Audiencias en la Comisión

 

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Columna de Provea en Correo del caroní redactada por Rafael Uzcátegui

La semana pasada se realizó el 149º período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en la ciudad de Washington, donde Venezuela participó con tres audiencias. Esta jornada se realizó en la ciudad sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), pues esta instancia forma parte del llamado Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos (SIDH), uno de los mecanismos internacionales para garantizar la dignidad de hombres y mujeres, que como recordaremos tienen rango constitucional.

Las audiencias de Venezuela trataron sobre tres temas: Situación general de los derechos humanos en el país; Independencia del poder judicial venezolano y, por último, situación de la libertad de expresión. Esta instancia es entendida como espacio para la conciliación y el diálogo entre las víctimas y los Estados. Sin embargo, el gobierno venezolano no lo entiende así. El ánimo con que acuden los funcionarios es el de la descalificación y los ataques. Los tres funcionarios que representaron al país en esta oportunidad fueron tres: Germán Saltrón, Luis Britto García y Luis Damiani. Saltrón argumentaba que Venezuela era el país del mundo donde más se respetaban los derechos humanos. Por su parte Damiani señalaba que eran infundadas las acusaciones sobre el funcionamiento parcializado del sistema de justicia en el país. Luis Britto García, a su vez, refutó las afirmaciones acerca de obstáculos al ejercicio al derecho a la libertad de expresión. Los tribunos estatales entienden su participación como un ejercicio de oratoria incendiaria. Britto García, como reseñaron los diferentes medios de comunicación, reiteró que Venezuela no recibiría las visitas de los observadores internacionales: “¡No al turismo de derechos humanos”, exclamó en el cenit de su discurso.

Como se recordará Venezuela se retiró de las competencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), que también es parte sustancial del SIDH. Sin embargo aún puede ser observada por la Comisión, quien puede generar informes sobre la situación del país, con recomendaciones a los gobiernos para revertir situaciones, así como solicitar medidas cautelares para personas cuya vida e integridad se encuentran en inminente riesgo. Ante la falta de canales de interlocución del gobierno, estas audiencias se han convertido para nuestro país en el único espacio donde se puede tener algún tipo de feedback con representantes oficiales. La dinámica es completamente diferente en las audiencias de los otros países. Tuvimos la oportunidad de escuchar la audiencia sobre la situación de las mujeres indígenas en Nicaragua y el vocero gubernamental, defendiendo sus posiciones, declaraba que tomaría nota de las observaciones realizadas por las organizaciones y víctimas presentes en la sala.
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Otro país en el páramo

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Rafael Uzcátegui

Un reciente viaje por, como diría el poeta de Chachopo a Apartaderos, nos reveló un país con menos deterioro que el resto. Incluso, salvo algunos productos puntuales, con menor grado de desabastecimiento. En Mucuchíes abastos y mercados ofrecían, además de la Pan, dos o tres marcas locales adicionales de harina precocida. Si bien había problemas la situación política y económica no había alcanzado el dramatismo del resto del país. Con varios conocidos, también recurrentes de la cordillera merideña, hemos coincidido en que la cultura del trabajo instalada históricamente entre la población “gocha”, la inexistencia de recursos energéticos, cuya una de sus consecuencias es la cultura rentística, y la débil intervención del Estado se han conjugado para que la economía y las relaciones sociales de esa parte del país sean mucho más saludables que la del resto. La gente está acostumbrada a trabajar la tierra, incluso en condiciones climáticas y geográficas hostiles, estableciendo sus propias redes de distribución e intercambio de productos. Si el gobierno de turno otorga créditos y beneficios para el agro en la zona, muy bueno, algunos los aprovecharán. Pero si no hay elecciones y la intervención estatal es mínima, los campesinos seguirán labrando la tierra como lo aprendieron de sus padres y abuelos. En segundo término la idiosincrasia andina ha generado suficientes anticuerpos para resistir los antivalores del mal-gobierno (y por las evidencias todos lo son). El apego a la religiosidad, básicamente cristiana, es la expresión visible del apego a una serie de principios para la vida que nos recuerdan las lecciones de Durkheim sobre la importancia de los ritos y símbolos espirituales para la sociabilidad. Las anécdotas abundan, y nos hablan de una región del país que sigue siendo amable y cortés con las visitas, solidaria con los necesitados y cuyo referente de superación sigue siendo el esfuerzo propio. Es decir, lo que hasta hace algunos años asegurábamos –ya no- que era el alma de la venezolanidad.

