Blog colombiano difunde tres opiniones sobre ser de izquierda y no ser chavista en Venezuela

Gracias a la invitación por intermedio de una amiga, fui una de las tres personas que participó con un texto en el post del blog Verbo poder, del sitio web Hoja Blanca de Colombia, para contar que significaba ser de izquierda y no ser chavista en Venezuela. Los otros dos colaboradores fueron Daniela Romero y Ricardo Verenzuela, lo cual ayuda a dibujar un panorama mucho más amplio y complejo que lo que difunden los medios de comunicación sobre lo que pasa en el país. El post completo se puede leer en http://www.hojablanca.net/verbopoder/2012/09/28/la-izquierda-no-chavista-en-venezuela/. Por ahora, coloco el escrito de mi autoría…

:: Ser de izquierda y no ser chavista en Venezuela

Rafael Uzcátegui*

A comienzos de los 90´s comencé a involucrarme en política, en sentido amplio. Vivía en Barquisimeto, a 363 kilómetros al occidente de Caracas, y participé con entusiasmo en un grupo ecologista, la seccional local de Amnistía Internacional y en periódicos independientes. Éramos la generación que crecía tras el Caracazo, testigo de dos golpes de Estado en 1992, sin espacio ni lugar dentro de las instituciones. Participé en las movilizaciones contra el paquete de medidas neoliberales, por la salida del poder de Carlos Andrés Pérez y en los debates sobre la coalición que llevó por segunda vez a la presidencia a Rafael Caldera, así como sobre la figura de Hugo Rafael Chávez Frías. Sobre este último, la mayoría de mis conocidos pasaron de la indiferencia al entusiasmo. Para 1998 casi todos estaban, de alguna manera, involucrados con su campaña electoral, con la ilusión de que se iban a derrotar a las fuerzas conservadoras del pasado.

En lo personal, siempre fui presa de la desconfianza. Con formación personal dentro del anarquismo, de partida no me animaba a canalizar mis esfuerzos en coaliciones electorales. Salvo su participación en aquel golpe de Estado, me generaba dudas la ausencia de emprendimientos políticos concretos por parte del bolivarianismo. En tercer lugar, era, y sigo siendo, un antimilitarista convencido.  Por último, a pesar de todo el furor movimientista ocurrido en los 90´s, la izquierda no lograba superar su histórico 5% en las elecciones, por lo que bien temprano era evidente que el principal acervo político bolivariano, mucho más que sus consensos y propuestas, era la promoción de un nuevo culto a la personalidad; el relanzamiento de la masculinidad guerrera que ya había protagonizado diferentes capítulos dentro de la historia venezolana.

Hasta 2002 las críticas al chavismo eran, más o menos, toleradas en los espacios que frecuentaba. Sin embargo, esta situación cambió radicalmente después del golpe de Estado de abril de 2002. Muchas personas que habían hecho cosas conmigo, comiendo y durmiendo en casa, comenzaron a acusarme de “oligarca” y “agente del imperialismo”. La situación era insostenible, incluso con amigos de toda la vida quienes dejaron de dirigirme la palabra. No hacían ningún tipo de distinciones: para ellos éramos parte –e incluso peor- de todas las contrarrevoluciones de la historia. Del lado opositor la situación no era cualitativamente diferente y gente como yo éramos tratados como una suerte de “chavistas descafeinados” o camuflados. Especialmente entre los años 2002 y 2006 fui amenazado de muchas maneras, con lo cual mi rutina y mi propia vida social cambiaron drásticamente. En esos días, por casualidad, leí el “Informe contra mí mismo” de Eliseo Alberto. ¡Cómo me identifiqué con el “exilio interior” descrito en la obra!

Esto no significó, sin embargo, que me apartara de la política. Mi grupo de afinidad se cohesionó ante la necesidad de intentar difundir un cuestionamiento de izquierda antiautoritaria a lo que estaba pasando en Venezuela, con lo cual comenzamos a realizar un uso intensivo de internet, además de la difusión tradicional de nuestro propio periódico “El Libertario” (www.nodo50.org/ellibertario). En lo personal, ocurrió algo curioso: mi círculo de amistades osciló a generaciones mayores que la mía. Con el tiempo me di cuenta de que todas las personas que frecuentaba eran mayores en 10 y 20 años, todas con soledades similares –e incluso peores- que las mías.

En el año 2006 mis pares tuvieron la descabellada idea de organizar un Contraforo de izquierda al Foro Social Mundial que se realizaría en la ciudad, patrocinado por el gobierno y cuya marcha inaugural sería en un espacio destinado a desfiles militares. En teoría, deseaba aglutinar a sectores de izquierda ni alineados con el chavismo ni con la oposición partidista. Aquel objetivo no trascendió debido a las desconfianzas, malos hábitos y egos de los diferentes grupúsculos. Hasta hoy esta situación permanece, por lo que no se ha podido configurar –como sí ha ocurrido en Bolivia y Ecuador, por ejemplo- una oposición pública nítidamente revolucionaria y de izquierda al chavismo.

No obstante, estos 13 años no los cambiaría por nada. Han sido tiempos de un increíble –y doloroso– aprendizaje sobre el posible significado del cambio social en un país como Venezuela y los principales retos de nuestro tiempo.

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