Burlando la hegemonía comunicacional

Columna de Provea en Correo del Caroní redactada por Rafael Uzcátegui

El viernes 15 de agosto el país se levantó con la noticia, ampliamente difundida por los medios estatales y algunos privados, de la presunta firma de la contratación colectiva en Sidor. El hecho, en medio de un proceso de movilización de los trabajadores y detención de 15 de ellos, generaba el interés de la opinión pública nacional. Sin embargo, como los mismos trabajadores y sindicalistas comenzaron a denunciar, aquello no era cierto. La confusión reinó durante el día. Muchas personas daban por cierta la información oficial, que además había sido retransmitida por algunos conocidos medios impresos privados. En la mañana se realizó una asamblea a las puertas de la empresa, proponiendo entre otras cosas un paro de actividades como rechazo a la manipulación. Pocos periodistas estaban en el sitio.

Una manera en que ese día se hubiera contrarrestado la versión oficial es que un grupo de trabajadores, con visión estratégica sobre la comunicación, hubieran estado informando a través de sus cuentas de redes sociales sobre lo que realmente estaba sucediendo. Ese día se confirmó la necesidad de profundizar el uso de las herramientas tecnológicas de comunicación, por parte de los propios involucrados en las luchas, para burlar la creciente hegemonía comunicacional estatal.

Podemos internalizar varios elementos para caminar en esa dirección. El primero es conocer las posibilidades de los dispositivos personales a nuestro alcance. Un teléfono “inteligente” sirve para muchas más cosas que enviar SMS o revisar los titulares de noticias. Tenemos en nuestras manos una herramienta para amplificar a amplias audiencias nuestras exigencias de derechos, las razones de nuestras luchas, las respuestas de las autoridades. No tenemos que atiborrarnos de aplicaciones o de cuentas en redes sociales, pero es importante decidir cuáles usaremos para optimizar todas sus posibilidades.

En segundo lugar es el mejor uso posible de las redes sociales. Importante es incluir en nuestros perfiles que somos parte de la empresa en conflicto o del proceso de lucha. En twitter, por nombrar una de las más populares, la gente no sigue a personas sino a perfiles. Si colocamos que somos “trabajadores de Sidor” –por citar un ejemplo- cualquier persona que esté buscando información sobre el tema puede llegar a nuestro perfil, y entrar en contacto. Redes sociales no significa tener costosos equipos de telefonía celular. Cualquier teléfono con el sistema operativo “Android” –el del robot de color verde- está en capacidad de navegar por internet. Un teléfono de última generación tiene más capacidades para el uso de redes sociales –por ejemplo mejor resolución para fotos y videos-, pero hay teléfonos sencillos y más accesibles que pueden suplir nuestras necesidades.

Otro elemento a tomar en cuenta es que como parte de la población movilizada tenemos una visión privilegiada de los acontecimientos que no podrá sustituir ningún periodista. Un grupo de 5 personas –mientras más mejor- pueden hacer una cobertura ciudadana de una manifestación, o cualquier otro evento, que contribuya a posicionar el evento y sus motivaciones en redes sociales, hacer que más personas hablen del tema y convertirse en una “fuente” de información para periodistas y medios de comunicación. ¿Cómo hacemos esta cobertura? Mandando mensajes por twitter durante el desarrollo de la movilización. No sólo es importante decir que eso está pasando y que nosotros estamos allí, sino también narrar la evolución de los acontecimientos. Un buen comienzo es responder, por medio de mensajes de 140 caracteres, las 5 preguntas básicas del periodismo: Qué –está pasando-, Dónde –está pasando-, Cuándo –está sucediendo, Cómo –está pasando y Quiénes –están involucrados-. Nuestro relato se vuelve mucho más creíble si anexamos imágenes, que ya cualquier teléfono está en la capacidad de registrar y compartir.

Un cuarto elemento es la cooperación. Retransmitir los mensajes que otros estén difundiendo sobre la acción, mandar los nuestros a personas que tengan capacidad de influir en otros. Usar elementos que ayuden a clasificar y ubicar la información, que en el caso de twitter son las etiquetas o hashtags. Antes ponerse de acuerdo entre varios, durante la acción repartiéndose las zonas, después del hecho migrando los mensajes a todas las redes sociales posibles. Ya no depende de los grandes medios de comunicación si nuestra protesta es invisibilizada. Tenemos nosotros mismos la responsabilidad de poner los hechos al alcance de cualquier interesado. Esto es doblemente pertinente en los momentos actuales. Una foto difundida en redes sociales, por alguien que estaba presente en el sitio, puede hacer una gran diferencia. Recordemos que fueron los testimonios de la propia gente el pasado 12 de febrero los que lograron desmentir la versión oficial, esa que aseguraba que los muertos habían sido responsabilidad de los manifestantes.

No deleguemos en otros una responsabilidad que es básicamente nuestra. Si nuestra movilización es silenciada y tergiversada, hoy somos los principales responsables.

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