Humano Derecho: Rock contra la xenofobia + entrevista a Ipys Venezuela

RSF_instagram

Emisión dedicada 100% al rock colombiano para alejar los aires de xenofobia y vacilar con buena música hecha en Colombia.

@MelanioBar y @Fanzinero presentan los temas “Pregunta a Nadie” de la banda El Globo, “Perro Viejo” de la agrupación Los Arboles y “Mechanical Animal” de Koyi-K-Utho porque el racismo y la xenofobia son un mal tripeo, hay que dejarlo claro: #NoALaXenofobia.

También en esta emisión participa la periodista Mariengracia Chirinos (@mariengracia) representante de Ipys Venezuela, quien hace un balance sobre el estado de la libertad de expresión y el acceso a la información en el país.

Señala Chirinos en su intervención que “en los últimos cinco años se han venido recrudeciendo agresiones contra periodistas y medios de comunicación y se ha instaurado un panorama de censura que impone una situación de silencio en el que cada vez prevalece el miedo y el temor de informar. Es una situación que limita ya a las propias fuentes con casos de persecuciones, procedimientos judiciales y amenazas”.

La aridez de la solidaridad vertical

EvangelicosProtestaRafael Uzcátegui

El pasado 4 de agosto alrededor de 1500 personas evangélicas marcharon en Caracas para expresar su rechazo a la posibilidad que se legalizara el matrimonio entre personas del mismo sexo. La movilización, que llegó hasta la sede de la Asamblea Nacional, entregó 153 mil firmas para avalar la opinión de este sector contra lo que consideran “una aberración satánica”. A pocas cuadras de llegar a su destino, un puñado de activistas por la diversidad sexual, integrantes del universo bolivariano, realizaban una menguada contramanifestación. Estos promotores de la diversidad sexual habían alcanzado notoriedad en los últimos años, bajo el paraguas del Socialismo del siglo XXI. Días después, el 10 de agosto, informaban que las dos personas que habían postulado, por el llamado “poder popular”, a las candidaturas del PSUV a las elecciones de diputados y diputadas, habían sido excluidas de la fórmula electoral oficial. “Nosotros aquí en el PSUV perdimos una batalla contra la Homofobia” expresó Rummie Quintero, una de las que no logró su aspiración a optar por un curul en la Asamblea. Una cosa fue consecuencia de la otra. El partido socialista oficial, dado los números, se decantaba por no espantar los votos de la comunidad religiosa ante la inminencia de la cita del 6-D.

Lo sucedido con el sector GLBT del PSUV es, a nuestro juicio, un avance de lo que pasará con los movimientos sociales del país en momentos de transición postchavista. A pesar que el PSUV ya había dado muestras de un apoyo instrumentalizado a la causa gay, la diversidad chavista intentó durante varios años ganarse un espacio propio, dentro del movimiento bolivariano, con los dudosos méritos de ser activos agentes descalificadores de los GLBT que se identificaban con la oposición. Es decir, antes que mantener vínculos con los sectores que, con sus diferencias y particularidades, podían hacer causa común en las reivindicaciones contra la cultura homofóbica, la sexodiversidad roja apostó a la estrategia de criminalizarlos y arrimarse al árbol que, en el resto del mundo, no da sombra al activismo gay: Los militares. Como decía el barinés supremo: Quien tenga ojos que vea. Bajo esa extraña estrategia no lograron incidir en las políticas públicas que beneficiarían a su comunidad, ni siquiera en decisiones que están tomando el resto de países de la región. Y de ñapa, con un tejido asociativo severamente fracturado por una agenda polarizada impuesta, hay que decirlo todo, por la heterosexualidad cupular dominante. Porque no era con los militares o estalinistas que debían promover los cambios culturales necesarios para acabar con el estigma de su manera de ser y amar, sino con sus pares. Esos mismos que atacaron con tanta vehemencia en la última década.

