Transición

Maduro-saluda-presidenteRafael Uzcátegui

El Ejecutivo intenta criminalizar cualquier afirmación que sugiera la posibilidad de una futura pérdida del poder, en consonancia con una lógica –la revolucionaria- que no cree en la posibilidad de la alternancia en el ejercicio gubernamental. La más reciente incorporación a los términos políticamente incorrectos ha sido la palabra “transición”. Algunos científicos sociales, mucho antes del acuerdo público promovido por sectores opositores, hemos calificado lo que sucede en Venezuela como la transición del “chavismo” a un momento de la historia del país, cuyo sentido aun se encuentra en formación, bajo el nombre de “postchavismo”. Esto bajo el entendido que la desaparición física de Hugo Chávez divide la historia reciente del país en dos momentos: Antes y después de la muerte del “zurdo de Sabaneta”.

Cualquier cosa que uno entienda como “proceso bolivariano” debe reconocer que orbitó en torno al culto a la personalidad de quien, favorecido por uno de los canales de ascenso social institucionalizados por el puntofijismo –las Fuerzas Armadas- insurgió en 1992 contra el sistema democrático, revelando la crisis de gobernabilidad instalada en el país que fue, circunstancialmente resuelta, con la renovación burocrática y discursiva estatal en 1998. A partir de ese momento el país se organizó a favor y en contra de Hugo Chávez. Bajo el eufemismo del proceso se vigorizó un proceso de personalización del poder y de la militarización de la vida pública. Sin un corpus ideológico y programático coherente y continuado en el tiempo, la dirección del “Socialismo del Siglo XXI” sólo estaba en la cabeza de su líder, quien había opacado y descabezado los liderazgos intermedios en su propio movimiento y sólo permitía ser rodeado por incondicionales. Al desaparecer el caudillo no sólo se ausentaba el símbolo y la dirección del proyecto, sino el nodo central de una red de dispares amparados bajo el paraguas bolivariano.

Por lo anterior todo lo que conocimos entre 1999 y el 2013 se encuentra en transformación, con algunas continuidades, pero con cambios originados por la conducción “colegiada” de una manera de gobernabilidad que sólo era posible por la ascendencia de una persona. Además, el agudizamiento de la crisis económica introduce elementos que eran desconocidos durante los días en vida de Hugo Chávez, como una alta inflación y la necesidad de implementar, por cuentagotas, una serie de medidas que impactarán negativamente en la capacidad adquisitiva de los venezolanos. Hemos insistido que esta transición a otra cosa, a un escenario postchavista, entre otras cosas significará el fin de la hegemonía política del poder por parte de los chavismos, debido a la necesidad pragmática, para continuar conservando parcelas de control, de abrir espacios de negociación y concertación. Sin duda, este escenario no es lineal y tendrá, como fecha álgida, la posibilidad de activar un referendo revocatorio presidencial. Lo cierto es que el modelo de gobernabilidad, ante la ausencia de lo que fue su principal referente, tiene y está cambiando, y hay que estar atentos a los contornos de esta modificación, en donde incidirá la actuación de los actores en este preciso momento en que usted está leyendo este texto. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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