Desaprender la polarización

PolarizaciónVenezuelaRafael Uzcátegui

El pasado jueves 29 de mayo tuvimos el placer de ser invitados al taller de la organización “Mucho con poco” en la Universidad Central de Venezuela (UCV), con el fin de compartir herramientas útiles para el diálogo social, enfocadas al protagonismo de la gente frente al poder. Nuestra intervención versó alrededor de una propuesta: La desmilitarización, tanto de los territorios como de las mentes. Es de sobra conocida las consecuencias de la presencia física de los militares en los espacios: Su intervención en puestos de dirección de la arquitectura estatal, la creación de zonas de seguridad donde se han prohibido el ejercicio de derechos constitucionales, la militarización de las políticas de seguridad ciudadana y su uso para la represión de manifestaciones. La llegada de una persona de forrmación castrense a la presidencia, revigorizó una matriz que ya existía en nuestra historia. El culto al “superhombre”, militar o caudillo civil, que providencialmente y con mano firme nos guiará a la superación de nuestros problemas, esta profundamente arraigado en nuestro inconsciente colectivo, en parte como consecuencia de ese mito fundacional llamado Simón Bolívar.

La desmilitarización de las ideas, de la manera de pensar y razonar, es un proceso más complejo y que implica la voluntad de desaprender conductas que nos parecen “normales”, pero son consecuencia del chip militarizante instalado en nuestras cabezas. El ejército es un dispositivo de razonamiento que implica entender los conflictos bajo la lógica de las guerras: el exterminio simbólico y/o físico de los adversarios. Una de las consecuencias de la mirada castrense es la polarización. Por ello citamos los elementos que según la psicóloga social ucevista Mireya Lozada la caracterizan, con el fin que nos reconociéramos en ellos, para superarlos en pos de los diálogos necesarios: 1) Estrechamiento del campo perceptivo (percepción desfavorable y estereotipada del grupo opuesto que genera una visión dicotómica y excluyente “nosotros-ellos”; 2) Fuerte carga emocional por el rechazo sin matices de la persona o grupo contrario; 3) Involucramiento personal: cualquier hecho afecta al individuo; 4) Quiebre del sentido común: Intolerancia suplanta a la discusión; 5) Cohesión al interior del propio grupo y conflicto latente entre grupos opuestos; 6) Espacios de convivencia son presionados a posicionarse a favor de alguno de los dos polos de la confrontación y 7) Personas, grupos e instituciones sostienen las mismas actitudes de exclusión, rigidez o enfrentamiento presentes en la lucha política.

Para finalizar dejamos en el aire tres conclusiones: Las ideologías sólo dan respuestas parciales; Estos son tiempos de aperturas y alianzas flexibles en torno a valores compartidos y, por último, la diferencia no es un riesgo –como afirma la mentalidad militar- sino una oportunidad para mejorar lo existente. Por ello es saludable la aparición de “las oposiciones”, en plural y, en un futuro cercano, “los chavismos”. (Publicado en 2001)

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