Guillermo: Gracias por el fuego

Rafael Uzcátegui

El pasado 03 de julio falleció el que quizás fue el primer editor “pirata” del país. Sin embargo, aquella vocación copyleft en la Venezuela análógica de comienzos de los 80´s no fue estimulada por el lucro sino por una motivación noble: Promover la lectura y democratizar el acceso a los libros. A Guillermo López, uno más de los tantos españoles que recalaron en estas tierras huyendo del franquismo, lo visité por primera vez en Nirgua a comienzos de los 90´s. Yo era parte de una pandilla de adolescentes guaros que buscában referentes políticos más allá de la izquierda tradicional, y alguien nos dijo que en la ladera del camino Valencia Caracas vivía un viejo anarquista al que nos gustaría conocer. Aquel contacto fue mágico: Guillermo representaba un ejemplo de aquellos que hacen de su propia vida el ejemplo de la utopía que acarician secretamente entre los nudillos. Promotor del naturismo, la vida sana y austera, era entusiasta de las obras de Lutecia Adam y Keshava Bhat las cuales distribuía a través de su emprendimiento editorial “Libros Apolo”. Por otro lado era un autodidacta y un curioso infatigable de los derroteros del conocimiento, tanto que a sus 80 años aprendió a usar computadora y enviar sus primeros emails. Alguna vez me contó sus esfuerzos de vivir en comunidad rural bajo las ideas de Ivan Illich. También su experiencia como distribuidor en el país de algunas revistas antiautoritarias de la época, como Comunidad, El Viejo Topo y Bicicleta.

Salvo sus últimos años, Guillermo nunca vivió en ciudades grandes. De Valera a Nirgua, donde se radicó finalmente y, según sus palabras, pudo crear su acracia particular, constató las carencias de la provincia y las limitadas posibilidades de acceso de sus zonas rurales a la cultura. Gracias a sus habilidades con los números y la administración pudo ver en la promoción masiva de la lectura a bajo costo una oportunidad para ganarse el pan en una zona confortable para sus principios. Personas del centrooccidente del país deben recordar aquella camioneta que en su parte trasera improvisó las primeras ferias del libro en pueblos olvidados por el centralismo del Conac y sus similares. Después vendrían las ventas a escala y aquellos dos galpones llenos de libros, parte del inventario de “Libros Apolo”. Anticipándose años a los argumentos 2.0, Guillermo fue el primero que me habló acerca de la literatura como patrimonio universal y la necesidad de ponerla al alcance de todos y todas. Aquel negocio prospero azuzó una competencia feroz que sobornó a policías e instituciones para confiscar las ediciones a cargo de Libros Apolo y quedarse con su cuota de mercado.

En los últimos años le perdí la pista. Y lamenté su muerte cuando me la informaron por twitter. Ahora entiendo cuando ese ateo me decía que las personas mueren, pero su influencia permanece, inmortalizada, en otros y otras. @fanzinero

5 comentarios en “Guillermo: Gracias por el fuego

  1. Magakly Alejandra

    Gracia mil por el articulo dedicado a mi viejo muy emotivo y lo describe tal cual,tambien ese viejito siempre estaba
    dispuesto a enseñar todo lo que sabia y ayudar a quien lo necesitaba.

  2. Zara Lopez

    Guillermo Lopez… Libros Apolo…el anarquista…el rojo rojito…papa….respetado por muchos, ignorado por otros, querido entre algunos, envidiado tambien…amado inmensamente, sobre todo por el sexo femenino jajaja…pero especial, infinitamente especial…dejo huella en muchas vidas…por eso sigue vivo, aunque su cuerpo ya no este entre nosotros, dejo historia…aunque pocos la conozcan, estamos los que jamas le dejaremos ir del todo…que sigamos en parte su lucha, su valor, sus enseñanzas, gracias Rafael por este escrito, por este homenaje, por este reconocimiento a un hombre merecedor de el….mi papa, mi maestro…mi infinito

  3. Lorena Lopez

    Mira amigo de verdad creo que no nos conocemos ya que yo nuinca fui muy asidua visitante de Nirgua. Por eso tal vez nunca nos vimos. Yo vivo aqui en Caracas hace mas de veinte años y a ,irgua llegaba un dia y al otro me estaba yendo. Pero mi papa siempre estaba aqui vendiendo y comprando sus loibros, nos veiamos semanalmente y yo no te recuerdo. No se si algun dia nos vimos. Pero me parece muy bonito eso que escribiste sobre mi papa. Gracias.

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