Justo como el cielo, The Cure

“Muestrame, muestrame, muestrame como haces ese truco,
el que me hace gritar” ella dijo.
“El que me hace reir” ella dijo, y tiro sus brazos alrededor de mi cuello.
“Muestrame como lo haces, y te prometo,prometo que,
escapare contigo, escapare contigo”.

Dando vueltas en ese vertiginoso precipicio,
bese su cara y su cabeza,
y soñe sobre todas las formas diferentes que tenia para hacerla brillar.
“¿Por qué estas tan lejos?” ella dijo,
“Por qué jamas sabras que estoy enamorada de ti, que estoy enamorada de ti”.

Tu,suave y unica,
tu, perdida y sola,
tu extraña como los angeles,
bailando en los oceanos mas profundos,
chapoteando en el agua, eres como un sueño.

La luz del dia me dio una forma,
debi haber estado dormido por dias,
y moviendo mis labios para respirar su nombre,
abri mis ojos.
Y me encontre a mi mismo solo,solo,
solo sobre el creciente mar,
que robó a la unica chica que ame,
y la ahogó en lo profundo de mi.

Tu, suave y unica,
tu, perdida y sola,
tu, tan solo como el cielo.

Caficultores del país exigen precio justo al gobierno


Jorge Luis Angulo no es un oligarca ni un terrateniente. Toda su vida ha sido un campesino que ha vivido de la siembre del café. Desde hace 18 años forma parte de la organización “Justicia por una mano amiga”, que defiende los derechos humanos en Chabasquén, estado Portuguesa. Recientemente el y sus pares estuvieron en Caracas para pedirle al Ministerio de Tierras precios justos para su producto, pues el actual precio no cubre los costos ni deja beneficios para miles de familias que viven de la siembra del café. Escuchen su testimonio a continuación:

http://www.ivoox.com/declaraciones-jorge-luis-angulo_md_409021_1.mp3″ Ir a descargar

Desde Lara sistematizan y divulgan la reflexión popular sobre la impunidad en el país (II)

Rafael Uzcátegui

En un artículo anterior resaltábamos la especificidad del reciente libro “Impunidad policial en Venezuela 2000-2009” del investigador y miembro del Comité de Víctimas contra la Impunidad de Lara Pablo Hernández Parra. En esta oportunidad queremos comentar parte de su contenido.

Hernández comienza su argumentación caracterizando el problema de la violencia en Venezuela con los datos disponibles: “En 1976 se cometieron 1.028 homicidios en todo el país, estos crecieron hasta alcanzar los 4.550 en 1998. En 23 años la tasa de homicidios pasa de un 7,95 % en 1976 a 19,43 % en 1998. Para finales del siglo pasado la violencia social en Venezuela se había convertido en un problema de salud pública al superar la tasa de homicidios el 12%, nivel según el cual, un país o región enfrenta un grave problema de violencia. A partir de 1999 esta tendencia experimenta un salto, los homicidios pasan de 4.550 en 1976 a 16.047 en el 2009 y la tasa aumenta vertiginosamente de un 19,43% a un 56,54%”. El investigador hace en consecuencia dos preguntas claves: “¿Cómo explicar que en 23 años la tasa de homicidios creció en un 250% y en tan solo 10 años esta tasa prácticamente se triplica?, ¿Qué ha ocurrido en diez años para que se disparen de esta manera la violencia y los homicidios en Venezuela, cifra que no tiene comparación con situaciones similares o peores vividas en otros países del continente?

El autor comienza a trazar el mapa de la desprotección en el país haciendo una afirmación gruesa: “El poder del Estado es ante todo tener impunidad”. Citando números oficiales, revela que “en el año 1998 por cada 100 homicidios se detenían a 110 sospechosos o imputados, pero en el año siguiente las detenciones bajaron a 58, en el 2000 descendieron a solo 18 detenciones por cada 100 homicidios cometidos, hasta llegar a la insólita cifra de 9 detenciones por cada 100 homicidios con la que cerró el año 2009”. La conclusión es tajante: “Según estas cifras el grado de impunidad es del 91 %, lo que significa que los asesinos en Venezuela, tienen por cada 100 homicidios el 91% de probabilidades de cometer un “crimen perfecto”, por cuanto ni siquiera serán detenidos y menos juzgados”.

