Notas presentacion “La revolucion como espectaculo…” para publico ingles

Esquema:
1) Agradecimientos
2) Sobre la polarización social y política
3) La cultura y economía del petróleo
4) Los movimientos sociales
6) Caso Mijaíl Martínez

1.- Agradecimientos
IRG, Librería Housmans, a los asistentes. A See Sharp Press y Chaz Bufe por la traducción

2.- Sobre la polarización social y política
La mirada internacional sobre la situación de Venezuela tiene muchas similitudes con la manera en que los propios venezolanos y venezolanas entendemos los cambios que han pasado en el país desde el año 1998. Tanto adentro como afuera existen dos versiones: Una afirma que desde el año 1998 Venezuela experimenta una novedosa transición al socialismo, tras la llegada al poder de Hugo Chávez, quien lidera un gobierno que ha atacado tanto al imperialismo como a la burguesía del país, dándole poder a los más pobres. Esta versión se resume en el triunfo de la revolución sobre las fuerzas de la derecha.

La segunda versión de lo que sucede ahora mismo en el país es que debido a diversas conspiraciones y fraudes electorales, Venezuela sufre una dictadura similar a la cubana, en donde un gobierno impone el totalitarismo comunista mediante el miedo, las amenazas y el uso de las Fuerzas Armadas. Esta segunda versión se sintetiza en la resistencia de la democracia frente a la “dictadura castrocomunista”.
Lo que intento demostrar en mi libro “Venezuela, la revolución como espectáculo” es que ambas versiones no sólo son reducciones de la realidad en un lenguaje para niños y niñas, sino también falsas. En mi opinión Venezuela no experimenta ninguna revolución ni sufre ninguna dictadura.

Esta versión de la realidad venezolana en blanco y negro se ha mantenido, casi sin variaciones durante 12 años, debido a la creación de un discurso para los medios de comunicación caracterizada por un aparente antagonismo entre dos modelos de sociedad. Un enfrentamiento entre dos bandos que no tienen, teóricamente, ninguna posibilidad de puntos coincidentes y sólo es posible resolver con la eliminación física o simbólica del otro y la otra. La comprensión de este fenómeno se la debo a la psicóloga social Mireya Lozada, una estupenda académica venezolana que ha desarrollado los mejores trabajos en mi país sobre las consecuencias psicosociales de la polarización política. Como ella ha planteado, y ustedes recordarán, la polarización supone una reducción esquemática sobre la percepción de los hechos relacionada con una adherencia fanática e irracional a uno de los bandos en conflicto. Y como estamos en una librería pacifista no está de más recordar que la polarización, la promoción de la dualidad amigo-enemigo, forma parte de la racionalidad característica del militarismo. Desde otra perspectiva la separación tajante entre los buenos y los malos forma parte de la ortodoxia religiosa. La afirmación de verdades incuestionables por una jerarquía ha sido una de las herramientas religiosas contra el conocimiento científico. Por todo esto para mi sigue siendo una sorpresa que después de varias revoluciones en el mundo ahogadas por sus propias contradicciones, y tras el fin de la Guerra Fría, exista tanta gente tanto en Venezuela como en el Mundo tan poco dispuestas a realizarse preguntas sobre las dos visiones hegemónicas sobre la naturaleza del Gobierno Bolivariano. Es por esto que mediante datos y con la difusión de testimonios de actores sociales invisibilizados por el anterior chantaje, mi libro intenta ser un aporte para complejizar la visión que se tiene sobre Venezuela.
En este punto creo que debo decir unas palabras sobre mí, para que se comprenda mejor desde qué punto se hacen todas estas afirmaciones. Como ya saben mi nombre es Rafael Uzcátegui, tengo 38 años y mi profesión es la Sociología, la cual estudié en la principal universidad pública de Venezuela. Desde los 18 años, es decir desde hace dos décadas, vengo participando en diferentes movimientos ecologistas, de derechos humanos, de periodismo alternativo y colectivos de inspiración anarquista en el país. Actualmente mi trabajo asalariado es dentro de una de las organizaciones de derechos humanos más antiguas de Venezuela, llamada Provea, la cual trabaja en la defensa y promoción de los derechos sociales en el país. Paralelamente participo en un grupo de afinidad anarquista que desde el año 1995 publica un periódico llamado El Libertario, del cual he traído copias para ustedes el día de hoy, y participamos en diferentes campañas y acciones junto a diferentes movimientos sociales. Y aquí quisiera agregar un comentario. Debido a nuestro antimilitarismo en 1998 no tuvimos ninguna expectativa con el arribo de Hugo Chávez al poder, por lo que fuimos muy críticos desde el comienzo. Y debido a la propia polarización durante muchos años fuimos atacados por igual por ambos bandos en el conflicto. Además, lo que nos trajo algunos amargos aprendizajes, incomprendidos en esos días por mucho del universo de la izquierda radical en el mundo, incluyendo por algunas organizaciones anarquistas. Fue precisamente la comprensión de la dinámica polarizada, la cual robaba la capacidad de acción independiente de los movimientos sociales, que poco a poco fuimos entendiendo que la única manera en que los valores que defendemos como anarquistas puedan tener su propio espacio en Venezuela es construyendo un espacio de movimientos sociales autónomos y beligerantes. Y esta es la lucha en la que estamos hoy en día, la cual se ve reflejada tanto en el periódico, como en la diversidad de actores entrevistados en el libro.
Tanto el movimiento de apoyo a Hugo Chávez como el movimiento opositor a su gobierno son heterogéneos y diversos. En cada uno de los bandos, y no voy a discutir ahora que tan cierta es esta afirmación, hay grupos y tendencias de izquierda socialdemócrata y revolucionaria. Pero también hay en cada uno de los extremos elementos nacionalistas, reaccionarios y burgueses. En medio existe un sector importante de la sociedad, que algunos medios han categorizado como “Ni-Ni”, Ni con el gobierno ni con la oposición, el cual también es diverso. Dentro de esta zona gris existe, sin ninguna articulación todavía, una serie de organizaciones e individuos revolucionarios que a mi juicio emiten los análisis más interesantes de lo que pasa en Venezuela. El único problema es que estas opiniones no son populares, ni en los medios controlados por el gobierno venezolano ni por los diferentes medios privados controlados por la oposición. Algunas de estas opiniones son construidas por personas que vienen de participar, de manera muy comprometida, en eso llamado “revolución bolivariana”. Y que han roto con este proceso tras intentar, sin suerte, combatir las contradicciones y corrupciones desde adentro. Si ustedes quieren escuchar sus experiencias, algunas de ellas están relatadas en el libro.

