Nodos & Redes: Mártir punk veneco

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Rafael Uzcátegui

El punk venezolano, tan falto de memoria como el resto de las subculturas y culturas del país, tiene un mártir que nadie recuerda, al que no le cantan canciones ni aparece en fanzines, cuyo nombre evocado entre los cultores del género, nuevos o antiguos, no les dirá nada. Un olvidado entre los olvidados. José Gregorio Romero, a los veintitantos años, con su corte de pelo “mohawk”, botas militares, cadena al cuello con candado a lo “Sid Vicius” y franela con alusiones a bandas hardcore, fue asesinado el 02 de junio de 1992 a las puertas de la Universidad Central de Venezuela cuando se enfrentaban contra la Policía Metropolitana en una de las protestas de la época contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. No future for you.

I fought the law

Aunque quieran olvidarlo, activistas de la izquierda universitaria radical, hoy en el poder, sembraron con “guarimbas” las entradas de las universidades públicas durante la década de los 90´s. En una lógica que se repetiría dos décadas más tarde, seleccionaban los territorios más favorables para su protesta, en ese caso la autonomía de los centros de educación superior dependientes del Estado, donde podían protegerse después de enfrentarse, a piedra, molotovs y eventualmente bala, contra la policía. Después del “Caracazo” el foco de la protesta era Carlos Andrés Pérez y sus políticas de inspiración neoliberal. Bandera Roja (BR) era la organización con más influencia dentro de la muchachada, a través de su Unión de Jóvenes Revolucionarios (UJR). A su zaga estaba el resto de iniciativas “ñangaras”, sectas que abarcaban todo el espectro de la izquierda insurgente y cuya aura irradiaba en muchas direcciones, incluyendo las seminales tribus punks de la capital: El “Colectivo Rajatavla”, más cercano a BR y el marxismo-guevarismo, y los peliparados ucevistas, con más filiaciones anarquistas, como los principales. Más por egos que por discrepancias político-ideológicas reales, las relaciones entre las diferentes partes de aquella comunidad no eran precisamente cordiales.


Aunque Romero era parte de la órbita de los Rajatavleros, la realidad era que no encajaba en ninguna parte. Lento en sus razonamientos, era víctima de bromas de todo calibre. De allí que lo apodaran “Flecha”. Pero más podía el imaginario contracultural que la autoestima. Romero continuaba frecuentando conciertos y lugares de reunión en pos de una total aceptación que nunca llegó. Un punk entre los punks. Aquel 2 de junio, en otra jornada de protesta, diferentes procedencias coincidieron en el espacio de distensión contra el enemigo común que proporcionaba la barricada ucevista. Por adrenalina o convicción Flecha era uno de los tirapiedras del día. Un policía metropolitano de la cuarta, al igual que los guardias nacionales de la quinta, apuntó su escopeta de perdigones con el objetivo de causar el mayor daño posible. El cartucho alcanzó a “Flecha” en el cuello. Ese día ocho estudiantes más fueron heridos por balas y perdigones. Romero falleció dos días después en el hospital.

Holiday in Cambodia

José Gregorio Romero es  parte de la lista de estudiantes asesinados por la policía en las protestas de la década de los 90´s. Su nombre apareció en los informes de Amnistía Internacional de la época sobre la violación de derechos humanos en Venezuela. Cuenta la tradición oral que la familia Romero era participante activa del naciente movimiento bolivariano, por lo que el funeral del joven fue homogeneizado por los promotores del “árbol de las tres raíces”.  Los punks presentes cantaron repetidamente una canción de la Polla Records: “Mis colegas quedan tirados por el camino, cuántos más van a quedar cuánto viviremos cuánto tiempo moriremos en esta absurda derrota sin final”. Replicantes para todo, los punks no siguieron la tradición martirológica cristiana propia de la izquierda local y los actos en su reivindicación fueron de corto aliento. Algunos grafittis el primer año (“Flecha, tu muerte será vengada”), la portada del fanzine rajatavlero “Caracas, resiste y ataka” y una canción compuesta por la banda anarco-ucevista “Oktavo Pasajero” y poco más. Un año después, el 3 de junio de 1993, no hubo protesta en su nombre ni ninguna flor en el sitio donde fue impactado por aquel perdigón mortal. Los homenajes serían para otros: Belinda Álvarez, Gónzalo Jaurena, Sergio Rodríguez… Ningún policía fue culpado o sentenciado por el asesinato del punk. El olvido la tuvo fácil. Que yo sepa, en todos estos años nadie ha encendido una vela por José Gregorio Romero, “Flecha”. White riot, i wanna riot, White riot, a riot of my own.

Publicado en Contrapunto.com

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