Una presentación en La Habana

Por razones obvias, postergué el posteo en este blog de la presentación en La Habana de “Venezuela: La Revolución como espectáculo” que ahora hago para que quede el registro. Los compas me pidieron que les remitiera algunas palabras, que adjunto después de la convocatoria.

:: El Taller Libertario “Alfredo López” de la Cátedra Haydee Santamaría te invita a participar en el encuentro:

“Venezuela desde dentro y desde abajo”

Más allá de los miles de médicos y técnicos cubanos que cada año van a Venezuela y el efecto de “familiaridad” administrada por la maquinaria
mediática local, la llamada revolución bolivariana es una realidad poco conocida, desde la perspectiva de la cotidianidad de los
trabajadores, los pueblos originarios o los vecindarios populares rurales y los cerros de las grandes ciudades. Para acceder a estas
visiones, nada más efectivo que incursionar en el tema petrolero en Venezuela, el cual abre un caleidoscopio tenso y contradictorio de ese
país, en sus limitaciones y sus potencialidades liberadoras.

• Presentación del libro “La revolución como espectáculo…” Rafael Uzcátegui
• Video debate sobre el documental “Nuestro petróleo y otras historias”

Lugar: 69 No.12806 e/128 y 128B Pocitos, Marianao Fecha: sábado 11 de Junio 2011
Hora: 2:OO pm

NOS VEMOS!!

:: Carta a los compañeros y compañeras cubanas a propósito de “Venezuela, la revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano”
 
Compañeros dentro de Cuba me piden un escrito a raíz de la discusión que harán de mi libro sobre el gobierno bolivariano, cosa que me honra en grado sumo y que me permite conversar, a pesar de los peajes, con quienes en la isla intentan que el péndulo de los acontecimientos no traicione los anhelos más profundos de la sociedad cubana.
 
Tengo la confianza en que ustedes, de acuerdo a las circunstancias que les ha tocado vivir, podrán encontrar su propio camino. Sin embargo, cumplo con la petición de compartir en voz alta algunas de las reflexiones producto del trabajo de debate y sistematización colectiva, que tuve el privilegio de plasmar acerca del cambio social y la revolución dentro de un país, unido a ustedes por diferentes vínculos, que dice estar haciendo una revolución en el nuevo siglo.
 
Una de las cosas que intentamos demostrar es que el proceso político que vivimos en nuestro país es continuidad, y no ruptura, con las principales tradiciones culturales y políticas venezolanas. Y en parte porque el recambio burocrático ocurrido en el año 1998, año en que Hugo Chávez gana las elecciones nacionales por primera vez, fueron fruto más de un “suceso” que de un verdadero proceso que avizorara que fuerzas antisistémicas, en crecimiento cualitativo y cuantitativo, iba a trastocar el status quo. Por esta razón, más temprano que tarde, se han reproducido todos y cada uno de los vicios que ha dicho sustituir. Antes de esa fecha no existían importantes espacios de construcción de contrahegemonía que significaran emprendimientos concretos en donde se desarrollara una nueva identidad y una nueva cultura, salvo espacios marginales ubicados en algunas universidades y algunas instituciones culturales, que sobrevivían porque eran los aliviaderos que el pacto social construido por 40 años en Venezuela habían dejado para las izquierdas. Si bien el pasado no determina mecánicamente el desarrollo del presente, es imposible la comprensión de un contexto concreto sin mirar que se ha hecho con anterioridad a nosotros y nosotras.
 
Precisamente es el trabajo del investigador-activista simplificar lo complejo y complejizar lo que superficialmente parece sencillo, establecer los vínculos entre dimensiones que por fuera no parecieran tenerlas. Ver cosas donde otros difícilmente las ven y buscar las evidencias que puedan sustentar las explicaciones que nos acerquen más a la naturaleza de los fenómenos. Y toda esta labor, que esta emparejada con toda la tradición de las ciencias sociales, hacerla dejando el margen necesario para que la subjetividad, el azar y las casualidades tengan cabida como determinantes de las decisiones de los seres humanos. Si algo hemos descubierto amargamente en esta última década es que las personas no pueden reducirse a un ámbito estrictamente ideológico, sin tomar en cuenta la posibilidad que cada hombre y mujer resignifique la información que recibe de acuerdo a su propia historia de vida, sus experiencias, sus roles y hasta sus supersticiones.
 
Un segundo elemento es que tengamos la capacidad de poder cuestionar y actualizar nuestros propios marcos de referencia si la propia realidad nos lo exige. El ejemplo más claro es que ya no podemos ubicar a un imperialismo, ubicado en un único centro de poder, como el responsable de todos los males que aquejan esta parte del mundo. Como ya podrán leer la discusión acerca de esta noción de imperialismo, el mundo globalizado de hoy tiene varios centros de reproducción del capital y la dominación, los cuales no están circunscritos en un territorio determinado. Es el libre mercado y la necesidad que los capitales fluyan sin obstáculos por todo el planeta los que dibujan la arquitectura de la dominación en nuestros días. Por eso, como creo que intuyen, ese discurso antiimperialista decimonónico es hoy más una retórica de opresión que de liberación de nuestros pueblos. El mundo está cambiando en el mismo momento en que estoy escribiendo eso, y debemos ser capaces de poder identificar las tendencias y como están nos afectan en nuestra realidad concreta. Muchos de los hitos establecidos en la modernidad, como por ejemplo la posibilidad que una ideología o un cuerpo de ideas por si sola pueda explicar tanto lo humano como lo divino, se han evaporado. Sin embargo, esta orfandad es precisamente una gran posibilidad para construir un horizonte que pueda trascender los errores del pasado, y que reconcilie al hombre y la mujer con lo que precisamente lo hacen seres humanos.
 
Como parte de ese pasado que debemos superar se encuentra el hecho que pensábamos el cambio social como un proceso de acumulación de fuerzas mediante el cual los revolucionarios pudiéramos modificar la realidad superando en número y músculo a los quietistas. Hoy sabemos que aquel anhelo era una impostura y que desencadenaba monstruos de la razón ideológica. Debemos convivir y construir con lo diferente. Nuestras propias comunidades, nuestros vecinos y vecinas para no ir más lejos, son diferentes y tienen derecho a serlo. Es por eso el trabajo que nos toca por delante es sumergirnos en esa heterogeneidad para impulsar valores y no etiquetas. No importa el adjetivo que utilicemos si los valores que defendemos como justos constituyen el sustrato de los movimientos populares en los que, indefectiblemente, debemos participar. Y esto a la par de constituir grupos de afinidad en donde podamos reunirnos con nuestros hermanos para construir comunidades políticas de referencia. 
 
Por último, y creo que ustedes lo entienden perfectamente, no existe cambio revolucionario sin modificar a su vez las condiciones concretas, materiales y espirituales de existencia, aquí y ahora. Esto sintetizado en la estupenda frase situacionista “hablar de revolución y lucha de clases sin hablar de la vida cotidiana es tener un cadáver en la boca”.
 
Los caminos de la rebelión de nuestros pueblos se cruzan permanentemente. Por eso confío en que pronto nos podamos compartir y reconocernos en lo que nos une, y en lo que afortunadamente, nos hace diferentes. Espero poder transmitirles la alegría de la lucha en común por la dignidad humana. Algunos argumentos los encontrarán en el libro.
 
Un fuerte abrazo desde Caracas, desde este lado del Mar Caribe
 
Afectuosamente
 
Rafael Uzcátegui

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