Hasta siempre Domingo


Rafael Uzcátegui

El pasado domingo 23 en la madrugada, debido a un infarto, dejó de existir Domingo Alberto Rangel, el intelectual marxista más prolífico de la Venezuela contemporánea, con una obra estimada en casi un centenar de libros escritos sobre variados temas y miles de textos publicados en periódicos y revistas de toda la región. En los últimos años, debido a la particular situación política del país, tuvimos la suerte y el honor de compartir amistad con este viejo luchador tovareño, tras cuya dura caparazón ideológica se encontraba un hombre afable poseedor de una vasta cultura universal. Escucharlo era una fiesta. Sin las presiones de la palabra escrita, su retahíla de ocurrentes frases revelaba, en confianza, su faceta más iconoclasta, cuyo registro pudiera añadir un valioso documento sobre una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo.

La primera vez que conocimos a Domingo fue tras el golpe de Estado del año 2002, cuando sentado en el Gran Café de Sabana Grande, en Caracas, lo entrevistamos para un libro inédito sobre las izquierdas en tiempos de Hugo Chávez. Aquel primer encuentro se repitió cada semana, en donde tras un “negrito” el viejo hacía su balance de los acontecimientos de la vida nacional. Por motivos de salud, la visita se mudó para su casa en Las Mercedes, único legado de sus agitados días como parlamentario. Mientras la discusión polarizada y mediática se infantilizaba, Domingo argumentaba desde todos los puntos posibles: la teoría marxista; la historia mundial y venezolana o su vasto anecdotario. Era cierto que Domingo poseía una ética no susceptible de negociaciones, y como polemista podía llegar a ser tan duro como terrible, pero aunque no se coincidiera con sus afirmaciones, era una opinión que no dejaba espacio para la indiferencia.

“Chávez es un adeco extravagante” me dijo una vez. De diferentes maneras calificó al chavismo como un movimiento fariseico y contrarrevolucionario, ignorando los diferentes guiños que el presidente le realizó desde su púlpito. Su fallecimiento ha sido celebrado puertas adentro del Palacio de Gobierno. Sus funcionarios, como demuestra la primera nota difundida por la Agencia Venezolana de Noticias sobre su muerte, han intentado lo que nunca pudiera lograr mientras Domingo vivía: Apabullar su pensamiento con mentiras falaces. Su familia rechazó el ofrecimiento oficial de velarlo en la Asamblea Nacional. Que la tierra le sea leve a un hombre ingobernable.

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