Pablo discute, acompañado de las cifras, la afirmación que reza que el aumento de la violencia se encuentra aparejado a la disminución de funcionarios policiales activos: “En 1990 existían sólo 22 policías uniformadas, las 101 restantes fueron creadas posteriormente. Este incremento fue consecuencia del proceso de descentralización (…) La tasa policial para Venezuela es de 281 policías cada 100.000 habitantes. No obstante, la tasa asciende a 457 si toma en consideración a los funcionarios de la Guardia Nacional, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminológicas y el Cuerpo de Vigilantes de Tránsito Terrestre (…) En 1990 existían 22 cuerpos policiales en el país, que se incrementaron a 95 en el 2003, luego aumentaron a 114 en el 2005, llegando a 123 en el 2008. En ese periodo el número de cuerpos policiales en Venezuela se multiplicó en 5,6 veces”.  Ante el incremento de los cuerpos policiales en el país, aparejado con el aumento del número de homicidios, es evidencia suficiente -para el activista- sobre el fallo de la concepción meramente represiva para la disminución de la inseguridad y la violencia. Al contrario,  recuerda las propias estadísticas oficiales donde se reconoce la alta cifra de funcionarios vinculados a hechos irregulares, haciendo un cálculo sobrecogedor: de cada mil policías identificados en delitos de violación de derechos humanos sólo uno será detenido e investigado.

Ante lo anterior Hernández rechaza la tesis que pone el énfasis en la política de educar y formar a los cuerpos policiales y militares en valores humanistas como panacea a la inseguridad. Leamos su argumento: “Aunque entre los estados pilotos de estos programas están Anzoátegui, Distrito Capital, Aragua, Zulia, Táchira, entre otros, estas entidades federales siguen encabezando las listas de ejecuciones policiales en el país”.

Mediante cuadros, análisis y reflexiones el miembro del Comité de Víctimas contra la Impunidad de Lara sostiene que las políticas aplicadas en materia de inseguridad y la actuación de los funcionarios policiales y militares no sólo han sido cuestionables en los órganos nacionales y regionales del oficialismo, sino también en las gobernaciones y alcaldías identificadas como de “oposición”. Para el activista han sido tristemente ejemplificantes las actuaciones de mandatarios locales como Tarek William Saab, Didalco Bolívar, Eduardo Manuitt y Manuel Rosales.

Reiteramos que la gravedad de la inseguridad ciudadana, la violencia y la impunidad ya no resisten explicaciones banales, superficiales o conspirativas. Las medidas para revertirla surgirán de un análisis riguroso del país que hemos sido y del proyecto de futuro que construiremos entre todos y todas, sin exclusiones. Algunas voces comienzan a sistematizar sus reflexiones, como en este caso un actor social que desde el año 2004 acompaña a las víctimas y denuncia las situaciones en el estado Lara. En la próxima entrega la última parte de los aspectos a resaltar de la investigación “Impunidad Policial en Venezuela: 2000-2009” de Pablo Hernández Parra. (Correo del Caroní, 25.10.10)

El nóbel de Literatura y Vargas Llosa

Hay veces que la mejor opinión es el silencio. En los días pasados leí demasiados artículos tristes y lamentables de personas, algunos se llamaban a si mismos escritores, que intentaban demostrar que Vargas Llosa no se merecía el Nóbel de Literatura que la Academia Sueca tuvo a bien entregarle este año. La mayoría le endilgaba una cantidad de adjetivos que no voy a discutir aquí, pero que tenían más que ver con sus posturas políticas que con su obra literaria, como si fuera que le estuvieran galardonando con el Premio Carlos Marx al progresista del año. Muchos de mis conocidos, recuerdo, me han dicho ene veces que no leen al peruano “por derechista” y yo lo lamento, por ellos y por su universo literario particular. Para mi es tan equívoco como quien dice que no escucha a Celia Cruz por “anticastrista” y “reaccionaria” -y al escuchar esto para mis adentros siempre recuerdo que una cosa como la Fania, que ellos no discuten y adoran, por diferentes razones, sólo fue posible en Estados Unidos-.

