Militarismo y extractivismo

sarayRafael Uzcátegui

En la actualidad América Latina tiene gobiernos de todo el espectro ideológico: De derecha, centro e izquierda. No obstante, todos comparten un mismo modelo de desarrollo: El “progreso” basado en una intensiva industrialización de sus países como consecuencia de profundizar la economía extractivista.

Extractivismo es una forma de organizar la economía de un país basada principalmente en 4 características: 1) Alta dependencia de la extracción intensiva de Recursos Naturales (pueden ser minerales o naturales) 2) Es realizada en grandes volúmenes (tendencia a la monoproducción / monocultivo), 3) Con muy bajo procesamiento (valor agregado, en inglés “commodities”) y 4) destinado para su venta en el exterior (exportación).

La expansión actual del extractivismo en la región ocurre independientemente de la ideología de los gobiernos nacionales, los cuales han revigorizado el papel de los Estados como reguladores de los capitales dentro de sus territorios. Entonces, junto a las compañías transnacionales los Estados nacionales son un actor importante en el estímulo del extractivismo en la región.

Algunos datos. Para el año 2013, según el ranking realizado por la revista America Economía, de las 10 empresas más grandes de América Latina 7 realizaban actividades extractivas (Petróleo, gas, minería y agroindustria) y 5 eran de propiedad estatal. Las tres primeras eran empresas energéticas estatales, en orden 1) Petrobras (Brasil), 2) Pemex (México) y 3) PDVSA (Venezuela). Para el 2011 el mayor volumen de exportación de las 500 mayores empresas de la región era para minería, un 28%, seguido por las agroindustrias en 12%, la industria automotriz en 12% y el sector petróleo-gas en 10%. Como consecuencia de la demanda de sus recursos naturales y energéticos según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el 2012 la región mostró su porcentaje de pobreza más bajo de sus últimos 30 años, un 28,8%.

El extractivismo en Latinoamérica necesita la militarización de los territorios ricos en recursos a ser explotados por la megaminería o la agroindustria. Es fácilmente constatable la presencia física de los ejércitos para “cuidar” los negocios, declarando las industrias como de “interés nacional” y aplicando una lógica de ocupación de guerra en los espacios. Por ello es que en todos y cada uno de los países se viola el derecho a que las comunidades indígenas y campesinas sean consultadas previamente sobre estas actividades de alto impacto sobre sus tierras. La mexicana Ana Cerceña dice: “hay que entender que la militarización no es sólo poner un soldado o una base militar en algún lugar, sino convertir las políticas en políticas con visión militarista, en políticas con visión de enemigo”. Y estas políticas con visión de enemigo han traído consigo la criminalización de la protesta, que es un proceso común a casi todos los países de la región. Para que el extractivismo exista debe existir una militarización que discipline a la sociedad en su rol de maquila energética.  (Publicado en Diario 2001)

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