La ausencia de “Cheverito” era palpable: monumentos como la iglesia de piedra de San Rafael de Mucuchíes se cuidaban solos. Quizás por esa inexistencia era que el turismo, comparándolo con otros destinos, seguía funcionando. Las muestras de las intervenciones gubernamentales recientes han sido lamentables. Por ejemplo las casas de plástico, “Petrocasas”, intermitentemente esparcidas en la carretera trasandina, genialidad de algún burócrata caraqueño, o los conjuntos residenciales de la Misión Vivienda que resuelven un problema, el déficit habitacional, a costa de crear otro: ponerse de espaldas a la arquitectura tradicional andina, que hace rato debió haberse declarado patrimonio cultural de la nación. Los profetas del desastre deberían visitar el páramo: hay un país, silente, del cual el resto tendríamos bastante que aprender. @fanzinero

 

El deseado renacimiento verde

rafael_cvRafael Uzcátegui

Desde finales de los ochentas y comienzos de los noventas el movimiento ecologista venezolano se había fortalecido y expandido por todo el país. Decenas de grupos, organizaciones y redes, a diferentes niveles, tenían una agenda de reivindicaciones amplia que en ocasiones confluía para incidir en temas de interés general. Cuando internet daba sus primeros pasos y no era muy conocida la teoría organizacional de redes, ya los grupos ecologistas habían tejido su propia telaraña de relaciones. Fruto de ello fue la organización en red “Unión Nacional Ecológica Social” (UNES), de la cual Jorge Padrón (hoy al frente de la organización Chunikai) fue uno de sus voceros.

De esta manera el movimiento verde criollo protagonizó luchas importantes en el país. En el año 1992 confluyó en una marcha nacional hacia Caracas para presionar por su propuesta de aprobar una Ley Penal del Ambiente, que finalmente fue legislada por las autoridades significando un triunfo para los ambientalistas. Años más tarde, en tiempos de Caldera II, de nuevo los amantes de la naturaleza se movilizaron, mediante diferentes estrategias, para detener la apertura de minas y extracción maderera en la selva de Imataca, norte del estado Bolívar, que por decisión gubernamental había sido eliminada de la figura de “reserva forestal”.

Por supuesto, no era un movimiento perfecto y había sus tensiones internas, lo que era natural dada la diversidad de tendencias que lo conformaban, desde ambientalistas light contentos con recoger basura de las playas y promover el reciclaje de desperdicios, pasando por todo el arcoiris ecologista y llegando a los partidarios de la liberación animal, aguerridos detractores de las corridas de toros y peleas de gallos. Sin embargo, de manera autónoma habían logrado crearse espacios de encuentro, una identidad común y mínimamente un discurso compartido, por lo que si la coyuntura lo ameritaba, podían acordar estrategias colectivas.

La llegada al poder de Hugo Chávez, paradójicamente, acabó con el movimiento. La defensa de los pemones que habían derribado torres eléctricas en rechazo al proyecto del Tendido al Brasil, en 1999, fue la última de sus peleas. La nueva Constitución y el recambio burocrático generaron expectativas dentro de los activistas. Algunos pasaron a la nómina gubernamental. Seguidamente, como ocurrió con el resto de los movimientos sociales, la polarización política fragmentó y neutralizó lo que había sido un tejido con amplia capacidad de convocatoria.

Como enseñanza nos queda que el problema no es que los activistas tengan su preferencia política partidista, sino que esta no debe eclipsar su agenda de reivindicaciones. Hoy, tras la disminución de funciones del Ministerio del Ambiente, la refundación de un movimiento ecologista, con una propuesta propia de país, es una necesidad. Incluso un pensamiento auténticamente ambiental despartidizado puede ser un aporte importante en la también ineludible despolarización de la sociedad venezolana. Proponemos uno de los temas: La Venezuela más allá del petróleo. (Publicado en el diario 2001)