El recambio necesario

rafael uzcateguiRafael Uzcátegui

Los resultados del pasado 16D, más la posibilidad de desaparición del presidente Chávez –por lo menos del escenario público por razones de salud-, plantea la necesidad de renovar los liderazgos sociales que han signado la política venezolana en los últimos años. “Liderazgos sociales” debe entenderse en un sentido amplio, y no sólo en la interpretación reduccionista de políticos que acarrean votos. En cambio, pensamos en movimientos colectivos que realicen todo tipo de emprendimientos que transformen los valores políticos dominantes, junto a la cultura organizacional tradicional de nuestras formas asociativas. Como ha sido sobradamente demostrado en los últimos años, el voluntarismo gubernamental por sí mismo es insuficiente, por no decir contradictorio, para promover un verdadero cambio entre nosotros y nosotras. Una de las razones por las que la  voluntad discursiva oficial no se ha traducido en hechos, es por la ausencia de un tejido social de base independiente, beligerante y autónomo. Como ha sido descrito ampliamente en otros trabajos, las redes ciudadanas y populares existentes en la década de los 90´s, precisamente la base electoral que eligió por primera vez a Hugo Chávez, fue progresivamente sustituida por organizaciones paraestatales creadas desde el poder, con lazos de solidaridad verticales con el presidente, de autonomía restringida y agenda permanentemente electoralizada, así como una historia que comenzaba, casi mágicamente, en 1999. A pesar de contar con los ingresos petroleros más abundantes de los últimos 30 años, los resultados de los últimos 13 años han sido escasos. El logro más publicitado por el gobierno del presidente Chávez, la reducción de los índices de pobreza, corresponde a la tendencia general de la región como consecuencia de la alta demanda de sus materias primas, especialmente los recursos energéticos. Como ejemplo tenemos que un país que no pretende construir el “socialismo del Siglo XXI”, muestre resultados tan buenos en disminución de familias pobres, como los venezolanos. Perú, cuyo crecimiento es una mezcla de pleno empleo basado en la minería, las maquilas textiles y el turismo, ha disminuido a la mitad sus tasas de pobreza en menos de una década. Sin embargo, una clara diferencia entre ambos países es, como pueden corroborarlo los interesados e interesadas, los altos niveles de autonomía y contestación de los movimientos sociales peruanos. 

Para el caso de nuestro país no tenemos que inventar el agua tibia. A lo largo y ancho del territorio manos anónimas, a contracorriente, recrean los lazos sociales bajo emprendimientos de economía social. Sólo mencionaremos un ejemplo: La central cooperativa Cecosesola del estado Lara, la cual durante cuatro décadas ha creado una cultura solidaria y asociativa que es referencia para toda la región.  @fanzinero

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