El desarme debe empezar por casa


Rafael Uzcátegui

La imagen quema la vista. Sus píxeles saltan de la pantalla y te arrancan los ojos. Es tan incomprensible sus intenciones que, incluso, han generado un amplio rechazo en la base de seguidores del presidente Chávez. Sin embargo, con todo lo terrible que es la serie fotográfica de niñas y niños armados en la parroquia 23 de enero, en Caracas, se suma un problema crucial. El fondo, al cual deberían apuntar también las preocupaciones de todos y todas, es la comprobada tolerancia del gobierno bolivariano con una serie de organizaciones paramilitares, autoproclamadas “de izquierda”, en diferentes puntos del país.  Este es el meollo de asunto. Cualquiera interesado en la situación del reclutamiento forzoso de niños, niñas y adolescentes podrá constatar que, en los últimos años, diferentes informes afirman que grupos asentados en la frontera venezolana tienen a menores de edad entre sus integrantes. Si bien hay que reconocer que organizaciones paramilitares catalogadas de derecha, como las Águilas Negras, también reclutan infantes y adolescentes, no se puede desvincular a los niños soldados “revolucionarios” del oeste de la capital con sus pares en los estados Táchira y Barinas, como consta en las denuncias de diferentes organizaciones religiosas y de derechos humanos de la zona. Así como el gobierno permanentemente denuncia y actúa contra los pupilos de Carlos Castaño -con todo y discurso sobre el desarme-, es indulgente con la actuación de irregulares armados que se proclaman seguidores de la administración actual. En el caso fronterizo el miedo y la fuerte influencia de los grupos armados en la zona inmovilizan la denuncia. Pero las diferentes siglas que dominan la frontera no beben del coctel de soberbia con torpeza que los impulse a poner las fotos de sus guerrilleritos en Facebook.

Una discusión honesta sobre todo lo que esto significa nos llevaría a preguntarnos cuál es el sustrato cultural que lo permite. El por qué, a falta de otros valores, los referentes de niños, niñas y adolescentes es el liderazgo armado y la fuerza bruta, para trascender de sí mismos y escapar, por el atajo, de todas sus miserias. Los niños soldados son la consecuencia lógica de la exaltación del “pueblo en armas y soldado”  y la cultura del éxito instantáneo producto de la cultura petrolera. En definitiva, de la exacerbación de los valores militaristas como superiores para la conducción de la sociedad. Comisión Presidencial: El desarme debe empezar por casa.  @fanzinero (Tal Cual, 07.02.12)

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