En defensa del bachaqueo

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Rafael Uzcátegui

El título es provocador. Al igual que usted, sufro por las colas, el desabastecimiento y la inflación. La intención es, no obstante, complejizar una discusión secuestrada por los lugares comunes.

Se ha dicho que la raíz de los problemas son decisiones en materia económica que han devastado la producción local a favor de la importación. La dolarización y la crisis generan oferta insuficiente para la alta demanda. Primer semestre de economía: Bienes escasos aumentan de precios. A todos los niveles la depreciación del poder adquisitivo de los salario seduce y estimula a la reventa. Sin embargo, sin resolver los problemas de fondo, se señala como responsable del descalabro al eslabón más débil de la cadena: Los bachaqueros -para ponerles un adjetivo- minoristas. Aquí es donde queremos incordiar.

Matemáticamente tienen mayor cuota de responsabilidad el bachaqueo “mayorista”. Los camiones, barcos y aviones con productos a precio regulado no pudieran circular sin el tutelaje e impunidad de altos funcionarios civiles, policiales y militares. Sin embargo, de esto no se dice nada. Incluso la “guerra contra el bachaqueo”, siempre al minorista, interesa especialmente a los latifundistas del contrabando pues teóricamente aumenta sus costos de operación y, con ello, el PVP final de los productos. Lo sucedido en Sinamaica puede leerse como la rebelión de los minoristas contra los capos del bachaqueo.

El bachaquero minorista oxigena la incapacidad estatal al generar expectativas sobre el acceso a los productos, a precio más costoso. Sin saberlo, opera como mecanismo disciplinador para los futuros aumentos de precios en el contexto del “paquete”: Entre la ausencia o el precio alto la gente termina decantándose por lo último. Incluso permite a los economistas cuantificar el “costo” de madrugar, hacer cola e humillaciones varias.

Como dirían mis amigos marxistas, la crítica al bachaquero minorista –el “guajiro”, el “colombiano”, el “marginal”- se hace desde una perspectiva de clase, que el gobierno alienta y manipula. Tan ilícito, según esta racionalidad, es quien accede a dólares a 10 para venderlos a 600 Bs. Sin embargo los más virulentos críticos del “bachaqueo” compran y venden dólares, en un mercado que sienten entre pares, con total naturalidad. Incluso defendiéndolo como un “derecho”. Debo decirlo, aquí hay una moral a conveniencia.

Pocas personas se resisten hoy a la tentación de comprar barato y vender especulativamente. Quien se encuentra en un sitio donde colocan a la venta productos a precio regulado, cuyo valor se multiplica por 4 ó 5 al salir de la tienda, con seguridad lo adquirirá aunque no lo necesite. Por diferentes razones estas mismas personas no bachaquearán productos de consumo masivo, pero saben que quien lo hace gana bastante más que su remuneración en un trabajo formal. En el fondo la virulencia antibachaquera es una crítica contra los bajos salarios, pero canalizada equivocadamente, para alegría del poder, quien matiza así sus responsabilidades. @fanzinero (Publicado en el Semanario Tal Cual)

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