Novedades en movimiento

rafael uzcateguiRafael Uzcátegui

Para cualquier observador acucioso la dinámica de las protestas en las últimas semanas en Venezuela presenta algunas novedades respecto a la cultura de movilización social cimentada en los últimos años en el país. La primera es la propia continuidad de las protestas. El venezolano se ha caracterizado por promover un tipo de esfuerzos de resultados a corto plazo, sin permanencia en el tiempo, por lo que la suma de cada nuevo día de protesta contradice la inmediatez que parecía propia del “hacer-político” en el país. Un segundo elemento tiene que con su extensión y dispersión. Caracas, centro del poder simbólico presidencialista entre nosotros, siempre era el referente de cualquier manifestación nacional. Sin embargo, las protestas se vienen realizando con tanta intensidad y convocatoria en diferentes puntos de la geografía. Nunca antes habíamos presenciado la realización simultánea de 18 movilizaciones que, en algunos casos, (Maracaibo, San Cristóbal, Barquisimeto, Valencia, Puerto La Cruz por nombrar algunas), han sido multitudinarias. Y esto tiene su explicación. Las provincias han sido duramente castigadas  por años de interrupción de servicios públicos, escasez de productos de todo tipo y una tasa inflacionaria que ha mermado doblemente la capacidad adquisitiva de los asalariados, en comparación en el trabajador capitalino favorecido por un mayor flujo de capitales que permiten sumar otras entradas al ingreso familiar. Por esto en la indignación callejera en el interior del país hay más reivindicaciones de tipo social que en Caracas, donde las demandas siguen siendo mayoritariamente políticas (renuncia presidencial, liberación de los detenidos y rechazo a la represión).

 

Esta no es la única diferencia entre dos dinámicas movimientistas, que si bien tienen relación, cada una posee particularidades. En “la ciudad de los techos rojos” las protestas se han concentrado territorialmente al este de la urbe, y sus protagonistas son mayoritariamente estudiantes y clase media. En provincia hay una mayor incorporación de clases populares y, en el caso del Táchira, incluso de zonas rurales (por ello la militarización de la entidad). Otra novedad es el intenso uso de redes sociales para comunicarse, convocar y realizar las denuncias de abuso policial, militar y parapolicial ante la censura televisiva. Por ello, Venezuela ha entrado improvisada y atropelladamente en los conflictos digitales de la Era de la Información descritos por Manuel Castells, hasta ahora mediante multitudes configuradas en redes sin centro visible que han sobrepasado a los partidos políticos opositores. El gobierno, pensando bajo la lógica análoga, ha creído que era suficiente la invisibilización y represión para silenciar las protestas, retrocediendo terreno en un conflicto basado, entre otras cosas, en la creación y difusión de imágenes. Hoy, la lectura exclusivamente “ideológica” del conflicto, alcanza a comprender bien poco de las novedades, matices y complejidades de lo que está sucediendo.

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