Variantes de esta situación ocurrirán con otros sectores (pro-indígenas, ecologistas, defensores de derechos humanos, cooperativistas, rockeros, etc) que, bajo la lógica polarizada –falsa y estéril como hemos insistido antes- prefirieron dinamitar las relaciones con los más próximos para optar, equivocadamente, por la solidaridad vertical y ciega con el poder. @fanzinero

Le Pen en Caracas

552568600245a

Rafael Uzcátegui

La intensidad del clima de xenofobia experimentado entre nosotros a raíz del inicio del llamado “Operativo de Liberación del Pueblo” recuerda, amargamente, que tras 15 años de “revolución” son escasos los cambios culturales, sociales y políticos promovidos por el universo bolivariano.
El sentimiento anti-colombiano no es un invento del “Socialismo del siglo XXI”. Cualquiera mayor de 30 años puede recordar como los comentarios despectivos, ínfulas de superioridad y deslices chauvinistas al respecto eran moneda corriente en los días de la llamada “Cuarta República”. También los procedimientos de deportación exprés que ponían a los oriundos del “hermano país” de patitas en Cúcuta o Maicao. Se suponía que la llegada de algo anunciado como “revolución” dejaría atrás estas bajas pasiones, y que los militantes del “legado” predicarían con el ejemplo haber sido fabricados con un cemento de mayor calidad que el resto de los mortales. La realidad, sin embargo, desmiente estas pretensiones.

Ejemplos abundan en las redes sociales, pero queremos citar el que nos parece más paradigmático. El pasado 21 de agosto, tras la petición televisiva de los canales estatales de difundir mensajes con la etiqueta oficial, uno de los entusiastas fue Heisler Vaamonde, quien a través de su Facebook escribió, cito literalmente: “#YoApoyoElCierreDeLaFrontera y si se puede, que queden del lado de allá todx colombianx parásito y lo que nos ha traído han sido usos y costumbres propias de su relaciones aberrantes tras largo tiempo de guerra en su territorio… esa cultura nos está haciendo daño y debemos salvaguardar nuestra identidad nacional cuidando qué nos enseñan los extranjeros”. Aunque pareciera no son los pensamientos de un extraviado seguidor de Jean-Marie Le Pen en Caracas, sino del fundador del “Movimiento Gay Revolucionario” y vocero del “Bloque Unido de Liberación Homosexual”, dos de las iniciativas que desde la diversidad sexual han apoyado al proceso bolivariano. Toda una metáfora de los días que corren que quien ha denunciado la discriminación por su orientación sexual promueva la exclusión xenofóbica con argumentos sacados del propio Opus Dei: “Usos y costumbres propias de sus relaciones aberrantes”.

El punto es que el problema no es Vaamonde sino que los movimientos sociales, que tanto se vanagloria el chavismo como su base de apoyo, muestran las costuras de haber sido creados desde el Estado sin una agenda ni una identidad propia, generada libre y autónomamente. Quien revolucione a los revolucionarios del chavismo buen revolucionador será. Y en esto coincidimos con quienes piensan que no son los gobiernos, sino las transformaciones culturales generadas por el impacto del tejido cooperativo y asociativo creado por la gente, desde abajo, los que promueven cambios duraderos en los imaginarios colectivos.

Por ahora la xenofobia anticolombiana azuzada por el gobierno de Maduro pica y se extiende. Sería interesante saber que opinan, al respecto, las iniciativas y activistas del otro lado del Puente Internacional Francisco de Paula Santander que tanto han apoyado al gobierno bolivariano.

El oficio del defensor

ReuniOndedefensoresRafael Uzcátegui

Recientemente, en la ciudad de Caracas, se realizó un encuentro nacional de defensores independientes de derechos humanos, motorizado por la organización Civilis, el cual contó con la participación de 90 personas de 30 iniciativas de 13 estados del país. Dentro del segmento de intervenciones del primer día, nos tocó hacer algunos comentarios sobre lo que significa el oficio del defensor o defensora de derechos humanos.

Una persona posee diferentes roles en sociedad. En mi caso algunos son sociólogo, libertario, editor de publicaciones, tío, hermano, hijo, amante de la música y las series de televisión y, además, promotor de derechos humanos. Sin embargo, cuando uno se define como “defensor” esta debe ser la identidad privilegiada de forma permanente. No se es defensor en horario de oficina, y después no. Tampoco se es defensor en un momento del tiempo y, como un título nobiliario, se continúa siendo de manera vitalicia aunque no se defienda la dignidad de nadie más. Es por eso que el trabajo de defensor es tan exigente y difícil. No sólo por el tipo de situaciones que hay que enfrentar, sino porque la exigencia de los derechos de todos los demás, independientemente de lo que sean, de cómo sean y de cómo piensen, es un principio al que sólo se renuncia cuando se decide dejar de ser un defensor, y pasar a ser otra cosa.

