Nodos y Redes: Ecosabotaje: De la Gran Sabana a los Alpes suizos

Marco_Camenish

Rafael Uzcátegui

En plena euforia producto del más tajante recambio burocrático que Venezuela había experimentado desde 1958 y la aprobación de una nueva Constitución, un Hugo Chávez presidente llegó, el 17 de marzo de 2000, a la comunidad de San José, municipio Sifontes estado Bolívar, para una reunión con diferentes comunidades de la etnia pemón. La intención del nuevo presidente venezolano era recibir de los indígenas la aprobación del proyecto de construir, a través de sus territorios, un tendido eléctrico al Brasil. Sorpresivamente, para él, el auditorio se negó a firmar el documento propuesto. Había entonces que hacer, lo que los “criollos” llaman, estrategia política de convencimiento. Chávez ordenó la conformación de una “Comisión mixta”, que generó una declaración titulada “Puntos de entendimiento entre el Ejecutivo Nacional y las Comunidades Indígenas del estado Bolívar para la prosecución de la obra de Sistema de Transmisión de Energía Eléctrica al Sureste de Venezuela”. Si aceptaban el tendido, argumentó el nuevo poder, habría prosperidad para los pemones. Las promesas surtieron efecto, y apenas poco más de un mes después, capitanes generales pemones reunidos en la comunidad de Kumarakapau aceptaron apoyar el proyecto. Todas, menos tres. Las comunidades de San Rafael de Kamoirán, San Juan y Mapaurí insistían en la negativa: “Como antes, como siempre, nos quieren cambiar el oro por espejitos, nuestra tradición indígena por el tendido eléctrico al Brasil”, expresaron Silviano Castro, Melchor Flores, Cleto Ramírez y Darío Castro, caciques de las comunidades reticentes. El 18 de mayo una delegación de 60 indígenas viajó desde la Gran Sabana para protestar frente a la Asamblea Nacional en Caracas, en tiempos en que aún no era una “zona de seguridad”. El Estado comenzó a sembrar torres eléctricas a través de la Gran Sabana. El 14 de septiembre 7 torres del tendido, a 150 kilómetros de Santa Elena de Uairén, amanecieron derribadas.

La reacción inicial de Hugo Chávez fue furiosa: “El proyecto es una necesidad geopolítica, no se puede detener por intereses foráneos” declaró. Con los indígenas el caudillo de Sabaneta comenzó con al discurso que adjudica la indignación “al largo brazo del imperialismo”: “Sectores de mucho peso fuera del país quieren paralizar el proyecto, aferrándose a un ecologismo puro que viene del norte, que después de destruir medio mundo ahora vienen a decir que no destrocen el pulmón vegetal”. La zona fue militarizada. El 30 de diciembre un pemón de 22 años, Juan Ramón Lezama, fue brutalmente golpeado por los uniformados que intentaban saber “quienes son los indios que tumban torres”. Etapöntök Rö Etömo: Las comunidades pemonas en resistencia cerraron la carretera como protesta. El 21 de marzo del 2001 el glorioso ejército libertador venezolano los dispersó con bombas lacrimógenas y perdigones. Varios indígenas fueron detenidos y privados de libertad en el V Batallón de Infantería de Ciudad Bolívar. Los futuros próceres del “ecosocialismo” guardaban silencio. A pesar de las protestas el 13 de agosto, con la presencia de los presidentes de Brasil y Cuba, Hugo Chávez inauguró el Tendido Eléctrico. Los futuros próceres del ecosocialismo aplaudieron a rabiar a Lula y a Fidel.

Un suizo que parece pemón

Marco Camenish no es pemón, sino suizo, pero también derriba torres de electricidad para protestar contra proyectos de desarrollo industrial. Hoy se encuentra prisionero en una cárcel de Zúrich por sus sabotajes ecológicos. Desde 1970 Marco es ecologista y anarquista, formando parte del movimiento europeo contra la energía nuclear. En 1980 es detenido, por primera vez, por sabotear una central eléctrica y una torre de energía. A pesar que sólo hubo daños materiales fue condenado a 10 años de cárcel. Un año después participa en una fuga con otras 5 personas, en la que es asesinado un guardia de un disparo. Durante diez años vive en clandestinidad, entre las montañas de Carrara y Turín, en la que labora en una cooperativa de anarquistas que poseían una imprenta. En 1991 un grupo de carabineros italianos lo detiene, en medio de un tiroteo, del que un policía y el propio Marco resultaron heridos. En su juicio, Camenish declara: “Soy un pastor, campesino y cazador de los Alpes, víctima de un genocidio realizado por los mismos enemigos que durante siglos destruyeron mi tierra, en forma de multinacionales del átomo, de explotación hidroeléctrica, turística, del militarismo y de sus emplazamientos de armas con la polución radioactiva, química e industrial. Al tomar conciencia de mi condición de explotado y expropiado, llegué al extremo de mi tentativa de liberación e intenté contribuir a la defensa y a la liberación de este maravilloso planeta. No soy ningún criminal. No soy peligroso para la sociedad, no soy un ecoterrorista, más bien, al contrario, estos calificativos deben aplicarse al Estado y a sus patronos”. Fue condenado a 12 años de prisión por asalto y sabotaje de conexiones eléctricas. Tres cuartos de su prisión en Italia fue destinado al confinamiento solitario. En el 2002 fue extraditado a Suiza y recluído en una prisión en Zúrich, en donde realiza huelgas de hambre para mejorar sus condiciones de privación de libertad. En 2004 es sentenciado a 17 años más, esta vez por el asesinato del guardia de prisión Kurt Moser, a pesar que Camenish no fue el autor de los disparos. Posteriormente la pena es reducida a 8 años, por lo que debería salir en libertad condicional en el año 2018.

Las leyes de prisión suizas establecen que cada año deben hacerle exámenes para determinar si es merecedor de beneficios procesales que acorten su condena. Los psiquiatras han determinado que las ideas de Marco “promueven la delincuencia” por lo que, a menos que reniegue de ellas y del contacto con sus compañeros y compañeras fuera de los muros de la prisión, no podría obtener ninguna disminución de sus años de cárcel. Marco se ha negado a ello.

Marco Camenish supo del derribamiento de las torres del tendido eléctrico en la Gran Sabana por cartas enviadas por venezolanos. En aquel momento, un invisible cordón umbilical unió los tepuyes con los Alpes suizos. (Publicado en Contrapunto.com)

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