Niños migrantes y Barack Obama

Rafael Uzcátegui

Durante la crisis humanitaria originada en el 2005 por las consecuencias del Huracán Katrina en Nueva Orleans, Barack Obama fue uno de los críticos más agudos de la administración Bush. El futuro presidente en aquel momento acusó al Ejecutivo de abandonar a su suerte a las familias sin techo, lo cual avivó la polémica por la respuesta gubernamental a la tragedia. Hoy, la propuesta sobre aumentar las competencias oficiales para deportar rápidamente a niños migrantes detenidos en suelo estadounidense, ha originado un revuelo que ha comenzado a conocerse como el “Katrina de Obama”.

La llegada al poder de un presidente de origen afroamericano en Washington despertó expectativas sobre la implementación de políticas con enfoque en derechos humanos. Obama planteó durante su campaña la necesidad de cerrar la base militar de Guantánamo, oferta que como ha recordado Amnistía Internacional sigue sin cumplirse. El trato a los inmigrantes debe incluirse en la lista de falsas esperanzas de la administración norteamericana. Según las estimaciones 11,5 millones de inmigrantes sin papeles viven y trabajan actualmente en Estados Unidos. A pesar que en el 2011 anunció reformar al sistema inmigratorio y medidas para suavizar las políticas de deportación, en la campaña para su reelección, en su primer período presidencial expulsó del país casi la misma cantidad que su predecesor lo había hecho en ocho años, 1.57 millones de personas.

Los latinos, la mayor minoría y de crecimiento más rápido en Norteamérica, actualmente superan los 50,5 millones de personas, un 16,3% de la población, según el censo del 2010. La Casa Blanca ha difundido que 90.000 niños migrantes no acompañados cruzarán la frontera entre Estados Unidos y México en 2014, 10 veces más el número que cruzó en 2011. Además, afirman que miles de niños más han cruzado acompañados de un solo padre, lo que también supone un aumento respecto a años anteriores. Esta sería la razón por la cual, el pasado 08 de julio, el presidente Obama solicitó al Congreso $3,700 millones para responder de forma integral a lo que calificó como crisis humanitaria en su frontera sur. Según las autoridades, el paquete de fondos adicionales solicitado se sustentaría en cuatro pilares: la “disuasión” de la inmigración ilegal; la interdicción y enjuiciamiento de redes criminales; mejoras en los programas de repatriación de los indocumentados, y un incremento en los centros de detención, cuidado y transporte de los niños indocumentados no acompañados.

Diferentes organizaciones y activistas han cuestionado la solicitud de celeridad para devolver a niños migrantes a sus países, debido los riesgos que supone. Clara Long, investigadora de Human Rights Watch declaró: “La política del gobierno de EE.UU. de detener a niños en grandes cantidades perjudica a los menores e incumple las normas internacionales. El Congreso debería explorar alternativas a la detención como las que emplean con éxito otros países que tienen experiencia en auges de cruces fronterizos de este tipo”. Cualquiera que sea el resultado final de este debate, se deben respetar los principios internacionales que protegen a este tipo de infantes: El interés superior del niño y la niña; Igualdad y no discriminación –que incluye violaciones a las garantías al debido proceso-; El derecho a expresar su opinión y ser oído así como las debidas protecciones a su derecho a la vida.  (Publicado en Contrapunto)

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