no se cómo se maneja en Venezuela, es el tema de la corrupción. Y son las dos cosas sobre las cuales, en buena medida, desde todos los sectores que estaban opuestos a Fujimori, desde el golpe de Estado del 5 de abril, fue una suerte definición de campos de actividad o de incidencia: derechos humanos y lucha contra la corrupción. Desde el año 92 son los que se pintan como los escenarios de la oposición, para llamarlo de alguna manera. Que son escenarios o temas que tienen la virtud de articular una serie de posiciones, que hoy están absolutamente contrapuestas, pero que en su momento decidieron reducir sus intereses políticos para generar cierto tipo de alianzas para reclamar sobre el tema, fundamentalmente en la corrupción. En el tema Derechos Humanos hay un hecho muy notable y que es un cambio importante en las Organizaciones No Gubernamentales, y es una suerte de ingreso a la adultez. Digo una adultez porque creo que las ONG´s nos encontramos con un fenómeno muy importante, que fue el de los inocentes en prisión, gente acusada por terrorismo, que no tenía nada que ver y de manera injusta estaba siendo procesada. Creo que es ese tema el que permite a las ONG´s, en un momento, salir de su parcela y las obliga a hacer campañas públicas por los casos. Mostrar otro tipo de campañas públicas nos permite un ingreso a los medios de comunicación. Ya no es solamente las revistas de las ONG´s, que siempre circulan sólo entre las ONG´s, sino a los grandes medios de comunicación. Eso nos permite tener no solo un nivel de llegada más público, más político, sino que nos permite un nivel de presencia en el sentido de la gran opinión pública, limpiando una falsa imagen que se había construido acerca de que las ONG´s eran el brazo legal de la subversión. Entonces empezamos a aparecer como instituciones que, efectivamente, son respetuosas de los derechos humanos, que están ayudando a gente inocente y al restablecimiento de la vigencia, defensa de los derechos y la legalidad.

Democracia y derechos humanos
– ¿Qué tan difícil fue revertir esa matriz de opinión que sugería otras motivaciones al trabajo de los grupos de derechos humanos?
– Ha costado muchos años. Hay muchas personas, que no son de las ONG´s sino de los medios de comunicación, que tenían cierta resistencia a asumir campañas que las ONG´s habían planteado. Pero es este tema de los inocentes en prisión el que permite romper estos tabúes, y nos permite tener un acercamiento mucho más directo y una capacidad de convencimiento mayor, que nos permite llegar a la gran opinión publica. Eso permitió que las ONG´s se convirtieran en un interlocutor válido, ya no solamente para las víctimas, sino para la sociedad en su conjunto. Ese tema también permite a las ONG´s ser un interlocutor valido frente a los graves temas de violación a los derechos humanos que venían ocurriendo en el Perú y eso permite, ya hacia el final del gobierno de Fujimori, que las organizaciones de DDHH tuvieran un asiento cuando se produce la mesa de dialogo entre el gobierno, la sociedad civil y los partidos políticos.

En medio de eso hay otro éxito que es por nuestra persistencia de hacer una articulación, que me parece que es decisiva en el caso de Fujimori, en que el tema de los derechos humanos es consustancial a la existencia de una democracia. Hay un mensaje muy persistente de las ONG´s en esa dirección, que además y por eso creía que no es solamente obra nuestra, es un mensaje que se asume desde diversos sectores político-democráticos que se va convirtiendo en un discurso político que va apareciendo más solidamente hacia el final del gobierno de Fujimori. Eso te dice que ha habido un transito y proceso de ir remarcando ese mensaje que finalmente ha dado resultados. Por eso al final del gobierno de Fujimori está el tema de los derechos humanos, de la corrupción, de democracia que es parte sustancial de los requerimientos y exigencias de cualquier grupo de oposición en ese momento. Todo va combinándose y hace una amalgama final, como las tres banderas principales de lucha contra ese gobierno. Por más habilidad y por más poder que tuvo, Fujimori no logra resolver y desarticular esa triple propuesta que venia desde las ONG´s, sociedad civil, partidos y medios de comunicación. Por lo tanto, en un primer diagnóstico, diría que esos datos son distintos al caso venezolano. Además tenemos que resaltar acá el rol de los medios de comunicación, que creo fue una batalla aparte, porque cumplió un rol fundamental por ser el espacio en el que se expresa todo este movimiento. Periódicos como La República, El Comercio, la revista Caretas; espacios de televisión que había en su momento…

