Historias en vinil: Bauhaus “1979-1988”

En el año 2007 tuve la oportunidad de viajar a Sao Paulo, Brasil, a un evento organizado por la ONG Conectas para sensibilizar a las organizaciones de derechos humanos de la región acerca de un posible e inminente fraude en las elecciones en Zimbabwe. El viaje de ida, con escala, fue un dolor de cabeza, asi que llegué cuando la sesión tenía bastante rato de iniciada y los delegados y delegadas del país africano habían hecho su exposición y respondido las preguntas. El lomito del evento pues. Así que poco pude aportar a la segunda sesión, salvo el compromiso de alertar a las autoridades venezolanas, que como era conocido con muy buenas relaciones con el presidente XX, y a la opinión pública acerca de las graves denuncias acerca de las violaciones de derechos humanos en Zimbabwe y las probabilidades de un certamen electoral amañado y poco transparente. Aquello se hizo bastante a medias, imbuidos los criollos y criollas en una de las vueltas de tuerca de la agria disputa política por la hegemonización del país.

Tras dos días hospedado en las orillas de la céntrica Avenida Paulista, alargué mi estadía para visitar, fugazmente, a compañeros libertarios en la periferia de la ciudad. La primera parada fue al suburbio obrero de Santo André, famoso porque era la cuna de buena parte de la militancia del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), incluyendo al presidente Lula da Silva. Mi primera parada fue la Casa de la Lagartija Negra, un espacio ocupado por un puñado de chicos y chicas anarquistas muy simpáticos y acogedores, en donde debía dar una charla sobre Venezuela. Tras la prueba superada dormí una noche en casa de Mauricio, un compañero alto y de pelo castaño con una afición intensa al fútbol y la música punk a partes iguales y que, debido a sus incursiones en Argentina, hablaba un portuñol bastante aceptable. En 24 horas XX me transmitió una manera diferente de ver al fútbol, pues era uno de los animadores de un equipo de balonpié integrado por anarcopunks, el Autonomos Futbol Club, que sopesaban la ausencia de estrategia en el campo con el entusiasmo y un uniforme a la usanza de la bandera anarcosindicalista. A toda regla, el combo estaba inscrito en una liga menor, y tuve la suerte de verlos en acción en una de las disputas eliminatorias. Desterrado el espíritu competitivo, el equipo estaba pensado para disfrutar de la camaradería del juego, por lo que el combinado no tenía una plantilla fija, sino que variaba de acuerdo a los deseos de la pandilla que orbitaba a su alrededor. Esa vez perdieron por goleada, pero festejaban cada tanto dentro de su arco como propio, y no perdían la oportunidad para cantar, abrazarse y desfilar como orgullosos bólidos dentro de la cancha. Lamenté mucho el haber saltado el Amazonas sin una cámara fotográfica para inmortalizar aquella inolvidable puesta en escena. Para completar el cuadro, debo agregar que Mau tocaba en la banda punk “Fora de Jogo”, que tenía entre sus principales inspiraciones, no hay sorpresas, el deporte del Rey Pelé.

Mauricio me llevó a dos sitios clave en Santo André: Una librería con comics descatalogados, en donde no compré nada, y un pequeño mercado musical debajo de un puente en donde se compraban, a precios bastante convenientes, Lp´s de todos los géneros del rock. Como mi presupuesto era bastante estrecho, sólo pude hacerme de un disco de los Cólera y, ¡tarantantan!, el doble Lp de Bauhaus en donde se concentran sus canciones más conocidas. La edición es una brasilera, prensada por “Estudio El Dorado”, cuyas pastas estaban en perfectas condiciones, y la portada, una carpeta doble, con rastros del paso del tiempo aceptables. El interior del empaque muestra únicamente una de las fotos famosas del cuarteto, tomada por Mitch Jenkins, por lo que desconozco si esta edición, o la original inglesa, incluye un insert con las letras y más información de los 23 temas incluidos.

Junto con The Cure, los Bauhaus constituyen una de las bandas más conocidas de la primera ola de bandas “darks” europeas. Sin embargo el combo liderado por Robert Smith se hicieron ultrafamosos al incursionar en sonidos más pops, mientras que el soporte de Peter Murphy fueron fieles a sonidos más oscuros, conservando hasta el día de hoy un aura menos mainstream que sus contemporáneos. Para los iniciados e iniciadas, “1979-1983” constituye una excelente inmersión inicial en el sonido de los londinenses, incluyendo la ligera pero pegadiza “She´s in parties”, la clásica “Bela Lugosi´s dead” en su versión más conocida en vivo –diferente a la primera versión que pueden escuchar en el reproductor de la columna derecha de este blog- o la inquietante “Stigmata martyr”.

Este doble vinil tuvo la virtud de ser el primero de Bauhaus que, con este formato, pudieron acariciar mis manos. Escucharlo es, además, traer a mi memoria a los acogedores chicos de la Lagartija Negra, los sanduches griegos de Santo André, la petición de XX de enviarle una camiseta del Deportivo Táchira –que aun debo- y la experiencia de haber transitado uno de los cordones industriales y obreros aledaños a la capital brasilera.

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