¿Doctrina Shock endógena?

Rafael Uzcátegui

 

En su libro “Doctrina Shock” la periodista canadiense Naomi Klein –quien se hizo conocida por su texto “No Logo”, que se convirtió en la biblia del movimiento antiglobalización- construye una hipótesis sugerente: Las medidas de ajuste estructural y político más importantes del siglo XX se impusieron después de hechos que conmocionaros sus sociedades. El proceso, que denomina “Doctrina Shock”, lo atribuye al economista Milton Friedman, de quien cita “Sólo una crisis real o percibida como tal produce un autentico cambio”. Un antecedente lo ubica en los experimentos realizados por la CIA para doblegar prisioneros, en plena Guerra Fría: “Rehacer personas, conmocionarlas hasta que obedezcan. La clave era el shock para reducir a los adultos a un estado infantil. En ese momento la fuente es más abierta a la sugestión y más propensa a obedecer”, nos relata la versión audiovisual del texto. “Un desastre natural, un ataque terrorista nos hace entrar en estado de shock. Y como el prisionero en la sala de interrogatorios también nos hacemos mas infantiles, propensos a seguir a líderes que afirman protegernos”. Los ejemplos en el libro son diversos: Golpe de Estado en Chile (1973), Guerra de las Malvinas (1982, Masacre China (1989), Apertura en Rusia 1993, Torres Gemelas Nueva York (2001), Invasión Irak (2003). Según la autora Friedman aconsejó a los políticos aprovechar el momento posterior a la crisis para imponer de golpe todas las políticas más dolorosas “antes que la población recobre de nuevo el equilibrio”.

 

Si bien la hipótesis de la canadiense tiene que ver con la imposición de ajustes macroeconómicos de libre mercado, su idea de la utilización del “shock” puede ayudarnos, en general, para explicar la implementación de medidas que en circunstancias normales serían rechazadas por amplios sectores de la población. Pensemos en los obstáculos al derecho a la manifestación. Fue después del 2002, tras el golpe de Estado contra el presidente Chávez, que la conmoción por la interrupción del hilo constitucional sirvió para justificar, e implementar, la creación de “zonas de seguridad” en el país, tras la reforma de la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. Como recordaremos, en estos perímetros –el 30% del territorio del país según la ONG Control Ciudadano- se prohíbe la “alteración del orden público”, que ha prohibido la realización de huelgas en empresas básicas e instituciones públicas, así como las marchas y concentraciones de protesta en el palacio de Miraflores. Ahora mismo la conmoción de los días recientes profundiza estas políticas. Desde el 17.02.14 el alcalde del Jorge Rodríguez aprobó el decreto 281 que establece a su jurisdicción como “zona libre de fascismo” para impedir manifestaciones disidentes, lo cual promueve la discriminación política. Además, la Dirección de Control Urbano de dicha institución está solicitando un “aval” del llamado “poder popular” aledaño a la zona para poder autorizar una manifestación. (Publicado en el Diario 2001)

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