– ¿Esos espacios comunicacionales existían a pesar del férreo control de Vladimiro Montesinos sobre los medios?
– Por eso lo considero que es una batalla aparte. En ese tema si hay un combate abierto dado por el Fujimorismo y define que el control de los medios de comunicación es un tema central de su gobierno, por lo que deciden dar una gran batalla. En primer lugar porque es uno de los mecanismos de control que deciden. Después lo convierten en parte central de las campañas de carácter psicosocial que van a definir, de parte central de los mecanismos de enfrentamiento a lo que se venia cuestionando, de limpieza a los temas de corrupción y derechos humanos y aparentar ciertas formas de democracia, al decir “la prensa me esta apoyando. Esa es una prensa de carácter privado, no estatal, y no pueden decir que yo controlo la prensa”. Pero era una prensa que había sido comprada. Este espacio central de batalla también ayudó a definir las cosas: la generación de un canal de Noticias “N”, al final del régimen Fujimorista es un tema decisivo. A pesar que era un canal de cable y que solo se veía en algunas regiones, fue decisivo que apareciera, porque ya el presidente tenía su propio canal de cable. Esos elementos son los que ayudan a definir la historia de Fujimori.

El enemigo común
– En el caso de las organizaciones de DDHH, ¿sufrieron obstáculos a su trabajo?, ¿el Estado desarrolló mecanismos de cooptación?
– Nos vimos fortalecidas. El dato de las organizaciones de DDHH ya viene desde antes. La Coordinación Nacional de Organizaciones de DDHH no surge con Fujimori sino en el año 85, por lo tanto esa alternativa política de las ONG´s de funcionar de manera articulada era un dato de la realidad antes. Hay una mayor cohesión con la existencia de Fujimori, y varios casos durante su mandato te dieron la oportunidad de actuar de manera cohesionada y conjunta. Por ejemplo en el tema de las personas injustamente acusados o condenados por terrorismo. Es un problema de tal magnitud que todas las ONG´s de DDHH nos vimos obligadas a meternos en él: acciones y propuestas conjuntas, espacio conjunto de trabajo y coordinación. Y así como ese tema, varios de los casos de violación a los DDHH ya se habían convertido en un espacio de trabajo conjunto, como el caso de Barrios Altos y otros casos, que se venían manejando entre 3, 4 o 5 instituciones. Había una experiencia de trabajo común, que con la aparición de un enemigo común, se unifica mucho más. Además un enemigo común que no tiene claro como enfrentar ese tema, que no define, porque no tenía capacidad de hacerlo, una política de entrismo o divisionismo, más allá de hacer actos de seguimiento u hostilización. Pero todos estos actos ayudaron más al proceso de unificación.

– ¿Los casos de amenazas a la integridad no obstaculizo el trabajo?
– En ningún momento. No han sido situaciones como las que se han vivido en otros países, por lo que a finales de la década de los 90´s tenemos un movimiento de DDHH completamente unificado, no tanto en una estructura como podía ser la Coordinadora, sino en un discurso político, una propuesta y en una agenda muy concreta por el tema de los derechos humanos y la democracia. Durante la década de Fujimori logramos construir y mantener casos de derechos humanos ya contra él mismo. Casos, para ser sinceros, en donde al inicio no aparecía Fujimori. En el caso de La Cantuta y Barrios Altos desde el primer día no fueron casos en donde se estableció que íbamos a juzgar al propio presidente. Su aparición es mucho después que el caso esta planteado y que está ante la Comisión Interamericana.

Después de la caída de Fujimori en mejores condiciones políticas, porque es un régimen democrático y que ha asumido las banderas de defensa de los derechos humanos y la democracia, lucha contra la corrupción. Además un gobierno de transición que creó una Comisión de la Verdad y un Sistema Anticorrupción, un momento político propicio para hacer rendir cuentas al pasado, pero esa es otra historia.

– ¿Qué nivel de dialogo tenían con el Estado en aquel momento?
– Hubo un momento de diálogo importante. Frente al caso de inocentes en prisión, yo diría que es el tema en donde más hemos confrontado con el Estado, pero en donde más se dieron puentes de diálogo. Solamente en el Instituto de Defensa Legal hemos tenido entre 800 y 900 casos de personas que hemos podido liberar de prisión. Así también hay otras ONG´s que han logrado los mismos éxitos. También hemos tenido años de trabajo litigando en esos temas. Este tema coloca varias posibilidades de trabajo: 1) Presentar propuestas legales al Congreso controlado por Fujimori, que sí aceptaba propuestas legales de modificación de su ley antiterrorista. En donde tienes a un presidente que acepta conformar una Comisión Ad Hoc de indultos presidenciales, presidida nada menos por un padre belga de nombre Hubert Lanssiers que era el representante del Presidente de la República, pero que era además la persona más vinculada a las ONG´s de DDHH. Y que a partir de eso se establece una línea de dialogo con el ejecutivo. Fujimori es el presidente que mas indultos tiene en casos de terrorismo, más que Paniagua y Toledo sumados. Por lo tanto si hay la combinación de una estrategia, de abierta confrontación con el Estado, específicamente con el sistema de administración de justicia, con modificaciones legales, en el tema político, mediático y de incidencia, una batalla en todas las dimensiones posibles de hacerlo, pero que no niega un diálogo y un punto de acercamiento con el ejecutivo. La Comisión fue la expresión más saludable de que, a pesar de todo, había un nivel de apertura.

