Venezuela: Neutralizando el conflicto

Rafael Uzcátegui

Cualquiera que tenga la curiosidad de conocer las tendencias de la conflictividad social en América Latina en los últimos meses, podrá constatar que las principales movilizaciones orbitan alrededor de dos temas relacionados: la comercialización de los llamados bienes comunes y la resistencia campesina e indígena a los grandes proyectos de extracción minera. Un rápido vistazo regional nos da cuenta de  la situación. En Bolivia la iniciativa gubernamental de construir una carretera que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) ha generado un importante rechazo popular. En Cajamarca, Perú, fueron asesinados por lo menos 4 manifestantes que repudiaban el Proyecto Conga, de la minera canadiense Newmont Mining Corporation. En Argentina las convocatorias han relacionado la denuncia de la aprobación de una ley antiterrorista con la exigencia de Reforma integral del Código de Minería y derogación de la Ley de Inversiones Mineras. En Ecuador la presión ciudadana logró que el Estado haya sido sentenciado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por haber violado el derecho a la consulta previa en el caso de la promoción de proyectos extractivos dentro del territorio Sarayaku, además del juicio abierto contra Chevron por la generación de pasivos ambientales producto de su actividad dentro del país. En Guatemala diferentes comunidades indígenas alegan inconstitucionalidad de la Ley de Minería, el decreto 48-97. Estos episodios generaron un pronunciamiento de 5 coordinadoras indígenas latinoamericanas, en marzo pasado, en los siguientes términos: “Los gobiernos abiertamente neoliberales y los llamados alternativos o progresistas coinciden en insistir en el capitalismo neoliberal extractivista que saquea y depreda la Madre Tierra, vulnera los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas y criminaliza a sus líderes, autoridades y dirigentes”.

Venezuela, que tiene las mayores reservas energéticas del continente, no participa dentro de esta dinámica movimientista por varias razones: 1) La actividad extractiva ha sido mitificada por financiar las misiones sociales; 2) El movimiento indígena y ambientalista se encuentra cooptado, inmovilizado, polarizado y electoralizado; 3) La propaganda oficial sobre las cuestionables mejorías sociales ha desarticulado la presión internacional; 4) La inexistencia de una discusión pública sobre el modelo de desarrollo postpetrolero. @fanzinero

Guillermo: Gracias por el fuego

Rafael Uzcátegui

El pasado 03 de julio falleció el que quizás fue el primer editor “pirata” del país. Sin embargo, aquella vocación copyleft en la Venezuela análógica de comienzos de los 80´s no fue estimulada por el lucro sino por una motivación noble: Promover la lectura y democratizar el acceso a los libros. A Guillermo López, uno más de los tantos españoles que recalaron en estas tierras huyendo del franquismo, lo visité por primera vez en Nirgua a comienzos de los 90´s. Yo era parte de una pandilla de adolescentes guaros que buscában referentes políticos más allá de la izquierda tradicional, y alguien nos dijo que en la ladera del camino Valencia Caracas vivía un viejo anarquista al que nos gustaría conocer. Aquel contacto fue mágico: Guillermo representaba un ejemplo de aquellos que hacen de su propia vida el ejemplo de la utopía que acarician secretamente entre los nudillos. Promotor del naturismo, la vida sana y austera, era entusiasta de las obras de Lutecia Adam y Keshava Bhat las cuales distribuía a través de su emprendimiento editorial “Libros Apolo”. Por otro lado era un autodidacta y un curioso infatigable de los derroteros del conocimiento, tanto que a sus 80 años aprendió a usar computadora y enviar sus primeros emails. Alguna vez me contó sus esfuerzos de vivir en comunidad rural bajo las ideas de Ivan Illich. También su experiencia como distribuidor en el país de algunas revistas antiautoritarias de la época, como Comunidad, El Viejo Topo y Bicicleta.
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