La impostura “revolucionaria”

Rafael Uzcátegui

En estos días, como ha sido la costumbre en los últimos años por estas fechas, parte del bolivarianismo inicia una cruzada contra lo que ellos denominan “el consumismo de fin de año”. Seremos claros desde el principio: Una campaña que teniendo sentido en los países del llamado “Primer Mundo”, debido a sus altos niveles de ingreso y demanda, es una impostura burocrática y autoritaria en países como Venezuela. Hace algunos diciembres atrás escuchamos por primera vez las argumentaciones endógenas sobre el asunto. Lo paradójico, en esas contradicciones que forman parte intrínseca del llamado “proceso”, el vocero sobre la esencia capitalista de las fiestas de fines de año, en aquel programa de Venezolana de Televisión era Roberto Malaver, uno de los llamados “robertos”, creativo publicitario durante la década de los 90´s de varias reconocidas agencias de publicidad del país. Así que era precisamente el autor intelectual de varias de las campañas de mercadeo más exitosas en la Cuarta República quien pontificaba sobre la malignidad de lo que denominaba “compras impulsivas” de finales de año.

En Estados Unidos y Europa la gente puede comprar lo que quiera durante los 365 días del año. Sin embargo, en países como los nuestros, la gente común y corriente utiliza sus utilidades de finales de año para adquirir lo que no ha podido en los once meses restantes. Un presupuesto popular promedio, en años anteriores, destinaba un pedazo para darle un cariñito al hogar, otra parte para vestimenta, una más para regalos y lo que quede para los insumos de las festividades. Aunque este año, con crisis económica y alta inflación, los aguinaldos no darán para tanto.

La soberbia “revolucionaria” trata de imponer a los demás una moralidad falsa y descontextualizada. La esencia totalitaria de la idea del “hombre nuevo” radicaba en obligar a toda la humanidad, a perder su identidad y diversidad, para asumir el discutible martirologio cristiano de Ernesto Guevara: O eres como yo o eres un enemigo a exterminar. Teniendo mi ética particular, no soy nadie para imponérsela por la coerción a los demás. Entre nosotros, no obstante, los promotores de ese raro ascetismo son aquellos que arriesgaron poco o nada antes de 1998, y cuyo estatus de clase media fue proporcionado por la renta petrolera que hizo posible la institucionalización de la otrora izquierda insurgente criolla. Los que se aprovecharon de los mecanismos de ascenso social creados por el pacto de Punto Fijo, la universidad pública, y hoy, bajo la lógica de los conversos, intentan convencer que la historia de Venezuela comenzó en 1999. Esa izquierda que consumía, para repetir acríticamente, los eslóganes de otras realidades y cuyo auditorio hoy se lo deben a la lealtad al caudillismo del Siglo XXI y no por un esfuerzo intelectual o material propio. Esos, que teniéndolo todo, tuitean #bajaledosalconsumismo a los que hacen largas colas para intentar alargar sus menguados ingresos. (Publicado en Tal Cual)

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