– Sin embargo ustedes caracterizaban al gobierno de Fujimori, en ese momento, como una dictadura abierta. ¿Eso no entorpecía las relaciones?
– No las entorpecía. Pusimos por delante el hecho de decir “Oye, acá o logramos el objetivo de que esta gente salga de prisión o simplemente nos olvidamos del asunto y vamos a seguir litigando eternamente este tema”. Creo que la reflexión de las ONG´s fue priorizar de manera práctica los intereses de la gente por la que estábamos trabajando. No politizar de mala manera el asunto, sino en términos correctos. Dijimos “vamos a entrar en el terreno de la política, no partidaria, pero si de la política, intentando tener logros concretos”. ¿Qué logros eran esos? Tener victorias en los tribunales, ir al Congreso controlado el 80% por Fujimori y hacer modificaciones a las leyes que ellos mismos habían creado, tener una Comisión con una persona muy amiga, representante del Presidente de la República, pero que representaba una posibilidad de dialogo importante. Tener a una Defensoría del Pueblo que acababa de ser creada en el año 96 y que abría posibilidades de actuar esos temas también. Se actuó de la manera políticamente correcta, bajo la posibilidad de lograr objetivos concretos en una batalla que sabíamos que iba a durar años.

– ¿Aun quedan casos de inocentes en prisión?
– Muy pocos. Es un tema que ha comenzado a cerrarse en el año 2003, 2004. En términos mas graves fue en el año 1998. Ha sido el trabajo de una década, que alcanzó su mayor intensidad cuando Fujimori estaba en el poder y que era la máxima expresión de la política antisubversiva.

– ¿Cómo definieron las estrategias para exigir la libertad de inocentes por falsos cargos de terrorismo?
– Fuimos aprendiendo en el camino. Cuando surgió el problema no sabíamos que hacer. El primer punto de decisión era que había que meternos de cabeza en ese tipo de casos. Poco a poco las ONG’ s fueron cambiando la temática de su trabajo legal. En nuestro caso al inicio de los 90s teníamos casos de DDHHde los años 80´s, algunos casos de terrorismo, casos de libertad de expresión, casos de derecho penal y laboral. Llegado este problema poco a poco vamos priorizando, casi a un nivel absoluto, los casos de inocentes en prisión. Lo otro lo vamos apartando y reduciendo. Al año 92 o 93, te diría que el 95% de nuestras actividades en términos legales es la defensa de esos casos, con lo que habíamos variado sustancialmente, y nos dedicamos de lleno a ese tema. No solamente los equipos legales, sino que comienza a involucrarse el conjunto de la institución. Poco a poco comenzamos a contratar más abogados y nos vimos en la necesidad de presentar públicamente los casos. Allí comenzamos a dar nuestros primeros pininos en cómo llegar a los medios de comunicación, que en realidad era una experiencia muy limitada la que habíamos tenido. Poco a poco comenzamos a ganar espacio en los medios y de hacernos de una lista de periodistas que sabíamos eran sensibles al tema. Aprendimos a presentar historias concretas, caras y familias que son la expresión de ese caso. Comenzamos a analizar legalmente las situaciones, a ofrecer análisis no solamente de los casos sino de la normatividad legal. Comenzamos a desarrollar una serie de aprendizajes que nos van dando el manejo de una situación. Eso nos permite no sólo llegar a los medios sino a convencer de la necesidad de que a pesar de todo el escenario, de un Fujimori dictador en abril del 92, ir avanzando en proponer alternativas y cambios muy concretos. Esto no se vio de la noche a la mañana. Los primeros cambios de la legislación se dan hacia el 95, de una legislación del año 92. Hay un buen tiempo en el que vamos machacando, y acudimos ante instancias internacionales y realizamos alianzas con ONG´s internacionales. Nos da la posibilidad de comenzar a aprender a palanquear la actuación de embajadas y representantes diplomáticos. Ya tiene una línea de actuación en ese tema, que no es solamente lo legal sino una gama grande de líneas de intervención. Se logra generar una corriente de opinión pública de que existe un gran problema, y se logra hacer retroceder al presidente de la república hasta el momento que en el año 96 el afirma que hay grandes errores en el poder judicial. Era un poder judicial que tenia jueces sin rostro, creados por él además. Pero Fujimori admite públicamente que hay un problema, lo que fue un logro político importantísimo.

