Santa Evita de Sabaneta

Rafael Uzcátegui

Forma parte del bagaje sociocultural latinoamericano la figura de Eva Perón, madrina de los descamisados argentinos y quien, fungiendo como enlace entre el movimiento popular y la figura de Juan Domingo Perón, fue imprescindible para la consolidación y permanencia del peronismo como fenómeno político. En pleno apogeo de su popularidad, fue diagnosticada de cáncer útero, convaleciendo por un período de 6 meses, falleciendo a los 33 años, el 26 de julio de 1952. Ante el desenlace fatal, factores de poder político comenzaron, en terreno favorable, la construcción de un culto laico que pudiera ser utilizado como instrumento de control hegemónico. Durante su enfermedad el gobierno promovió misas, rezos y altares a lo largo y ancho del país. De manera “espontánea” aparecieron plegarias y estampitas religiosas donde su figura simulaba la Virgen María, pasando a ser calificada como “jefa espiritual de la nación”. En el anuncio de su fallecimiento su hora fue modificada dos minutos, para fácil memorización, y se cuenta que durante los tres años siguientes los locutores de radio hacían un alto a las 8:25 para recordar “la hora en que Evita pasó a la inmortalidad”. La principal central sindical declaró tres días de paro y el gobierno decretó duelo nacional por 30 días. Su velorio dura 72 horas, congregando a miles de personas. El performance, según los testimonios, era electrizante. La muchedumbre escucha conmovida la voz grabada del discurso que Eva pronuncia el 1 de mayo anterior cuando pide que el pueblo dé “la vida por Perón”. Juan Domingo lee el testamento que ella escribe en su fase final, reiterando la solicitud a sus seguidores de “cuidar a Perón de sus enemigos”. La difusión de este manuscrito junto con su autobiografía fueron textos fundamentales en la construcción del mito.

Una de las claves simbólicas de este proceso de ingeniería política fue ocultar e impedir la degradación física, encargando al médico español Pedro Ara, experimentado en artes similares con los restos de Lenin, el embalsamiento del cuerpo de la primera dama. La edificación del culto incluyó adjudicarle frases que no eran de su autoría, como “Volveré y seré millones”; la difusión de un discurso basado en paralelos místicos y religiosos, “había muerto a los 33 años como Cristo”; la realización de una campaña “espontánea” solicitando al Vaticano su canonización así como la generosa difusión en medios oficiales de reportajes sobre “apariciones” de su imagen y curas milagrosas de enfermedades. Jorge Luis Borges, en su cuento breve El Simulacro escribe: “¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico?”. Quizás nos equivocamos quienes comparábamos a Hugo Chávez con Juan Domingo Perón. ¿Será más recordado como Evita? @fanzinero

Un comentario en “Santa Evita de Sabaneta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s