Silva, el delator delatado

Rafael Uzcátegui

Para quienes fuimos víctimas de los señalamientos criminalizadores del señor Mario Silva, representa un alivio su reciente salida de la pantalla, a raíz de la difusión de un audio en donde enfiló el verbo que lo caracterizaba hacia diferentes personajes de su propio bando. Silva nunca ocultó su relación con los órganos de inteligencia del Estado venezolano –alguna vez, incluso, exhibió orgulloso un reconocimiento otorgado por el Sebin-, y en sus programas era habitual la transmisión de intervenciones de comunicaciones privadas de diferentes actores sociales y políticos del país, prohibido por la Constitución, lo cual formaba parte del arsenal “argumentativo” disparado en contra de los elementos que según su criterio había que neutralizar. Para quienes trabajamos los temas de Derechos Humanos ser nombrados en el estelar nocturno de la televisión estatal era un presagio de los episodios de criminalización de nuestro trabajo, lo cual en muchos de los casos desembocaron en agresiones contra la integridad de los activistas.

No hay que olvidar que esta suerte de paramilitarismo mediático siempre contó con el aval no sólo de altos funcionarios del Estado venezolano, sino la complicidad y aprobación de un sector del propio oficialismo de base. El propio presidente Chávez señaló a Silva como ejemplo del “periodismo necesario”, el ex ministro de comunicación Izarra expresó que era una pieza clave de la construcción de la “hegemonía mediática” y era común escuchar a militantes del bolivarianismo celebrar las “ocurrencias” nocturnas del programa de televisión. Si bien el programa “evolucionó” en sus formas, énfasis y métodos durante el largo tiempo que estuvo en el aire, desde sus inicios siempre fue claro que su objetivo sería desprestigiar a los críticos gubernamentales. El inicio de su transmisión bajo la gestión de la dirección del Canal 8 por parte de Vladimir Villegas, siempre será una mancha que acompañará la trayectoria de este periodista, quien después sufrió los propios embates del monstruo que ayudó a crear.

Salvando las distancias y reconociendo especificidades, el único paralelo en la región que recordemos fue el fenómeno de la llamada “prensa chicha” auspiciada por el siniestro Vladimiro Montesinos durante el gobierno de Alberto Fujimori en el Perú. Como se recordará, una serie de periódicos a muy bajo costo, cuyo contenido sensacionalista y con generosidad de bustos, piernas, apariciones de ovnis y milagros protagonizados por imágenes religiosas se encargaba de señalar y desprestigiar sistemáticamente a los críticos de los excesos y atrocidades fujimoristas, marcando incluso a los posibles objetivos de la represión estatal y la actuación de iniciativas paraestatales como el tristemente conocido “Grupo Colina”. Aunque “La Hojilla” o similares continúen en la parrilla del canal estatal, la ausencia de Silva deja un vacío que, aunque sea imitado, nunca será lo mismo. Afortunadamente. @fanzinero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s