Los venezolanos que no existen

Rafael Uzcátegui

Si usted caminó por La Hoyada, Sabana Grande o Petare, en la Caracas del diciembre pasado, podría haber notado que el merchandising más vendido, como parte de los estrenos navideños, era la mercadería de la serie venezolana “Cárcel o Infierno”. Como se recordará un exprivado de libertad, con experiencia en la animación computarizada, ha creado una historia para youtube que publica por entregas, recreando lo que él mismo vivió durante sus cinco años de reclusión. Cada capítulo de la serie sacude las redes sociales locales, e incluso una versión impresa ya forma parte de la edición dominguera de un conocido periódico de circulación nacional. Los personajes más populares, según los comentarios de la red social de videos, son los líderes de las dos bandas que, por medio de “coliseos”, se disputan el control de la cárcel. Y sus signos distintivos (gorras y franelas) se han convertido en una marca que comienza a ganarse un sitio en los hábitos de consumo de una parte de la muchachada caraqueña. Sería un lugar común, un gesto de pereza mental además, explicar la identificación con estos antihéroes solamente como la evidencia de la decadencia de la juventud venezolana, o por la inversión de los valores en una sociedad polarizada y en crisis. Por nuestra parte, en cambio, entendemos este fenómeno de una manera diferente. 

 

Los privados y privadas de libertad en el país suman, según las últimas cifras conocidas, 50.000 personas. Si usted multiplica esta cifra por 10, para incluir a sus familiares directos e indirectos, tiene que alrededor de medio millón de personas padece los problemas e humillaciones relacionados en el estado de las cárceles en el país. Sin embargo los padecimientos y estigmas de este medio millón de personas son permanentemente invisibilizados. Y al no tener un lugar, ni sitios de autorepresentación, la serie se ha convertido en un referente para quienes la posibilidad de visitar una cárcel forma parte de sus horizontes y dilemas cotidianos. En una compleja reinterpretación, reiteramos que ajena a los lentes de la clase media, Cárcel o Infierno cuenta para algunos la voluntad de supervivencia del ser humano en los escenarios más adversos. Nos guste o no nos guste esa Venezuela existe, y sus tristezas están unidas a las nuestras por un invisible cordón umbilical. Si aun usted no se ha indignado por la masacre de 60 personas en Uribana por parte de la Guardia Nacional Bolivariana, es hora de comenzar a hacerlo. @fanzinero

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