El desquite de Bakunin

Mikhail-Bakunin-by-Rae-Maxwell[2]Rafael Uzcátegui

El próximo 30 de mayo se cumplirán 200 años del nacimiento del ruso Mijaíl Aleksándrovich Bakunin, quizás el más conocido de la primera generación de intelectuales anarquistas, y para muchos piedra fundacional de la rama más antiautoritaria del socialismo. Hasta el día de hoy ha trascendido el antagonismo entre este y Carlos Marx, cuyo episodio más sonado ha sido fue la expulsión del ácrata de la I Internacional, tras una serie de componendas y acusaciones falsas que historiadores ubican su origen en el autor de “El Capital”. Marx no sólo logró hegemonizar la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), sino el espíritu de las revoluciones y gobiernos que se hicieron en su nombre durante el siglo XX, cuyos efectos prácticos y consecuencias reales confirmaron todas y cada una de las críticas hechas por los libertarios, incluidas las de Bakunin. Algunos de los principios defendidos por los anarquistas siguen teniendo tanta validez como cuando fueron postulados por primera vez, entre otros, por el ruso: La importancia de compatibilizar la justicia social con la libertad (“Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad”); la noción que los fines deben estar incluidos en los medios para alcanzarlos; la intuición que la revolución –o el cambio si preferimos- tenía que empezar en la propia persona, el aprecio por las características propias de cada individuo sobre la vocación autoritaria de la homogeneización y el énfasis dado al ejercicio del poder, tanto como las diferencias sociales, como fuente de la desigualdad y la opresión. Mientras las ideas de Marx cada día son vistas con mayor recelo debido a sus resultados concretos, los movimientos sociales de nuestro tiempo se descubren más cercanos a los valores antiautoritarios, autogestionarios y horizontales que por tanto tiempo defendieron “los anarcos”.

Bakunin advirtió hace más de un siglo que a pesar de hablar a nombre de los deseos profundos del ser humano, la creación de un nuevo poder político “revolucionario” privilegiaría a una nueva clase, manteniendo a la mayoría en la ignorancia y en la mera ilusión, lo cual devendría en un mero cambio de los adjetivos de la dominación: “El pueblo no estará más aligerado si el palo que le pega lleva el nombre del palo del pueblo”, afirmó. Bakunin fue un nómada, y la mayor parte de su vida la dedicó a la conspiración permanente, la cual trascendía las fronteras. La mayoría de sus obras fueron textos sin terminar:        “Llamamiento a los eslavos, Dios y el Estado”, “Estatismo y anarquía”, “Crítica y Acción”, “El Estado y la comuna”, “Federalismo, socialismo y antiteologismo”. 200 años después la venganza de Bakunin sobre Marx ha sido la mayor vigencia de su pensamiento y el entusiasmo que despierta sobre las nuevas generaciones de contestatarios. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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