Afortunadamente, gente que respeto sabe diferenciar las cosas y a pesar de no compartir el liberalismo económico del autor de La Fiesta del Chivo, no dudan un ápice en reconocer que razones literarias sobraban para quitarse el sombrero ante Vargas Llosa. Por ejemplo, el iconoclasta Domingo Alberto Rangel (¿hay que aclarar que “padre”?) en una divertida entrevista reciente que pueden leer ACA. Un segundo caso a resaltar sobre el tema ha sido el autor de una de mis novelas favoritas sobre la Guerra Civil Española, cuya adaptación al cine por cierto corrió con mucha fortuna, para gracia de los cinéfilos, el cine y la propia literatura: Javier Cercas, de “Soldados de Salamina”. Agradezco a Kami por hacerme llegar el texto, que comparto a continuación:

La izquierda y Vargas Llosa
JAVIER CERCAS
17/10/2010

http://www.elpais.com/articulo/opinion/izquierda/Vargas/Llosa/elpepiopi/20101017elpepiopi_4/Tes

Ahora que han pasado unos días desde la concesión del Nobel a Mario Vargas Llosa ya podemos decir lo obvio: el premio tiene la importancia que tiene, pero nada más. Nada más, claro está, para la obra de Vargas Llosa, a la que ni quita ni añade una coma, no quizá para sus lectores ni para la Academia Sueca, que a juicio de muchos lo necesitaba con urgencia: al fin y al cabo, desde el punto de vista estrictamente literario este premio solo es, como ha dicho Rodrigo Fresán, un retorno a la cordura. Así que, aunque el Nobel no cambie en nada lo esencial, al menos hay que celebrar ese retorno; un retorno que, además, ha provocado interesantes efectos secundarios. Por ejemplo, la alegría indisimulable de los lectores corrientes de Vargas Llosa, muchos de los cuales parecían recién salidos del armario tras un largo encierro: de hecho, a ratos daba la impresión de que a todos les hubieran dado el premio, y de que para ellos sí era importante. No es algo tan frecuente, desde luego; no es algo que yo notara por ejemplo cuando se le conceció el Nobel a Cela, cosa que puede deberse solo a que los méritos literarios de Cela no son equiparables a los de Vargas Llosa, y no necesariamente a que esos lectores sintieran que Cela era un hombre opuesto a Vargas Llosa en casi todo, pero sobre todo en esto: aunque casi siempre pareció nadar contra corriente, Cela siempre o casi siempre nadó a favor de la corriente. Ese es otro de los efectos secundarios que ha tenido el premio: ha mostrado de nuevo que, aunque a algunos les parezca que nada a favor de la corriente, Vargas Llosa siempre o casi siempre ha nadado contra corriente.

Uno de los comentarios que más hemos leído estos días en los periódicos a propósito del nuevo Nobel ha sido el siguiente: “Admiro sus obras, pero no siempre comparto sus ideas”. Dicha así, la frase es extraña, o a mí me lo parece: si ni siquiera comparto siempre mis propias ideas, ¿cómo voy a compartir siempre las de otra persona? Pero en el fondo todos sabemos que la salvedad alude a algo distinto: al hecho de que Vargas Llosa es considerado, en tanto que intelectual -es decir, en tanto que escritor que interviene con sus escritos en la cosa pública-, como un conservador, como un hombre de derechas, si no como un reaccionario o como un autoritario. La prueba es que los matices a su premio siempre los ha puesto la izquierda, mientras que la derecha lo ha recibido como un premio a uno de los suyos; mejor prueba aún es el hecho de que esa reputación es la causa más probable de que la Academia Sueca solo le haya dado este año un premio que merecía desde hace 30. Pues bien, lo que habría que decir de entrada sobre este asunto es que, sea o no un intelectual de derechas, Vargas Llosa es un intelectual singular. Primero porque siempre ha servido a las causas que defiende y nunca se ha servido de ellas. Segundo porque siempre está dispuesto a contrastar sus ideas con la realidad y, si la realidad lo exige, a rectificarlas. Tercero porque en su evolución política desde las simpatías revolucionarias de su juventud hasta el liberalismo actual hay una coherencia profunda, como comprobará quien se dé el gusto de leer los volúmenes sucesivos de Contra viento y marea, donde entre otras cosas hallará una descripción razonada de esa trayectoria y, por ahí, un instrumento indispensable para entender la vida intelectual de los últimos años. Y cuarto -esto es un corolario de lo anterior, y quizá también lo más importante- por una cuestión digamos de estilo. Como pensador, como polemista, Vargas Llosa es un liberal de verdad: nunca confunde, según diría Alejandro Rossi, un error intelectual con un error moral; es decir, nunca ataca a las personas sino a las ideas de las personas -nunca considera que un hombre equivocado es un hombre inmoral-; y, cuando ataca las ideas, nunca lo hace caricaturizándolas, es decir debilitándolas, lo que en un pensador es síntoma de intolerancia y de impotencia, cuando no de vileza, sino exponiéndolas con la máxima fuerza, rigor y nitidez para luego lanzarse a refutarlas en buena lid y en campo abierto. Esto no es de derechas ni de izquierdas, ni reaccionario ni progresista: esto es algo que está mucho antes que todo eso y se llama honestidad y coraje.

