Prefigurar el mañana

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Rafael Uzcátegui

A estas alturas es claro afirmar que el socialismo bolivariano realmente existente, el que ha ejercido el poder en la última década y media, ha sido para muchas personas la hipoteca del mañana por el presente más inmediato. El detalle es que esa contemporaneidad se limitó a la campaña electoral y el voto por el o los “candidatos de la patria”, pues eso de la democracia representativa y protagónica quedó suspendido para el tiempo después de las elecciones. Y como elecciones había todos los años, la épica bolivariana se redujo a la permanente movilización electoral, al remedo de la batalla de Santa Inés, a la “victoria perfecta”.

Sin embargo, después del movimientismo del socialismo del Siglo XXI está la vida.  En un escenario signado por la crisis de las ideologías, en el mundo se discute sobre cómo transformar el mundo, para bien, sin repetir los errores del pasado. Por ahora, las indignaciones efervescentes, potenciadas por los dispositivos personales de telecomunicación, han tomado la batuta. Coaliciones ad hoc, con propuestas fragmentadas, que si bien no reivindican las ideologías rupturistas del pasado, son revolucionarias es la voluntad de romper dispositivos de dominación concretos y situados, en su esfuerzo para bloquear el poder en sus múltiples manifestaciones, y en la acción para crear espacios ajenos a los valores y modos de vida inducidos por el capitalismo de Estado y Mercado.

Esta última constante se le ha denominado “política prefigurativa”, es decir actuar y vivir hoy según los valores que se reivindican para el mañana. Si se demanda más democracia, las formas organizativas usadas deben ser lo más democráticas posibles. Si se cuestiona la discriminación, los modos políticos deben ser inclusivos y tolerantes por naturaleza. Esto parece elemental, pero lo cierto es que el siglo XX estuvo dominado por la racionalidad de la justificación de los medios por los fines, el camino empedrado al infierno con supuestas buenas intenciones de la cual el bolivarianismo venezolano es una de sus últimas expresiones.

Los fines deben estar incluidos en los medios repitieron, sin oídos receptivos, los rebeldes derrotados por el estalinismo en todas sus variantes. Hoy, cuando todas las revoluciones han incumplido sus promesas de redención reaparecen los referentes vilipendiados por la historia. Lo que uno quiere para mañana debe empezar a construirse hoy. La hora de las bayonetas está llegando, afortunadamente, a su fin. También, la de los chantajes unitarios.

El tejido asociativo, cooperativo y solidario de base, en estos momentos de transición, debe empezar a enredarse de nuevo. Llegará un tiempo, de eso estemos seguros, en que nos burlaremos de los días en que, ajenos a la política de prefiguración, se intentó llegar a la democracia participativa y protagónica por el atajo del culto a la personalidad y la fidelidad de cuartel militar. (Publicado en Tal Cual)

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