El arquetipo del contrario


La semana pasada asistí a un foro en la UCV sobre la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo (LOT), el cual prometía un panel plural: como parte de los ponentes estaría Marcela Máspero, sindicalista del oficialismo, y dos representantes de la Comisión Presidencial, que no llegaron. Marcela hizo una presentación de alrededor de 10 minutos, en donde hizo una serie de propuestas que según su juicio debieran ser tomadas en cuenta. Como detalle, que habla bien de ella, había anunciado que se retiraría temprano debido a compromisos, pero ante lo que parecía la inminencia de un buen debate, decidió quedarse hasta el final, a defender su opinión y sus posturas, como debe ser.

Que yo recuerde la izquierda siempre había promocionado el debate y la confrontación de ideas, sin embargo, esta actitud de Marcela no es la “normal” (debatir con argumentos en un escenario potencialmente adverso) en un país que transita 13 años en algo que han llamado “revolución bolivariana”. Lo que sobra, y lo que es moneda corriente, son los monólogos y el onanismo argumental, mecanismo que por cierto primó para la reforma de la mentada ley. Salvo un sector de los estudiantes, el chavismo ha rehusado confrontar sus argumentos con sus contrarios. Incluso, como bien se recuerda la gente que tiene memoria, el propio presidente rehuyó un debate que le planteó su némesis Mario Vargas Llosa en una de sus visitas al país.

Sin embargo, gracias a una aceitada maquinaria de propaganda, el chavismo puede reflejar la impresión de que debate, y mucho. Y esto básicamente antagonizando con contrincantes cuidadosamente seleccionados, que los colocan en una posición cómoda y reitera todos los lugares comunes y espejismos maniqueos que el movimiento bolivariano ha podido cimentar a lo largo de su trayectoria: Revolucionarios vs oligarcas, defensores de los ricos vs defensores de los pobres, patriotas vs apátridas, etc. Para decirlo de otro modo, el chavismo ha logrado centrar el poco debate en un terreno cómodo para sus consignas.

La actual campaña electoral es un ejemplo de ello. A pesar de las llamadas “primarias”, muchos son los rumores que corren acerca de la “ayudita” que un sector del chavismo otorgó a la candidatura de Capriles Radonsky. Si bien nada se ha verificado, esas opiniones tienen asidero en que Capriles es un candidato soñado para el chavismo: Hijo de familia adinerada, militante de partidos y coaliciones conservadoras y, especialmente, una participación, dudosa pero participación al fin, del susodicho en los hechos del 11 al 13 de abril, lo cual refuerza la principal idea-fuerza de la religión bolivariana de los últimos años: La resistencia frente “a los golpistas”. Como era previsible, el discurso del candidato “de la unidad” se ha centrado en la captación del voto de la clase media urbana con argumentos más racionales que emocionales, en un país en donde la mayoría de las decisiones pasan primero por la bilis y después por las neuronas. A pesar de las asesorías y los cambios de colores, Capriles no puede quitarse la imagen de niño privilegiado y fundador de un partido yuppie, Primero Justicia. Como han dicho algunas encuestadoras, su discurso ni convence ni emociona , no sube cerro. Tal como el chavismo idealmente lo hubiera deseado. Capriles era el contrincante arquetipo que Chávez necesitaba para reiterar su oferta.

En los albores del 1° de Mayo en esta esquina se piensa que, en este escenario y a pesar de los años, del desgaste y de su propia enfermedad, Chávez es imbatible. La propia periodista Maye Primera, corresponsal del País de España lo ratificó recientemente.   La otra alternativa, como muchos lo hablan en voz baja -incluyendo a seguidores del propio primer mandatario- es que el escenario al que los actores se estén preparando es para unas elecciones sin la presencia de Hugo Rafael, ya sea el 7 de octubre, porque la pelona llegue primero, o posteriormente, pues la Constitución prevé convocatorias a nuevas elecciones ante la falta del presidente antes de la mitad del período. ¿Debemos esperar que esta fatalidad sea la que permita que, otra vez, las ideas se confronten libremente y que la gente “de izquierda” no tema defender sus puntos de vista en tribunas no complacientes?

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