Pero hay más. El mejor artículo sobre Vargas Llosa que he leído tras la concesión del Nobel apareció en este periódico y lo firmó Juan Gabriel Vásquez, que no en vano es un heredero legítimo de Vargas Llosa (háganse un favor y compruébenlo leyendo su novela Los informantes). El artículo se titula El malentendido Vargas Llosa y, como corre el riesgo de haber quedado enterrado entre la hojarasca que hemos publicado otros, me permitiré recordar su contenido. Vásquez sostiene que solo quien no ha leído a Vargas Llosa o lo ha leído con anteojeras puede afirmar que es un intelectual de derechas o conservador, no digamos reaccionario o autoritario, porque la verdad es que “pocos como Vargas Llosa han defendido las ideas que la mejor izquierda ha reclamado tradicionalmente para sí”. No solo lo ha hecho en sus novelas, furiosos alegatos contra el fanatismo, contra el autoritarismo, contra el militarismo, sobre todo contra los abusos del poder; también lo ha hecho en sus ensayos y artículos, donde ha defendido la libertad individual, el derecho al aborto, la igualdad para los homosexuales, la legalización de la droga y donde ha atacado el nacionalismo de cualquier especie (y no solo, paisanos catalanes, el nacionalismo catalán). Por supuesto, no todas las ideas de Vargas Llosa -y en particular su liberalismo económico, por cierto menos radical y desde luego mucho menos ingenuo y más elaborado de como lo pintan sus detractores- parecen inmediatamente útiles o aceptables para la izquierda; pero lo que me parece seguro es que es imposible que la izquierda salga del atasco ideológico y la consiguiente parálisis práctica en que lleva mucho tiempo metida si no es capaz de discutir con seriedad ideas como las de Vargas Llosa, si no deja de demonizarlas sin esforzarse en entenderlas, si no olvida sus nostalgias autoritarias y su complacencia con tiranías y nacionalismos, si no acepta sin resignación que no hay justicia sin libertad y no entiende con entusiasmo que la democracia debe conseguir que libertad y justicia, esas dos verdades contradictorias -por usar la expresión de Isaiah Berlin que aprendimos en Vargas Llosa-, acaben conviviendo con armonía. Regalarle Vargas Llosa a la derecha es un pésimo negocio para la izquierda, igual que fue un pésimo negocio regalarles Orwell y Camus, que nunca quisieron saber nada de la derecha. De ahí, me parece, vienen muchos de los males del pensamiento de la izquierda: de su sectarismo, de su rigidez, de su miedo a salirse del camino trillado, de su miedo a afrontar la realidad como es para cambiarla, de su miedo a la izquierda autoritaria, obsoleta, fracasada y cerril que parece la mala conciencia de la mejor izquierda. En cuanto a mí, solo diré que si la izquierda no es capaz de atender a las razones de Vargas Llosa y hacer suyo lo que tiene de izquierdista -igual que si no es capaz de hacer suyo lo que tienen de izquierdistas Orwell y Camus-, que empiece a pensar en borrarme de la lista.

