Crónica de un jueves templado de emociones

Yadid hablando, por primera vez, con un Rubén libre

 

En medio de la concentración convocada a la Fiscalía, el miércoles 02.03.11, para rechazar la sentencia contra Rubén González, nos enteramos que Yadid, esposa del sindicalista, venía para Caracas. Su primer destino era la vigilia de estudiantes en la OEA. Después de varias llamadas, pudimos dar con su número, y contactarla para ponernos a la orden para cualquier apoyo durante su estadía en la capital. Su hija nos comenta que el objetivo era denunciar la ignominia por todos los medios posibles, así que comenzamos a llamar a periodistas, amigos y conocidos, para armarle una agenda de visita a periódicos, radios y estaciones de televisión.

Mariana Bellalba, amiga y compañera abogada de Espacio Público, logra una entrevista con William Echeverría para el día siguiente, jueves 03, a las 10 y 30 de la mañana. Quedamos en irla a buscar temprano por las inmediaciones de la OEA, sin embargo, terminamos recogiéndola cerca de Plaza Venezuela. De allí a Globovisión. El programa sería grabado y transmitido posteriormente. El estudio 2 de dicho canal enciende su luz roja, debo apagar mi celular. Mientras que un William, muy cordial como es su costumbre, dialoga con Yadid acerca de su testimonio personal como compañera y madre.

A Marianna le llega el primer mensaje de texto anunciando lo que en el momento nos parecía inaudito: La liberación del sindicalista. Me lo enseña y le comento, desconcertado, que hay que confirmarlo. Llegan mas mensajes, y citan como fuente a Oscar Murillo, jefe de redacción del diario Correo del Caroní. Ahora sí nos parecía verídica la información. A punto de empezar el tercer negro, nos levantamos para parar la grabación. De todas maneras decimos que hay que confirmar la noticia. Salimos del aire acondicionado y llamamos a Murillo, quien nos atiende y nos reitera la buena nueva. Yadid está paralizada, la abrazamos. La grabación se reinicia con una tónica diametralmente distinta. Marianna y yo tecleamos frenéticamente los celulares.

De la Florida bajamos a La Guaira para que Yadid abordara el primer vuelo que la llevara, sin escalas, al aeropuerto de los brazos de Rubén. Llegamos con un caucho desinflado, pero con el corazón hinchado. La compañera del sindicalista es una mujer humilde de valores sólidos, con lúcida intuición de las fuerzas invisibles que se han apoderado del país. Por fin logramos que abordara el vuelo de las 6, en un aeropuerto atiborrado de temporadistas. Nos abrazamos, con la promesa de visitarlos a Ciudad Piar y disfrutar de la generosa hospitalidad familiar.

Como pocas veces, me sentí muy orgulloso de mi trabajo. A la vuelta, el atardecer en el litoral me parecía violentamente hermoso, un lindo final para una semana que había comenzado con sabor a tragedia. Y aunque todavía falta conseguir la excarcelación plena de Rubén, su declaración de inocencia, la reversión de la pena del resto de luchadores sociales criminalizados y la derogación de los artículos que penalizan la protesta, nada más preciado que la libertad.

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