Este valor tiene que ver con el principio de “universalidad” de los DDHH, relacionado con su origen, como los conocemos en el mundo contemporáneo. No es por casualidad que la Declaración Universal de los DDHH ocurriera al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando el horror de los campos de concentración nazis, las bombas atómicas y los gulags rusos obligaron a los gobiernos a asumir una serie de mínimos para los seres humanos, para intentar no repetir los errores de la historia. Hasta ese momento los conflictos sociales se basaban en cuál ideología era la “correcta”, y de cómo esta intentaba ser impuesta a quienes pensaban de otra manera. Los DDHH, entonces, establecieron el derecho a ser diferente –el derecho a pensar diferente a mí- y ser respetado y reconocido por ello. Los defensores entienden esta alteridad. Y exigen que las personas no sean abusadas por su “otredad”.

Como esto es así, los defensores están obligados a ser solidarios, incluso si la persona a la que se está lesionando su dignidad los han criminalizado, anteriormente, por su trabajo. Un miembro de un partido puede mirar para otro lado cuando los abusos ocurren dentro de otro gremio, pero los defensores no. Defensor de DDHH es una identidad que supone una visión del mundo, pero también un lenguaje para comunicarse, que entre otras cosas se nutre de las propias luchas históricas que han logrado las conquistas plasmadas en los Pactos y Acuerdos internacionales en la materia.

Además de la identidad, para un defensor o defensora lo más importante de su trabajo son los beneficiarios y beneficiarias de su acción, las víctimas de violación a DDHH. Siendo tan humanos como el resto, los defensores podrían sucumbir a las veleidades de los egos o el apetito por el reconocimiento público. También a la burocratización. La utopía de un defensor es una sociedad donde no haya víctimas. Donde los defensores no sean necesarios.

El oficio del defensor es un trabajo a medias entre el conocimiento técnico especializado y el activismo, en un equilibrio entre ambas que en ocasiones es frágil y precario. Necesita de la formación permanente en las herramientas jurídicas y conceptuales que mejoren su capacidad de ayudar a otros, y de ampliar los horizontes de los derechos reconocidos a nuevas fronteras. Pero a su vez estar con la gente beneficiaria de su acción, ayudándolos a que sean protagonistas de su proceso de exigencia de derechos. Por ello, un defensor debe imprimirle un sentido pedagógico a su accionar y a sus comunicaciones, traduciendo el lenguaje enrevesado de derechos en conocimiento comprensible y atractivo para las grandes audiencias.

El contexto en que los defensores han venido realizando su trabajo esta transformándose en este mismo momento. La globalización, el impacto de las tecnologías de comunicación y las redes sociales, las formas organizativas efímeras y flexibles, las propias necesidades, referentes y deseos de la sociedad son muy diferentes a los de la época de los 80´s, cuando en América Latina, y en la propia Venezuela, comenzaron a aparecer los primeros defensores. Con humildad debemos entender estos cambios, así como tener la posibilidad de dialogar y aprender del nuevo tipo de activismo propio de la generación digital de hoy.

Por último este oficio debe realizarse de manera generosa. La defensa de los DDHH es como una fiesta a la que queremos invitar a la mayor cantidad de gente posible. La propia definición de Naciones Unidas establece que un defensor es cualquier persona que asume el resguardo de los derechos de otra. Sin celos ni parcelas que cuidar, mientras más defensores existan, mientras nuestra comunidad sea más grande, serán mayores las barreras contra el abuso de poder y la humillación.

(*) Coordinador General de Provea
@fanzinero

Humano Derecho con Prissila Solórzano

priscila

Séptimo “Humano Derecho” con Prissila Solórzano (@PrissilaEvans), coordinadora de la Red LGBTI de Amnistía Internacional- Venezuela, quien habla desde su experiencia como mujer transexual sobre la situación de este grupo social en el país y cómo afronta las fobias asociadas y la exclusión.
La falta de oportunidades como una de las causas de la discriminación lleva a las personas transgénero a ganarse la vida ejerciendo trabajos sexuales y limitando sus posibilidades de estudio en la educación superior.
El carácter humano es el que debe prevalecer por encima de cualquier condición sexual o de género, ese es el mensaje de este “Humano Derecho”, que conduce @MelanioBar bajo los acordes de Agnostic Front con “A mi Manera”, el girl power de Kittie en “Brackish” y el grupo punk H2O con “Nothing to prove”.
Con nueva aplicación para Android, descárgala!!