La autogestión y el apoyo mutuo son más fuertes que la oscuridad

Durante el domingo 17.10.10 la Organización Nelson Garrido (ONG) participó, con un puesto profondos, en el mercado “Corotos Cul” de la Plaza Alfredo Sadel de Caracas. Semanas antes habíamos convocado a nuestros amigos, amigas y cómplices a que nos donaran cosas para colocar en el stand. La respuesta fue cálida y entusiasta. Las paredes del número 5 de la Carmencita arroparon los aportes grandes y pequeños de decenas de manos solidarias. Gracias a ellos pudimos abarrotar un mesón en la zona verde del mercado, con el que recolectamos una suma generosa que nos ayudará en los gastos corrientes de la ONG en estos meses de crisis. A todos y todas, convencidos de la valía de un espacio independiente para la cultura, la imagen y el deseo político en una ciudad como Caracas, muchísimas gracias. Su desinterés hace que nos lata con más fuerza el pecho.

Antes que acabe el año seguiremos inventando respuestas al desierto y la modorra. Quizás convoquemos a una nueva jornada de donación de tesoros con forma de cacharros, quizás a una cata benéfica, con seguridad a una nueva conspiración de la esperanza. A pesar de la tormenta, tenemos el viento a favor. Y la amistad de mucha gente valiosa, que por si sola ya es demasiado. Nuevamente gracias

Organización Nelson Garrido

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Errores y derecho a réplica

A raíz de una información inexacta circulada por Provea en listas de e-mail, Tal Cual publicó en su sección “Por mi madre”, la nota titulada “Censura CCS”. Ratificamos que el error por esta noticia incierta es responsabilidad íntegra de Provea y no del equipo de Tal Cual. Reiteramos nuestras excusas, tanto con el periódico como con sus lectores y lectoras.

Resumimos: Publicamos del autor un texto de opinión que calificaba como inaceptable el ejercicio parlamentario de José Sánchez “Mazuco” y Roger Cordero Lara por su vinculación con violaciones a los derechos humanos. Días después,  el mismo artículo idéntico en puntos y comas, fue divulgado por el diario impreso de la Alcaldía Libertador, Ciudad CCS, pero sólo con las referencias al primero y obviando a Cordero. Provea realiza un permanente monitoreo de medios sobre los temas que trabajamos y durante años sobre la Masacre de Cantaura. Ante la realidad, comprobable, de la exigua divulgación del matutino de las denuncias sobre el aval a la impunidad otorgado por el PSUV al postular a uno de sus autores materiales, nuestra conclusión fue “Ciudad CCS recortó el artículo”. Armamos un texto donde incorporamos ambos escritos y lo circulamos entre correos conocidos. Al enterarnos que el recorte era obra del propio autor, inmediatamente asumimos el error e informamos lo sucedido en nuestro sitio web conversando, además, con el director del periódico para expresarle nuestras disculpas. Al día siguiente, Ernesto Villegas publica el texto “La mentira de Provea contra Ciudad CCS” donde nos reclama el error y extrapola algunas consideraciones que debían ser aclaradas.

El 14.10.10 remitimos un derecho a réplica, lamentando y reconociendo nuevamente el error  producto del análisis a la escasa cobertura en la vinculación Roger Cordero y la Masacre de Cantaura, y exhortando a un trato equitativo en beneficio de las víctimas. El 15.10.10 la réplica no solamente fue mutilada, su director, la publicó añadiéndole comentarios bajo el nombre “Crónica de un infundio anunciado”, desvirtuando la naturaleza del escrito y, a su vez, haciendo señalamientos contra Tal Cual. La réplica puede consultarse en http://www.derechos.org.ve/proveaweb/?p=7465

A la pregunta de diversos emails y llamadas telefónicas acerca de si hubo autocensura para complacer la línea editorial del diario, sólo su autor puede responderla con propiedad. Personalmente puedo agregar lo que he aprendido en Provea: 1) La visibilización y defensa de las víctimas es prioridad y nunca matizaremos nuestro discurso para complacer a medios de comunicación y 2) Utilizaremos un lenguaje cónsono y enaltecedor de los derechos humanos. De los errores se aprende. Los actos hablan por si solos. La interpretación realizada sobre el derecho constitucional a la réplica es suficientemente reveladora sobre el “periodismo necesario”. (Tal Cual, 20.10.10)