Etcétera (España): Reseña de “Venezuela: La revolución como espectáculo”

Etcétera. Correspondencia de la Guerra Social
Junio 2011. España

Tras un breve recordatorio de los momentos que han trascendido en la vida venezolana desde su independencia de España hasta la subida de Chávez al poder en el año 1999 en el que el caudillesco personaje lanza el proyecto que él mismo define como “bolivariano”, Uzcátegui ofrece una investigación que describe en la primera parte del libro la difícil y heroica vida de las masas en su quehacer cotidiano, vida que tiene que enfrentarse a la carestía de los alimentos y enorme tasa de paro, a los leves aumentos salariales que son devorados de inmediato por el incesante aumento de la inflación (un 556% en nueve años), hasta la pandemia de homicidios, –todavía en alza, 47 por 100.000 habitantes frente a los 25 de Brasil o 38 de Colombia– la extrema violencia en sus cárceles –cerca de 400 asesinatos por año–, la brutalidad policial aparejada con su impunidad gubernamental, etc.

Uzcátegui intenta aclarar el debate que acosa a la nación que va entre los que ven  en la actual Venezuela una transformación radical que lleva a esta nación hacia los albores de un socialismo piloto en el siglo XXI, hasta los que no ven a Chávez como un dictador populista que pretende la instauración del comunismo en el país.

El libro es una integración de análisis sociológicos, citas periodísticas y crónicas en primera persona, realizadas por un activista intelectual que ha formado parte de diversos movimientos sociales autónomos de su país.

Lejos, tanto de las mitificaciones de izquierda como de las críticas liberales de los principales partidos políticos opositores, el texto ofrece una detallada sistematización de hechos y cifras que complejizan la maniquea visión que ha imperado sobre este país latinoamericano, registrando testimonios de diferentes luchas de base que sostienen que en un país con las reservas de petróleo más grandes de la región, y una cultura política caudillesca y populista, poco es lo que ha cambiado.

A propósito de la confusión de opiniones sobre el país, el mismo Noam Chomsky en su visita a la nación en 2009 y dirigiéndose a Chávez, dijo: «Es emotivo ver como en Venezuela se está construyendo el nuevo mundo posible y encontrar uno de los hombres que ha inspirado esta situación». Comentaremos algunos hechos y datos que aparecen en la lectura de este libro. La creación de sindicatos para-gubernamentales por parte del Estado es una constatación de su dirigismo y de las maniobras para aguar los difíciles intentos de los trabajadores para organizarse por sí mismos. En las grandes empresas se ha concedido a su patronal una flexibilidad casi total en la contratación de sus obreros, puesto que estos deberán sentirse seguros en un “Estado que los tiene como ciudadanos preferentes”. Estos trabajadores, junto a los funcionarios, “se comprometen” a asistir a los eventos  gubernamentales –manifestaciones, desfiles, etc.,– so pena de ver mancillado su currículo laboral.

Los programas sociales venezolanos están impregnados de uno más de los populismos que de manera periódica se dan en latinoamérica. Con una superficie casi el doble que la de España, posee una población de 28 millones de habitantes. En 1920 el país apenas alcazaba los tres millones de pobladores y tenía una tasa de analfabetismo del 70%; el año 1927 señaló un hito: el país exportó más petróleo y productos de minería que productos agrícolas, aquéllos, totalmente en manos extranjeras. El autor señala que a partir de aquel momento la nación cambió de rumbo. El paso de la agricultura a la “petrolización” de la nación reemplazó a la guerra civil. Se inició el éxodo lento pero imparable del campo hacia los pozos petrolíferos y sus trabajos derivados en busca de supuestas mejores condiciones de vida. Aquí se trata de un país con inmensos recursos en hidrocarburos: sus exportaciones y sus reservas lo colocan en el séptimo lugar en el mundo en petróleo y el noveno en gas natural; sin embargo las estructuras sociales ni mucho menos van a la par con el inmenso flujo de dinero que ingresa el país.

Sin negar una ligera mejora en la construcción de viviendas, así como en la sanidad y la educación, los máximos beneficiarios de los ingresos son las oligarquías militares y las empresariales. Y al igual que en las sociedades dispuestas en clases sociales, a menudo es el gobierno el que compensa la falta de productos básicos con importaciones masivas, pero puntuales, de ellos. Entonces aparecen las interminables colas de venezolanos que tienen que acercarse a estos productos parcialmente subvencionados.

Y a la par que crece su desarrollo petrolífero, Venezuela va dejando de ser autónoma en sus productos básicos. Su campesinado ha pasado a ser un estrato de segundo orden frente a la obnubilación gubernamental por el llamado oro negro.

En 1975 el gobierno del socialdemócrata CAP (Carlos Andrés Pérez) que tan duramente trató a las masas cuando éstas reivindicaron, hasta por la fuerza, justicia, procedió a la nacionalización de los hidrocarburos, siendo indemnizadas, con una generosidad algo más que sospechosa, las compañías extranjeras. Éstas obtuvieron de inmediato contratos multimillonarios de asistencia técnica y exploración de futuros yacimientos.

Con Hugo Chávez, se procede de inmediato a la formación de empresas mixtas que detentarán el 49% del capital de las nuevas formaciones; PDVSA (Petróleos de Venezuela) se une con British Petroleum, Chevron y Repsol YPF, compañías que han sido las primeras en beneficiarse; a su vez y a nivel interno, los puestos de trabajo tecnocrático son adjudicados a la aristocracia política de los principales partidos de la nación, formándose así una clase social singular y potente, con sueldos privilegiados. A esta aristocracia hay que añadir el brazo militar, al que pertenece Chávez.

El discurso chavista se harta hasta la saciedad de proclamar la consigna de “sembrar con el petróleo”, sin embargo el crecimiento de las clases pobres apenas es incipiente, en tanto que el país se desangra en la violencia interna y una gran masa sigue viviendo en condiciones de miseria. La consigna de la siembra fructífera se traduce en la concesión de licencias a las firmas multinacionales de los media, comunicaciones de última generación en manos de magnates próximos al gobierno, o de otros, que habiendo sido opositores, han sido reconvertidos con la otorgamiento de prebendas de este u otros tipos.

Ahorraremos palabras si decimos que el discurso bolivariano de Chávez contra el modelo capitalista neoliberal lo encontramos negado a cada paso en las realizaciones que se van dando, de manera programada, en el interior del país. Decir, por ejemplo, que EE.UU. es el primer importador de petróleo de Venezuela, al que ésta vende cada día un millón de barriles. Pero además Venezuela juega un importante papel en la región al convertirse, por su enorme riqueza energética y minera, en el eje vertebrador, junto con Brasil, de la economía de los países vecinos. MERCOSUR es el instrumento neoliberal en el que Venezuela va ganando peso.

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