3.- La cultura y economía del petróleo
La historia de este libro comienza cuando una pequeña editorial anarquista de Estados Unidos me propone escribir sobre Venezuela. Cuando pensaba en como sistematizar las cosas que había aprendido, en conversaciones y debates con diferentes personas durante 10 años, uno de los retos era cómo decirlo a la audiencia de izquierdas norteamericana. Es por ello que el manuscrito en español, modificado finalmente en la edición en inglés, empieza planteando discutir la versión que sobre Venezuela difundía un intelectual de izquierda de renombre mundial como Noam Chomsky, que no se si todos lo saben, pero ha expresado en diferentes momentos su apoyo al gobierno bolivariano. Así que para discutir, aunque sea imaginariamente con un pensador como Noam Chomsky debía tener bien documentados los hechos que refutaran sus afirmaciones. Es por ello que existen una cantidad abundante de notas al pie de página, que en ocasiones puede hacer difícil la lectura. Además, hay casi 20 testimonios de personas de movimientos sociales de base. Y para agregar algo sobre el método, los datos suministrados en el libro han sido extraídos en un 80% de fuentes gubernamentales o abiertamente simpatizantes del gobierno de Hugo Chávez. De esta manera me ahorraba la crítica superficial de construir un discurso en base a las palabras de medios de comunicación privados o antichavistas.
Una de las cosas que crítico de Noam Chomsky es que hace sus afirmaciones en base al desconocimiento e ignorancia de la historia venezolana, como si el fenómeno representado por Hugo Chávez hubiera sido creado exclusivamente por el voluntarismo político. Chomsky y sus amigos le explican al mundo la situación de Venezuela como si esta fuera una fotografía estática, en donde sólo importa lo que aparenta aparecer en ella. Y esta explicación de la fotografía se hace por una persona que sólo ha estado 48 horas en Venezuela, sin ningún contacto con la gente corriente de la calle. Algunas personas dicen que Noam Chomsky es anarquista, pero para mi es un anarquismo muy extraño. Un anarquismo que visita por dos días un país sólo para reunirse con sus autoridades y creerse todo lo que ellas dicen.
Dentro de las apariencias promocionadas, sin ningún tipo de cuestionamiento por Noam Chomsky, se encuentra la consigna propagandística que dice que Hugo Chávez promueve una política de soberanía de sus recursos energéticos, radicalmente diferente a todo lo que se hizo en el pasado. Chomsky omite que en Venezuela se estatizó el petróleo en el año 1975, año en que transnacionales como Shell salieron del país tras recibir millonarias indemnizaciones. A partir de ese año se creó la compañía estatal Petróleos de Venezuela, cuyas siglas son PDVSA, para explotar, distribuir y vender los recursos petroleros. En la década de los 90´s hubo diferentes intentos para revertir esta nacionalización, con una propuesta que denominaron “de apertura petrolera”. Debido a la reacción social que la privatización de la industria petrolera generaba, sólo pudieron negociarse en esos años contratos de servicios gestionados por compañías transnacionales. Desde el año 1998, maquillado con un discurso que habla sobre la soberanía petrolera, el gobierno “antiimperialista” y socialista de Hugo Chávez ha podido implementar las políticas de entrega de recursos energéticos que en gobiernos anteriores hubieran tenido un altísimo costo social. Hoy el negocio de extracción de petróleo, gas y otros recursos es realizado bajo una figura llamada “Empresas Mixtas”, en donde el 60 % de las acciones son propiedad del Estado y el 40% de las acciones son de las compañías transnacionales, como British Petroleum. Además, la vigencia de estas empresas mixtas oscilan entre los 20 y los 40 años. Ustedes me dirán si hay diferencia entre contratar a alguien para que preste un servicio o hacerla socia de casi la mitad de la empresa, por períodos de tiempo tan largos. Y lo importante para mi análisis es que la resistencia social a este nuevo modelo ha sido mínima.
Además de la profundización del rol impuesto a Venezuela por la globalización económica, de convertirse en una maquila energética al servicio del mercado mundial, en el libro encontrarán una primera descripción de la sociedad y la cultura generada por desarrollar un modelo de desarrollo basado exclusivamente en la extracción y venta de energía. Por ello, entre otras razones, afirmo por tanto que e gobierno bolivariano es una continuidad, y no una ruptura, del pasado. Si ustedes recuerdan Hugo Chávez ha categorizado su propuesta como de “Socialismo petrolero”, e incluso en alguna oportunidad propuso una moneda internacional basada en el valor del barril de petróleo, la cual llamó “petro”. He traido copias para ustedes de un mapa en donde se pueden ubicar las empresas mixtas creadas con compañías transnacionales por el gobierno bolivariano en el territorio venezolano.

