El mañana hoy

Rafael Uzcátegui

En su reciente libro “Anarquismo es movimiento” el pensador ibérico Tomás Ibañéz hace una interesante reflexión sobre los dilemas y potencialidades de un cambio social que, tomando en cuenta los errores del pasado, enfrente los retos del presente. Varios de sus desarrollos son pertinentes para asumir la transición postchavista entre nosotros. Tras hacer un repaso de algunos de los movimientos sociales contemporáneos, Ibáñez afirma que su carácter “prefigurativo” es una de sus características más resaltantes. Por “prefigurativo” entiende que dichos emprendimientos intentan funcionar, aquí y ahora, con los valores y principios que proponen para lo que entienden como mejor sociedad. El inventario comprende los principios antijerárquicos, las prácticas no autoritarias. Las formas de organización horizontal, la capacidad de emprender luchas con tonalidades libertarias y el recelo a todos los dispositivos de poder. “Estos movimientos –nos detalla- reinventan en sus luchas unas formas políticas antijerárquicas, anticentralistas y antirepresentativistas, tanto respecto a los métodos de decisión, formas de organización y las modalidades que revisten sus acciones”.

El autor contrapone esta vocación a esos movimientos que prometiendo un futuro para todos, garantizan un presente lleno de penurias para muchos con privilegios para unos pocos. Sus argumentos cuestionan el corazón de eso que denominan en Venezuela “El Proceso”. En palabras de Ibáñez “una escatología que se esfuerza por supeditar la vida a la promesa de vivir y por justificar todos los sufrimientos y todas las renuncias en nombre de una abstracción”. Sin embargo en este punto específico Chávez y Maduro son diferentes. Mientras el caudillo de Sabaneta prometía un horizonte llamado “Socialismo del Siglo XXI” –Como se leyó en una pared “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”- el ex sindicalista del Metro de Caracas sólo tiene un ayer para ofrecer: La vuelta a los supuestos días paradisíacos cuando gobernaba Hugo Chávez. El madurismo no intenta seducir con utopías sino con nostalgias. Por eso el bolivarianismo hoy es un movimiento lleno de pasado. A los replicantes nos ha quedado el futuro.

Las iniciativas que promovamos para reconstruir los tejidos y vínculos entre la gente deben funcionar, en pequeño, con los principios y valores que propongamos para lo grande: Ser “prefigurativos” de la nueva sociedad que deseamos para nuestros afectos. Se acabaron los tiempos en que las demandas quedaban “para el día después” –de la “revolución” o de ganar las elecciones-. Todas y cada una de las agendas parciales y sectoriales (estudiantiles, de mujeres, indígenas, campesinas, urbanas, lúdicas y contraculturales) deben expandirse y ponerse en movimiento hoy: los fines deben estar contenidos en los medios. Los resultados de aplicar la fórmula contraria son suficientemente conocidos. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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