¿Activistas políticos o defensores?

rafael uzcateguiColumna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

Muchas de las personas que han pasado tanto por otras organizaciones de derechos humanos como por Provea vienen de un pasado de militancia o activismo en diferentes luchas sociales y políticas. Por diferentes razones, han entendido que la defensa de los derechos humanos es una posibilidad de continuar su vocación de servicio a los más vulnerables y necesitados. Sin embargo ser activista de un partido político o de un movimiento social posee diferencias respecto al compromiso que significa la promoción de los derechos humanos. A continuación, comentarios al respecto.

Si bien ambos parten de un marco de referencia, una ideología, con el que interpretan al mundo, lo que es bueno y malo, lo que debería ser y lo que no, optar por un camino u otro tiene implicaciones que pueden ser hasta antagónicas. Para explicarnos, relataremos una anécdota real. Como se recordará en junio del 2001 fue detenido Vladimiro Montesinos en nuestro país, quien se encontraba prófugo de la justicia peruana. Montesinos, asesor político del presidente Alberto Fujimori y jefe de los servicios de inteligencia y seguridad nacional durante su mandato, era acusado de graves delitos de violación a los derechos humanos. Las organizaciones de derechos humanos peruanas habían documentado cientos de denuncias sobre desapariciones, torturas, secuestros y hostigamientos realizados tanto por funcionarios de las Fuerzas Armadas y Policiales peruanas como por grupos parapoliciales que señalaban a Montesinos como el cerebro de las operaciones. En Venezuela nos hicimos eco de esas denuncias, describiendo como en el marco de la lucha antiterrorista realizada contra las organizaciones Sendero Luminoso y Tupac Amarú se cometieron excesos por parte del Estado que dibujaban un cuadro oscuro y de horror. Las organizaciones regionales de derechos humanos deseábamos que los responsables de las violaciones comparecieran ante la justicia, y que los asesinados y torturados fueran reivindicados como víctimas. Cuando anunciaron su captura en nuestro país, respiramos aliviados pensando que comenzaba para el Perú un largo camino de reconstrucción democrática y de atención a las heridas de la guerra civil por intermedio del empeño de la Comisión de la Verdad. La captura de Montesinos fue quizás el primer escándalo internacional que involucraba al gobierno del presidente Chávez, pues diferentes altos voceros habían negado sistemáticamente la posibilidad que este se encontrara en el país y que tuviera algún tipo de nexos con miembros del gobierno. Su detención, entonces, desató una tormenta diplomática que motivó que nuestras autoridades quisieran deportarlo de la manera más rápida posible saltándose todos los procedimientos institucionales.

Esta situación plantea un dilema ético. Para una racionalidad política que justifique el fin independientemente de los medios, no importaba la manera en que Montesinos hubiera sido aprehendido o si se cumplían o no los trámites necesarios en su extradición. Lo único que importaba era que en el menos tiempo posible Montesinos fuera sentenciado por la justicia peruana y empezara a cumplir su condena. Para un defensor de derechos humanos las consideraciones eran totalmente diferentes. Montesinos, a pesar de los crímenes en que hubiera estado involucrado, seguía siendo un sujeto de derechos (principios de irrevocabilidad e irrenunciabilidad de los derechos humanos), por lo que no podía ser a su vez víctima de torturas o malos tratos durante su cautiverio en el país y debían seguirse, escrupulosamente, los trámites establecidos para su entrega al gobierno peruano. Aunque para muchos era una contradicción, que no lo era, Provea intercedió en su momento por Vladimiro Montesinos para que sus derechos fueran respetados.

El ejemplo grafica la claridad y nobleza que debe caracterizar a un defensor o defensora de los derechos humanos, quien debe velar por la dignidad independientemente de las características de la persona. Al contrario, un activista político contrario a lo que representó el fujimorismo podía incluso justificar que se hiciera la vista gorda con la Declaración Universal con todo lo que tuviera que ver con Montesinos y ser recompensado en su entorno por ello.

Hoy en Venezuela los verdaderos defensores de derechos humanos, en medio de la polarización, estamos condenados a la soledad. Las voces más estridentes desde los bandos pretenden que no existan derechos para quienes califican como sus contrarios en su afán por eliminarlos simbólicamente del panorama político. Provea, fiel a los valores que la caracterizan como organización defensora de los derechos humanos, seguiremos abogando por las personas en situación de minusvalía siendo fieles a nuestra consigna “Todos los derechos para todos y todas”. Es así que hoy acompañamos la denuncia del refugiado vasco Asier Guridi, de los trabajadores presos de Civetchi, de los trabajadores de Coca Cola víctimas de hostigamiento, de los familiares de la Masacre de Uribana, de los líderes pemones como Alexis Romero bajo juicio militar, del sindicalista Rubén González y de todos aquellos que, independientemente de su condición, sean víctimas del oprobio y la injusticia.

Feliz 2014 para todas y todos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s