4.- Los movimientos sociales y caso Mijaíl Martínez
Otro de los capítulos del libro tiene que ver con la situación de los movimientos sociales en Venezuela. A pesar que ahora todas las instituciones de gobierno tienen oficialmente el adjetivo de “poder popular”, la realidad que es todo el tejido social movilizado tras los hechos de El Caracazo, febrero de 1989, ha sido estatizado de diferentes maneras. Permanentemente el gobierno bolivariano crea, por decreto y desde arriba, formas de organización social para que sus partidarios y partidarias puedan acceder a los beneficios de las políticas sociales. Estas formas de organización dedican mucha energía a actividades que no tienen incidencia en las reales decisiones de gobierno. En segundo lugar han dejado para un futuro que nunca llega sus propias reivindicaciones, asumiendo las consignas que vienen desde arriba y priorizando las movilizaciones electorales. Aquí debo recordar que salvo el año 2010, todos los años desde 1998 hemos tenido elecciones en Venezuela. El punto no es si es bueno o malo las elecciones para cumplir las formalidades democráticas, sino que ha sido la agenda electoral la que ha sido privilegiada por los movimientos sociales en Venezuela.
En el libro podrán encontrar descripciones de los diferentes tipos de organizaciones bolivarianas, las cuales protagonizan la propaganda del gobierno venezolano a nivel internacional. Sin embargo, como caso emblemático de la situación de los movimientos sociales venezolanos quisiera contarles brevemente sobre Mijaíl Martínez, el cual apenas es nombrado en la parte final del libro. Son las fotos de Mijaíl Martínez las que hemos proyectado en esta presentación en la pantalla. El fue asesinado por tres personas desconocidas en noviembre del año 2009. Mijail es hijo de Víctor Martínez, un luchador popular de amplia trayectoria en la ciudad de Barquisimeto, a 5 horas de la ciudad de Caracas. Víctor formó parte del grupo de ciudadanos civiles que acompañaron y apoyaron el segundo golpe de Estado realizado por el movimiento de Hugo Chávez, en noviembre de 1992. Víctor Martínez fue parte de las 200 personas que en esos años fundaron el primer movimiento político de Hugo Chávez, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR 200). Trabajó activamente en la campaña electoral y tras la victoria de diciembre de 1998, fue electo diputado regional para su ciudad. Como diputado Víctor creyó que debía continuar el trabajo que lo había caracterizado como revolucionario, por lo que siguió denunciando, con nombre y apellido, a los funcionarios de la policía involucrados en diferentes delitos en su ciudad, incluyendo homicidios a jóvenes de barriadas pobres. Víctor comenzó a descubrir que la nueva burocracia, de la que él formaba parte, no sólo era cómplice de estos delitos, sino que los promovía para enriquecerse. Así que también empezó a denunciar también a sus propios compañeros de partido. Víctor escribió muchos informes de esta situación al gobierno central, incluyendo reportes de la situación al propio presidente Chávez. Sin embargo lo que consiguió fue que lo expulsaran del partido, lo inhabilitaran políticamente y lo empezaran a llamar “traídor” y “escuálido”, que es el nombre que tienen los opositores al presidente Chávez. Víctor Martínez, que había apoyado y acompañado la organización de las víctimas de abuso policial en su ciudad, se convirtió en una de ellas. Su hijo era miembro del Comité de Víctimas contra la Impunidad, una organización de madres y padres de víctimas de violencia policial que debido a su origen humilde no tenían dinero para contratar abogados que los defendieran. Mijaíl Martínez hacía un documental del trabajó del Comité, cuando fue asesinado frente a las puertas de su casa. Víctor Martínez acusa de la autoría intelectual del crímen al antiguo gobernador del estado Lara Luis Reyes Reyes y al antiguo comandante de la Policía Rodríguez Figuera. Después de dos años Víctor continúa buscando justicia para el crímen de su hijo y, en diferentes ocasiones ha dicho que la revolución que el ayudó a crear fue la que asesinó a su hijo menor.

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