Terminales en estado terminal

Rafael Uzcátegui

Si usted es asiduo del transporte público para viajar por las ciudades de Venezuela, como lo es este servidor, conoce perfectamente el estado de los terminales de pasajeros a lo largo y ancho del país. Salvo excepciones (como Punto Fijo), la situación de las paradas de buses y camionetas extraurbanos no sólo es deplorable, sino que refleja el nivel de desprecio que han tenido las clases gobernantes, de antes y ahora, con los sectores populares, quienes constituyen el porcentaje mayoritario de sus usuarios. Los terminales de las principales ciudades del país (Caracas, Maracaibo, Valencia, Maracay, Barquisimeto), y de algunos de sus destinos turísticos (Mérida, Tucacas o playas del litoral central) poseen una infraestructura con escaso mantenimiento y en proceso de franco deterioro, instalaciones y servicios sanitarios escabrosos,  y un importante rezago tecnológico que convierte en una pesadilla viajar en fines de semana o temporadas altas, caldo de cultivo para todo tipo de triquiñuelas. Elemento para el género “comedia bufa” lo constituye que lo único nuevo y realmente limpio en estos terminales son las pancartas publicitarias con el rostro de las y los gobernantes de turno. Otra dimensión la constituye el estado de los autobuses, que distan mucho de poder compararse con las flotillas de otros países latinoamericanos,  ni siquiera los servicios mercadeados como “Ejecutivos”.

Es coherente, en un país de paradojas como el nuestro, que teniendo los precios de la gasolina más baratos de la región tengamos sistemas de transporte masivo colapsados, obsoletos y en crisis. En una tendencia que no ha sido revertida en los últimos  años, lo privado sigue siendo más atesorado que lo público. En Venezuela, país de cultura modelada por la renta petrolera, es castigado simbólica y socialmente no poseer artículos de “status”, entre los más preciados el automóvil personal. Para el año 2009 se calculaba el parque automotor venezolano en cuatro millones de unidades, y no es un secreto que los modelos de lujo como la camioneta Hummer tuvieron, en tiempos de “socialismo”, un inusitado éxito en ventas.
No es fácil encontrar la gama y mezcla de condicionamientos culturales que permiten que esta situación permanezca: La secreta impotencia por no ser propietaria o propietario de uno de los íconos de éxito reconocidos socialmente; la falta de referencias mejores y puntos de comparación sobre todo de quienes asiduamente padecen los servicios públicos; la indolencia y corrupción gubernamental, la complicidad parasitaria, la perpetuación de la maquila energética y la servidumbre voluntaria, entre otras.

A contracorriente de esta situación, algunas iniciativas en Caracas intentan promover el uso de transportes alternativos, como la bicicleta. Los verdaderos cambios han empezado por la terquedad de algunos locos y locas soñadoras. @fanzinero (Tal Cual 23.01.12)

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