Un venezolano promotor de paz

Columna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

El 24 de marzo se conmemorará el 32 aniversario del asesinato del Monseñor Oscar Romero en El Salvador, un hecho que catalizó la confrontación armada contra un gobierno que había cerrado todas las posibilidades legales para la oposición política. El arzobispo Romero denunciaba las  violaciones a los derechos humanos, manifestando su solidaridad con las víctimas de la violencia estatal, promoviendo un ejercicio pastoral identificado con los sectores populares. La guerra civil protagonizada por el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ocasionó, en 12 años, 75.000 muertos y desaparecidos. En su finalización un venezolano, miembro actual de Provea, desempeñó un rol fundamental en la negociación. Cuando se cumplen 20 años de la firma de lo que fue un proceso inédito en la región – la superación de un conflicto armado a través de una solución política negociada- es pertinente recordar tanto el propio proceso como el aporte del abogado Pedro Nikken.

Como recuerda el propio Nikken en El Salvador “El camino de la paz pasaba por la consolidación de las instituciones democráticas, por la erradicación de las prácticas atentatorias contra los derechos humanos y por el fortalecimiento de los medios para respetarlos y garantizarlos: la edificación de un proyecto nacional centrado en la dignidad de la persona”. Para este trabajo Pedro Nikken fue contratado como asesor jurídico del proceso por parte de la Secretaría General de las Naciones Unidas, la cual realizaba por primera vez una acción diplomática en conflictos armados no internacionales. El corto recorrido por la génesis y desarrollo de los acuerdos de paz lo haremos según el testimonio de uno de los voceros del propio FMLN, Salvador Sánchez Cerén.


Tras su consolidación, producto de la fusión e cinco organizaciones políticas, la organización guerrillera insistió en negociar una solución política para una paz justa. En 1984 el gobierno de José Napoleón Duarte accedió iniciar el proceso, por lo que las dos delegaciones se encontraron por primera vez el 15 de octubre de 1984. Este esfuerzo no prosperó debido a la visión oficial de no reconocer la beligerancia del grupo y reducir la paz a su rendición, con la posibilidad de transformarse en partido político, en contraposición a la propuesta que solicitaba amplias libertades políticas y un proceso de transformación social como precondición para la paz. No fue sino hasta 1990 que los dos bandos inician de nuevo las negociaciones, firmando el llamado “Acuerdo de Ginebra”. Cerén: Allí se “establece la metodología, el contenido y los propósitos del proceso de paz; se definieron cuatro grandes compromisos: terminar el conflicto armado por la vía política; impulsar la democratización del país; garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos y lograr la reunificación de la sociedad salvadoreña”. A partir de ese momento se abrieron dos años de negociación que dieron como resultado la firma del Acuerdo de Paz firmado el 16 de enero de 1992 en México. Para Cerén esto significó un conjunto de acuerdos  “para desmontar la dictadura militar y crear las condiciones democráticas básicas para avanzar hacia una sociedad democrática, justa, libre, soberana e independiente”. Algunas de las consecuencias inmediatas fueron el despojar al ejército de su función en la seguridad interna; la supeditación del ejército y los cuerpos policiales al poder civil; Depuración de la Fuerza Armada junto con la reducción y reorganización del ejército; Reformas en el sistema judicial para garantizar su independencia del Ejecutivo y en el Sistema Electoral para hacerlo más confiable y transparente; Creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, “con la misión de velar por un comportamiento adecuado del Estado y todos sus órganos”. Para la parte social se consensuó promover una política de reforma agraria. Según el propio ex comandante del FMLN el lado amargo fue la impunidad, pues los militares involucrados en delitos de lesa humanidad fueron separados del cuerpo castrense con inmunidad “con el fin de evitar reacciones traumáticas”.

Según el propio Pedro Nikken no todo lo convenido ha sido cumplido con la expectativa que se generó para los actores, sin embargo el balance es positivo: “Lo esencial es una gran victoria para la causa de la democracia, el Estado de Derecho y el irrestricto respeto a los derechos humanos. El gobierno de entonces es hoy el partido más importante de la oposición. La oposición armada e insurreccional es hoy el Gobierno Constitucional de El Salvador”. Para esta tarea han contribuido los propios ex comandantes guerrilleros, que lejos de exaltar lo épico de la confrontación han reconocido su tragedia: “En la guerra murieron muchas personas –escribió Cerén-. Unas del lado de las guerrillas, otras del ejército, pero muchas también víctimas del fuego cruzado, por la represión indiscriminada o también por errores del FMLN. A todas ellas les pedimos perdón”. (Correo del Caroní, 19.03.12)

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