Política y miseria

Rafael Uzcátegui

“Política y miseria” es el último libro del periodista uruguayo Raúl Zibechi (Zambra, 2012) en el que se hace un interesante análisis sobre el impacto en la organización popular de la aplicación de políticas sociales para la reducción de la pobreza en la región. Analizando los casos de Uruguay, Argentina y Brasil, este escritor –que se define a sí mismo como un “investigador militante”-, dibuja un patrón que calza perfectamente en otros países donde gobiernos progresistas exhiben este tipo de políticas como su característica más importante.

En un apretado resumen: Zibechi describe una genealogía que ubica al Banco Mundial como la creadora de las políticas focalizadas en la reducción de pobreza en el continente, siendo Robert McNamara su principal mentor. El funcionario reconoció el fracaso de las soluciones exclusivamente basadas en la coerción y el uso de la fuerza, por un lado, y comprendió que la pobreza y la injusticia social ponen en peligro la gobernabilidad de los países, lo que traducido en términos económicos es que las reformas son menos costosas que los conflictos. Zibechi cita documentos del Banco Mundial: En 1997 recomiendan “acercar el Estado a los pobres” y en el 2001 “fortalecer el empoderamiento y participación de los pobres”. Según esta lógica no es casualidad que países con capacidad de resistencia al modelo neoliberal de los 90´s tengan hoy gobiernos “de izquierda” que ofrecen no sólo estabilidad política sino gobernabilidad para el flujo de capitales.

Según el uruguayo la implementación de políticas sociales tiene 4 consecuencias para los movimientos populares: 1) Legitiman la opción política de considerar la pobreza como el principal problema, desplazando el cuestionamiento a la acumulación de riqueza, 2) Eluden cambios estructurales, congelan la desigualdad y consolidan el papel de las élites; 3) Domestican el conflicto y reiteran la institucionalidad como vías para alcanzar demandas y 4) Disuelven la auto-organización de los sectores populares. Para el autor es clave si los movimientos tienen objetivos propios o si sus objetivos los demarca el Estado –para una eficaz gestión y despliegue territorial de sus programas-, el mercado o cualquier instancia externa. Por último, Zibechi establece desafíos para abordar este modelo de dominación en construcción: 1) Entender los cambios económicos en el capitalismo globalizado –modelo extractivista-; 2) Retomar el conflicto como eje estructurados de los movimientos y las prácticas autónomas de base; 3) Entender las políticas sociales no como “conquistas” sino como forma de contención de los sectores populares y 4) Recuperar la capacidad de hacer política –en sentido amplio-, rechazando el chantaje de la corresponsabilidad y la administración de la miseria impulsado desde la cúpula estatal.  @fanzinero (Tal Cual, 05.03.12)

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