El vértigo del vacío

eleccionesRafael Uzcátegui

Si usted revisa los votos emitidos  en las elecciones presidenciales, entre 1998 y 2013, podrá constatar las curvas de crecimiento de los dos principales bandos políticos en pugna. El dato electoral, es cierto, no constituye toda la realidad, pero es un hecho que no puede soslayarse en cualquier análisis sobre la dinámica sociopolítica de cualquier país. La tendencia oficialista tuvo su mayor apogeo entre los años 2000 y 2006, lo cual coincide con el período de lanzamiento de las políticas sociales denominadas sociales. De allí al 2012 continuó el crecimiento, hasta llegar al tope de alrededor de ocho millones de sufragios para el candidato Hugo Chávez, con un margen sólido de diferencia de millón y medio de votos de su principal contendor. El mejor momento electoral del oficialismo, con un candidato casi ausente y la promesa de implementar una radicalización de su proyecto en base al estatismo comunal, dio paso al vértigo del vacío: La súbita ausencia del líder de un proyecto edificado en base al culto a la personalidad. Las interrogantes orbitaban en torno a cuánto “proceso” y cuánta “revolución bolivariana” serían posibles en su ausencia. Por ello, el resultado de las primeras elecciones presidenciales sin Chávez ofrecerían varias lecturas. Una de ellas tenía que ver con el margen que separaría al vencedor del ganador. Los resultados hasta ahora conocidos reflejan, en contraposición al 7 de octubre, el peor momento electoral del movimiento bolivariano, el cual apenas en 6 meses perdió todo el capital electoral que un Hugo Chávez había acumulado entre el 2006 y 2012, y cuyos guarismos sugieren que la opción no bolivariana sería la primera opción de triunfo en una próxima cita electoral de envergadura nacional. Uno podría preguntarse si todo el escándalo de los últimos días y la estrategia del llamado comando “antigolpe”, que incluye fantasmagóricos ruidos de sables, ficticios actos de vandalismo contra centros de salud y adjudicación de razones políticas a muertos por la peste  de nuestra violencia cotidiana, no tiene otro fin que darle largas a una discusión insoslayable aguas adentro en el movimiento bolivariano: La erosión del liderazgo de Nicolás Maduro, la pérdida de apoyo en los sectores populares, hasta octubre el sólido bastión del bolivarianismo y, por último, el comienzo del fin de la hegemonía política del chavismo en la sociedad venezolana. El único “golpe” posible a ser escuchado estos días sería el estrepitoso sonido de la caída. El trasvase electoral sugiere que eso que conocimos como “chavismo” sólo es posible bajo la conducción personal y omnipresente de Hugo Chávez.  Los tiempos son propicios para pensar y promover la necesidad de nuevos liderazgos colectivos, así como la recuperación de la autonomía beligerante de los movimientos sociales. @fanzinero

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