Autonomía para los movimientos sociales

sw_01Columna de Provea para Correo del Caroní, redactada por Rafael Uzcátegui

En la planificación de su proyecto de trabajo para los próximos años, Provea ha definido como prioridad el fortalecimiento de las organizaciones sociales autónomas que luchen por la vigencia de los derechos humanos. Provea entiende que estas conquistas sólo serán materializadas en la medida que exista organización popular independiente que las exija y las extienda con nuevas demandas.

Sin embargo “autonomía” es un término que para muchos sigue siendo desconocido. Autonomía es la capacidad de darnos nuestras propias reglas de funcionamiento y cuestionar lo que hemos heredado de la historia. La palabra proviene del griego “autosnomos” y significa “que se da a si mismo su ley”. La autonomía, en política, es la posibilidad que los seres humanos sean capaces de definir, de manera libre, sus propios proyectos de vida, que sean ellos y ellas mismas quienes gestionen y decidan, de la forma más democrática posible, cada uno de los aspectos que atraviesan su cotidianidad: desde el trabajo a la sexualidad, del uso de su tiempo libre a la alimentación, etc.

El filósofo griego Cornelio Castoriadis ha descrito que lo contrario de la autonomía es la heteronomía, vivir bajo reglas que otros deciden. Según su explicación los diferentes poderes  educan para la servidumbre, siendo siempre otros y otras quienes toman las decisiones. Y estas medidas, así como las instituciones que las ponen en práctica, se dicen sagradas e indiscutibles. Un individuo comienza a ser autónomo cuando comienza a preguntarse si eso debería ser siempre así, o si por el contrario las cosas pudieran funcionar mejor de una manera diferente. Por ello se dice que la autonomía es una interrogación sin fin, que no se detiene ante nada y que, incluso, revisa constantemente sus conclusiones preliminares. ¿Si el Estado, el gobierno, el ejército y las cárceles son injustos y opresores, no pueden ser cambiados por algo mejor? Un individuo autónomo nunca olvida, por tanto, que son los seres humanos quienes han creado las leyes de funcionamiento de la sociedad. Y por ello pueden ser sustituidas en cualquier momento, por los individuos, cuando atentan contra el bien común. La autonomía individual se produce a partir de la libre reflexión y la deliberación, concretada en un pensamiento propio, siendo soberano de sí mismo/a y de sus actos.
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