Nodos & Redes: Motilones contra Rockefeller

Rafael Uzcátegui

Después de Simón Bolívar, el petróleo constituye el segundo mito fundacional de la sociedad venezolana. ¿Alguien lo duda? Junto a la figura ecuestre del Libertador, o los bustos repartidos en toda la geografía patria, debería estar la figura inmutable de Arturo Uslar Pietri, alrededor de cuya frase “Sembrar el petróleo” orbitan todos los proyectos políticos de la modernidad en este rincón del Caribe. Si usted revisa todas las propuestas del espectro político, desde la izquierda insurgente armada hasta la centroderecha, todas parten de la idea que somos un país rico en minerales e hidrocarburos, para desde allí construir su propuesta para lo que consideran desarrollo y progreso nacional: Los rojos con mayor participación del Estado, mientras que el resto arriman el hombro hacia la empresa privada. Tenemos petróleo, hay que sacarlo de la tierra y venderlo, punto. En esto coinciden el plan de la patria madurista o la propuesta temática de Leopoldo López.

Es quizás por este pacto de caballeros, no escrito, que los relatos que contradicen esta forma de pensar han sido silenciados, y por cayapa. La historia, escrita por los vencedores de la extracción energética, ha relegado al fondo del baúl del olvido la guerra que los antiguos motilones, los indígenas barí, declararon contra las empresas petroleras durante por lo menos 40 años en la frontera colombo-venezolana. Y por lo poco que se sabe, en varias ocasiones lograron que campamentos petroleros huyeran en estampida bajo el asedio de las flechas.

Hijos de la piña

En su libro “Relatos de la selva resplandeciente” (1998) Javier Iván Añandón rememora la tradición oral que explica el origen de los barí: “Sabashseba al sentirse acompañado por la naturaleza, probó la tierra cosechando piñas, yucas, plátanos, frutas de diferentes gustos. Unos días después decidió recorrer lo cultivado, al estar rodeado de piñas amarillas y tomando una de ellas, la partió en pedazos iguales; al observar las partes vio de ellas parejas sonrientes meciendose en chinchorros. Por segunda vez, escogió una de las piñas enormes, y para probarla la volvió a partir en pedazos iguales; inesperadamente observó cantidades de familias alegres y les dijo: “Ustedes hijos, creados de la piña amarilla se llamaran barí”. Sabashseba al ver la sonrisa de sus criaturas les volvió a decir: “Seres queridos de esta bella tierra, renacerán, heredaran familias, se multiplicaran y regresaran al cielo para estar junto a sus hermanos”.

La guerra del fin del mundo

Carlos Augusto Salazar, en uno de los pocos textos disponibles en internet sobre la resistencia barí a las petroleras, divide en 3 los períodos del enfrentamiento entre ambos: 1900-1930, inicio de la exploración tres períodos: el primero, entre 1900-1930, marca el inicio de la exploración y primeras explotaciones petroleras, y por ende el inicio de la resistencia Barí; 1931-1960, intervención de las empresas y los gobiernos de Estados Unidos, Colombia y Venezuela para establecer los yacimientos y doblegar el rechazo aborigen y 1961-1975, los Barí buscan acuerdos con los gobiernos y las misiones religiosas, tras la victoria de las petroleras.

De lado zuliano las empresas que comenzaron la explotación energética fueron la Royal Dutch-Shell y Standard Oil Company, esta última del mismísimo Rockefeller. Desde 1920 Shell intentaba establecer un campamento en los alrededores del rio Santa Ana, intento que era saboteado insistentemente por los indígenas, hasta que se logró instalar un área de perforación que llamaron “Buena Esperanza”. Johnny Alberto Alarcón, en un texto publicado en el boletín antropológico de la ULA, nos relata al respecto: “En 1924 se logra construir el ferrocarril y, además, rehicieron y construyeron varios caminos. Este campamento tuvo una duración de cuatro años hasta que fue abandonado debido a los repetidos ataques de los bari. El campamento y los reconocimientos de la zona en lancha eran atacados por los indígenas en repetidas oportunidades”. Para 1926 Buena Esperanza había sido desmantelada y sus equipos devueltos a Maracaibo. Además de los trabajadores muertos por las flechas indígenas, la Shell perdió una cifra estimada de 1.070.764 dólares. Ese año un segundo pozo, Pebi 1 de Standard Oil, era abandonado por el asedio aborigen.

La respuesta de las compañías no se hizo esperar. Según los relatos todos los trabajadores fueron armados para realizar sus labores y se organizaron expediciones de mercenarios para la caza del indio. Esta labor era completada con la quema de la selva y la contaminación de ríos aledaños a las comunidades originarias. Las escaramuzas continuaron. Alfredo Jahn, en su texto “Los aborígenes de Venezuela” editado en 1973 por Monte Avila relata: “Aprovechando una noche tempestuosa lograron algunos indios atravesar las alambradas que rodean el campamento principal de la Colon Development Company (subsidiaria de la Shell), y acercándose a una de las casas, después de recorrer un espacio completamente despejado de unos cien metros, flecharon al maestro talador americano Smith, quien se hallaba leyendo en una silla de extensión, de espaldas a la ventana”. La estrategia de la guerra de guerillas, atacar y dispersarse, fue desarrollada por los Barí décadas antes de la Sierra Maestra.

A partir de 1930 del lado colombiano el ejército bombardeó las comunidades previo a la instalación de los campamentos petroleros. De lado venezolano no hay registros de cómo terminó el enfrentamiento. Las misiones religiosas realizaron el trabajo de retaguardia, la asimilación de los barí a la cultura occidental. Luego serían un actor clave para lograr la rendición de los últimos pueblos indígenas en resistencia.

Salazar hizo un inventario de los resultados para el lado indígena: La población Barí pasó de 2.500 habitantes en 1910 a 800 en 1960, significando una reducción de cerca del 70%. En el mismo período el despojo forzado de sus tierras representó la disminución de su territorio en 11.900 km2, al pasar de un área inicial en 1900 de 16.000 km2 a 5.100 km2 en 1960. A su juicio “Es evidente que el genocidio Barí no se explica sólo por la guerra sino también por el cercamiento territorial que los privaba de las fuentes de recursos y de sus condiciones básicas de movilidad y reproducción cultural. Este genocidio creció al ritmo de la exploración y explotación petrolera: a mayor explotación más muertes Barí”.

La recuperación de esta historia es, sin duda, una tarea pendiente. En lo personal, lo suficientemente interesante como insumo principal para un guion de una serie de televisión de HBO o History Chanel: Indígenas contra Rockefeller. (Publicado en Contrapunto.com)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s