¿Aires de rebelión en la militancia roja?

Rafael Uzcátegui

En el pasado foro “Testimonios del activismo” realizado en el Centro de Cultura Chacao, en el marco del 25avo Festival de Nuevas Bandas, una de las intervenciones del público trataba sobre la crisis de representación del ciudadano de a pie respecto a los partidos políticos de lado y lado. Aquella reflexión nos permite compartir aquí la siguiente hipótesis: Si en el 2014 fuimos testigos de la contestación de la base opositora respecto a sus partidos, después de diciembre de 2015 seremos testigos del mismo fenómeno del lado bolivariano.

Para explicarnos traeré a colación un dato difundido en otro reciente conversatorio, “Análisis de Coyuntura Económica de Venezuela” organizado por Espacio Público, en el que el politólogo John Magdaleno describía como, por primera vez, las encuestas daban al grupo no oficialista una mayor intención de voto que al tinglado chavista, por un aproximadamente 20% de diferencia. Sin embargo, esos mismos sondeos de opinión revelaban como ante la pregunta sobre la identificación partidista el PSUV y los partidos de oposición tenían casi la misma proporción (19,9% y 21% respectivamente), mientras que la gente que no sentía afinidad con ellos, y se declaraba “independiente” representaba el 53,9% de la muestra.
A nuestro juicio esta crisis de sintonía entre la gente y los partidos se catalizó a partir de la desaparición física de Hugo Chávez, el referente sobre el que orbitó, a favor y en contra, el quehacer político de década y media. Aunque habría que advertir que el fenómeno de los llamados “Ni-Ni” siempre apareció cuantificado bajo los años de reinado del barinés. Del lado de los opositores la asincronía de las bases con su dirigencia se expresó tras las elecciones de alcaldes en diciembre de 2013, las cuales fueron perdidas en los términos en que sus líderes las plantearon: Un referendo plebiscitario sobre la popularidad del Ejecutivo. El asesinato de la actriz Mónica Spear detonó la indignación contenida ante los silencios y abiertamente se desacató la línea sostenida por la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática, la noche del 12 de febrero tras los primeros asesinatos de manifestantes, de realizar un “luto por 3 días” sin actividades públicas. A pesar del llamado a la desmovilización, la gente permaneció en la calle. Las protestas masivas y descentralizadas fueron parcialmente capitalizadas por un sector opositor, nucleado en la llamada “Salida”. Sin embargo, guste o no guste, la relación entre las bases opositoras y los partidos políticos cambió desde esa fecha.

Creemos que un fenómeno similar ocurrirá en el universo bolivariano después de las próximas elecciones parlamentarias: Expresiones abiertas de descontento de sus bases con el liderazgo partidario, una exasperación que si bien existe hoy ha sido contenida por el chantaje de la guerra económica y la conspiración galáctica contra Venezuela. Las perspectivas, en este sentido, son de las más interesantes de los últimos años. @fanzinero (Publicado en Tal Cual)

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