Recordando a Sacco y Vanzetti

sacco
Rafael Uzcátegui

El próximo 23 de agosto se cumplirán 87 años del asesinato de Ferdinando Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Como se recordará ambos eran inmigrantes italianos, trabajadores y adherentes del anarquismo, los cuales fueron juzgados, sentenciados y ejecutados por electrocución en 1927 en Massachusetts por el presunto robo a mano armada y asesinato de dos personas siete años antes. Su caso, que motivó decenas de movilizaciones de protesta alrededor del mundo, es emblemático para quienes nos hemos opuesto históricamente a la pena de muerte. Posteriores investigaciones demostraron su inocencia. En 1977, 50 años después de la ignominia, el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis reconoció el error, declarando que Sacco y Vanzetti habían sido injustamente enjuiciados y encarcelados y que “cualquier desgracia debería ser para siempre borrada de sus nombres”.

El caso no sólo tiene cosas que decir para los promotores de la tendencia antiautoritaria del socialismo. En Venezuela, cuando algunas voces insisten en proponer la pena de muerte ante el desborde de la inseguridad ciudadana, Sacco y Vanzetti nos recuerda el amplio margen de error cuando la justicia es azuzada por sesgos, prejuicios y pasiones. La historia ha recogido las palabras del juez en el caso, Webster Thayer: “Este hombre, -Vanzetti- aunque no haya en realidad cometido ninguno de los crímenes que se le atribuyen, es sin duda culpable, porque es un enemigo de nuestras instituciones”. Entre nosotros, las profundas irregularidades del sistema de administración de justicia, la falta de contrapesos e independencia, la institucionalización del “dedo” para la selección de jueces, la amplia participación de funcionarios policiales y militares en delitos, así como la polarización, exclusión por razones políticas y criminalización de la disidencia perfila un cuadro de horror ante la posibilidad de disponer judicialmente de la vida de las personas.

Las razones para oponerse sobran. Estadísticamente se ha demostrado que, en Estados Unidos, no ha servido para disuadir la perpetración de crímenes violentos. Como expresa Amnistía Internacional la pena de muerte es la negación más extrema de los derechos humanos: consiste en el homicidio premeditado y a sangre fría a manos del Estado. Este castigo cruel, inhumano y degradante, que se impone en nombre de la justicia, viola el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. En 2013, agregan, las ejecuciones aumentaron casi un 15% con respecto a 2012. Excluida China, se ejecutó al menos a 778 personas en todo el mundo. Casi el 80% fueron ejecutadas en sólo tres países: Arabia Saudí, Irak e Irán. Recordemos estos datos cuando se ventile la discusión entre nosotros. También podemos evocarlos escuchando “La balada de Sacco y Vanzetti” de Joan Báez y Ennio Morricone. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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