La Defensoría del Pueblo como aliado
– ¿Cómo establecieron el trabajo conjunto con los partidos políticos, entendiendo que ellos tienen su propia agenda?

– La propia situación de un Fujimori avasallador en la política, que les había quitado sus banderas políticas, su plan de gobierno, su propuesta económica. Si algún grupo quería ser derechista Fujimori era más derechista. Si alguno quería ser radical frente a la subversión, Fujimori era mucho más radical. Fujimori, frente a los políticos y los partidos, demostró que podía ser mucho más que lo que ellos pregonaban, más allá de ese discurso liquidador de Fujimori frente a los partidos. Ese tema que ellos son los políticos y el era el pragmático, que ellos eran los tradicionales y el era renovador, eso fue liquidador. Por eso en ese momento hay una suerte de reducción de tu programa máximo. Si quieres conquistar el mundo hay un proceso de reducción, que permite un nivel de acercamiento entre ellos porque hay un enemigo común. En algunos líderes de partidos hay un reconocimiento sincero que el tema de derechos humanos y corrupción era consustancial con la vigencia o no de la democracia. Eso permite establecer puentes de vinculación con los grupos políticos. Es a partir de este discurso general, no de los casos concretos. En realidad creo que eso nunca logramos encontrar un respaldo tácito, decidido, expreso de los grupos políticos a los casos en concreto, salvo de algunas personas en el Congreso. No de casos de inocentes de prisión, menos de casos de graves violaciones a los derechos humanos. Excepto congresistas de izquierda, que siempre estuvieron muy proclives a estos temas.

– ¿Cuál fue el papel de la Defensoría del Pueblo en aquellos años?
– Fue un aliado muy importante. Se creó con la Constitución del año 1993 –promovida por el propio Fujimori- y en términos reales comenzó a existir desde la designación de Jorge Santiesteban el año 1996. Su primer gran trabajo en la Defensoría fue hacer la secretaria técnica de la comisión ad hoc de indultos presidenciales. De allí la Defensoría marcó una línea de intervención notable en el tema de DDHH. Si se trataba de hacer un listado de aliados la Defensoría estaba siempre al inicio. Nos parece que la persona que fue elegida como Defensor marcó la diferencia. Siempre nos hemos preguntado si el Congreso Fujimorista sabía a quien estaba eligiendo. Capaz su intuición era que eligiendo a una persona como Santiesteban, que venia de ser un funcionario durante mucho tiempo en Naciones Unidas, un tipo con buena trayectoria académica pero sin ninguna vinculación con la política peruana, quizás eso les dijo que no lo iban a confrontar, mostrando a alguien con gran experiencia y que legitimara la democracia. El asunto es que Santiesteban cumple un rol central en la colocación de la Defensoría como una institución clave de la restitución de la democracia.

El juicio contra Fujimori
– ¿En que momento empiezan a enfilar la estrategia jurídica sobre la figura del propio Fujimori?

– Ya en su segundo gobierno, el de la reelección, el asunto comienza a perfilarse de una manera mas clara. Tanto en el asunto de derechos humanos como en el tema de corrupción. Ya hay muchos casos, mucha información, muchas denuncias y todas comienzan a apuntar a una sola persona, la cual al costado tenía a Montesinos. Eso con el transcurrir del tiempo, del año 96,97, 98, el tiempo va decantando la responsabilidad. Si las cosas al inicio de ese período aparecían más difusas, ya cada vez mucha más gente se iba convenciendo de que eso no era así. Al final del gobierno, año 98, 99 no hay ninguna duda de que Fujimori es el eje del poder, y que era la persona que tomaba todas las decisiones.

– ¿Cuál es la acusación que logra que Fujimori fuera extraditado?
– En realidad no es una sino varias. Fujimori se escapa y eso dio inicio a un proceso de extradición, primero con Japón. Esto fue un proceso que duró entre 2 y 3 años y que si hubiera durado 50 años no hubiera pasado nada. Ya para noviembre del año 2005, que es cuando Fujimori decide ir a Santiago ya existen 19 causas judiciales contra él, de las cuales me parece que eran 13 de corrupción y DDHH. Iniciado el proceso de extradición esas 19 se convierten en 13, que son las causas que se envían a Chile, 7 de derechos humanos. De ese total se terminan concediendo 7. En todas Fujimori ha sido condenado: Caso de allanamiento, Barrios Altos, La Cantuta, secuestro de de Igorriti y casos de corrupción. Ahí Fujimori ha tenido una derrota absoluta en tribunales, pero ha sido como consecuencia de que los casos han sido bien trabajados, con evidencia suficiente, y era imposible que de eso se librara.

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